El día grande del Bando de La Magdalena: fervor, legado y emoción compartida

Llanes se viste de clavel rojo para honrar a su Santa en una jornada de reencuentros, danzas, y devoción transmitida de generación en generación.

Tiempo de lectura: 3 minutos
Los Vivas a la Magdalena y a la calle Mayor fueron constantes a lo largo de toda la mañana en Llanes. | Xuan Cueto

Llanes vivió una de las jornadas más intensas, emotivas y simbólicas de su calendario festivo: el día grande del Bando de La Magdalena. Una fecha que trasciende lo celebratorio para convertirse en un acto que aúna fe colectiva, una identidad cultural profunda y mucha unión familiar.

Tras la vibrante noche de la Hoguera, desde primera hora de la mañana, con la tradicional salva de cohetes, la villa despertaba con expectación y alegría. Vestidos con sus trajes tradicionales y el clavel rojo en la solapa —símbolo de pasión y devoción hacia la Santa—, centenares de porruanos y llaniscas inundaban las calles con un mismo propósito: rendir homenaje a Santa María Magdalena y perpetuar el legado del Bando.

A las diez, la Banda de Música de San Martín del Rey Aurelio era recibida en la estación de autobuses por una comitiva del bando, y desde allí comenzaba el pasacalles a los sones del pasodoble “El Magdaleno”, anunciando que la fiesta había comenzado. Poco después, la imagen de la Santa era trasladada desde su capilla hasta la Basílica, acompañada por un cortejo formado por generaciones enteras de familias que, año tras año, regresan a Llanes desde distintos puntos de España e incluso desde el extranjero para no faltar a la cita.

La Misa Solemne, uno de los momentos más emotivos y sentidos del día, estuvo llena de fieles.

La liturgia culminó con una de las piezas más emotivas del repertorio: Ruega por nos, María Magdalena, himno exclusivo del bando interpretado al ritmo de panderetas, donde se implora a la Santa que no abandone a su pueblo.

A continuación, la imagen recorrió en procesión las calles del casco antiguo en un trayecto por el barrio de La Magdalena.

El ritmo de los tambores y panderetas, tocados con emoción, marcaron el paso de la imagen, rodeada de claveles.

La mañana continuó con el esperado Festival Folclórico, en el Muelle, a cargo de los miembros del Bando, donde se interpretaron piezas tradicionales y exclusivas como La Jota de la Magdalena, La Enredadera, La Habanera, y el Pericote llanisco, entre otros. Los más pequeños del Bando desplegaron dotes y soltura en su actuación, acaparando los aplausos del numeroso público congregado.

La Danza de San Joaquín —variante local de la Danza Prima— marcó el final del bloque matinal, tal y como manda la tradición.

Finalizado el Festival Folclórico, llegó el tiempo de reunirse alrededor de la mesa y buscar cobijo al calor que apretaba a esas horas. El día lució espléndido.

Por la tarde, tras las comidas, la Banda ofrece un concierto donde también suenan composiciones propias del Bando. Luego, comienza la romería en el Muelle, instalando un ambiente festivo que se mantiene hasta el anochecer, momento en el que la Danza Prima vuelve a recorrer el corazón del pueblo hasta la capilla: un acto final muy emotivo.

El día concluye con una gran verbena, celebrando entre bailes, sonrisas y encuentros el día más grande para los madalenudos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio