El guardián del tiempo: el texu de Bodes y la memoria de un valle sagrado

Esta historia va de un árbol especial, de una pequeña capilla, de un valle a los pies del Sueve, de alguien llamado Bovecio… Esta historia va de memoria

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Texu y capilla de Santa Marina. | Xuan Cueto

En Parres, al cobijo de la Sierra del Sueve, el pequeño valle de Bodes guarda una historia que se remonta casi dos milenios. Mucho antes de que se alzaran templos o cruces, en este valle ya se veneraba la eternidad. Hoy, junto a la capilla de Santa Marina, sobrevive un texu centenario: último guardián vivo de esa memoria ancestral.

La estela de Bovecio

«Monumento erigido a los dioses Manes. Bovecio, hijo de Bodecio, de la tribu de los orgenomescos, del clan Pembelorum, muerto a los 55 años».

Estas palabras (traducidas del latín), talladas en piedra caliza, nos transportan al siglo III d.C. en tiempos de ocupación romana, cuando el valle de Bodes ya era un lugar sagrado. La lápida funeraria de Bovecio se levantaba exactamente donde hoy se encuentran el texu y la capilla de Santa Marina.

La estela fue identificada como monumento funerario al descubrirse reutilizada como sillar en la iglesia de Santo Tomás de Collía, a poco más de un kilómetro del valle. Hoy podemos observarla en el Museo Arqueológico de Asturias.

Estela de Bovecio en el Museo Arqueológico de Asturias. | Xuan Cueto

No es un caso aislado: en San Xuan de Beleñu apareció otra lápida romana reutilizada también en la iglesia, y además con hojas de texu grabadas a los lados. Ese símbolo conecta pasado y presente, igual que el texu de Santa Marina, que se mantiene como el último guardián vivo de siglos de historia en Parres.

Lápida de Lucius Septimius hallada en San Xuan de Beleñu en la que se pueden observar las hojas de texu en su extremo lateral. Expuesta en elMuseo Arqueológico de Asturias. | Xuan Cueto

Cada rama y cicatriz del texu recuerda que no se trata solo de un árbol: es la memoria viva del valle, el vínculo entre Bovecio, los templos medievales y la vida cotidiana de generaciones; es la muestra en vida de lo que en Beleñu se grabó en piedra. Perderlo sería cerrar de golpe un capítulo que comenzó hace casi dos mil años.

Xuan Cueto

La cristianización

Más tarde, con la llegada del cristianismo, el enclave astur-romano se transforma: las costumbres funerarias se cristianizan y se construye un templo primitivo sobre el antiguo lugar sagrado.

Siguiendo la estrategia de los romanos los templos cristianos a menudo se levantaban sobre espacios sagrados anteriores, integrando su fuerza simbólica en los nuevos edificios y conservando la memoria de generaciones. En Bodes, la capilla de Santa Marina —humilde pero con un aire trascendente— podría ser la heredera de ese templo primitivo.

Tal vez entonces, o incluso antes, un texu —el árbol de la eternidad para los pueblos astures— ya habitaba ese lugar. O quizá, cuando aquel primer ejemplar envejeció o cayó, alguien plantó otro en su lugar, perpetuando el gesto ancestral de custodiar la memoria y señalar el lugar sagrado bajo sus ramas. El texu de Bodes, con un perímetro de unos 3,4 metros y unos 13 metros de altura, podría rondar los cuatro o cinco siglos de vida. Sea cual sea su edad exacta, es un testigo vivo del tránsito entre lo pagano y lo cristiano, un guardián entre mundos.

La iglesia de Santo Tomás y la nueva carretera

Durante siglos, Santa Marina fue probablemente la parroquia principal del entorno. Pero los caminos cambian el destino de los lugares: con la apertura de nuevos trazados —especialmente las mejoras de la carretera AS-260, la del Fitu—, el antiguo paso de el Escobiu de la Soleyera cayó en desuso. Y con él el camino real que unía Arriondas con Lastres y que pasaba junto a lo que hoy es la capilla de Santa Marina, como documenta la tesis de Pedro Pisa sobre los caminos reales en Asturias.

Pequeño puente de época romana en el antiguo camino real, en la ruta histórica hacia Santa Marina. | Xuan Cueto

Con la apertura de la carretera, piedra y templo se trasladan juntos hacia la nueva ruta: la iglesia de Santo Tomás de Collía recoge elementos del templo cristiano primitivo, incluida la estela de Bovecio, que posiblemente ya estuviera integrada en el primitivo templo cristiano de Bodes.

Nuestra investigación sugiere que este traslado no fue fortuito: piedras y monumentos se movieron para mantener viva la memoria del lugar sagrado en el nuevo camino, preservando siglos de historia. Algunas volutas conservadas en la espadaña de Santo Tomás podrían ser restos de la cornisa del templo original, integradas en la nueva construcción.

Volutas de la espadaña de la iglesia de Santo Tomás, posibles restos del antiguo templo de Bodes. | Xuan Cueto

Este desplazamiento de elementos sagrados no fue un caso aislado. En Barros (Cantabria), la estela conocida como La Rueda de la Virgen motivó primero la construcción de un templo en el lugar donde se halló y, más tarde, fue trasladada junto con la ermita al nuevo trazado cuando se construyó la carretera moderna. Lo que sucedió en Bodes sigue la misma lógica: el enclave ancestral se cristianiza mediante la construcción de un templo y, con el paso de los siglos, tanto la piedra como el edificio se trasladan juntos para conservar la memoria del lugar sagrado.

La capilla de Santa Marina: preservando la memoria ancestral

Mientras tanto, junto al lugar original, se mantiene la capilla de Santa Marina, asegurando que el enclave primigenio nunca se abandone por completo, y el texu sigue siendo su guardián vivo.

Xuan Cueto

El último testigo verde

Mucho antes de la llegada de Roma, el texu era un árbol de significado central para los astures: antiguos escritores romanos como Silio Itálico, relataban que los guerreros portaban semillas de texu para suicidarse si eran capturados, o que los druidas utilizaban varas de texu en sus ritos. Para ellos, este árbol simbolizaba la unión entre dos mundos, y la presencia del árbol vivo en Bodes refuerza la profundidad histórica de este enclave. Mucho antes de los ritos romanos o de los templos cristianos, piedra y naturaleza se unían para conservar la memoria de los antepasados.

Antes de los templos, los pueblos antiguos se reunían en torno a los árboles sagrados. | Imagen generada con IA.

Hoy el texu de Bodes resiste en soledad. Su tronco, partido en dos, muestra las cicatrices del tiempo; muchas ramas permanecen secas y su verdor —antes símbolo de eternidad— se ha vuelto escaso. Aun así, sigue figurando en el inventario de los 59 tejos más longevos de Asturias y es el único superviviente de los cinco de los que se tenía constancia en Parres.

Xuan Cueto

Este enclave, apartado y casi invisible, queda fuera de rutas turísticas o antiguos caminos comerciales. José Ramón Rueda, vecino de la zona, recuerda que no hace mucho el texu «ya mostraba algún signo de deterioro, aunque nada alarmante», pero reconoce que su situación actual no le sorprende: al quedar apartado del paso y junto a un camino casi en desuso, pueden pasar semanas o meses sin que nadie lo vea. Esa invisibilidad hace que cualquier cambio en su salud pase desapercibido hasta que el daño es evidente.

Texu y capilla de Santa Marina. | Xuan Cueto

Un patrimonio que necesita escucha

Perder el texu sería algo más que la muerte de un árbol viejo: sería romper el hilo que une la memoria de los astures, el nombre de Bovecio, la fe medieval y la vida cotidiana rural. En él confluyen todas las edades de un mismo lugar sagrado. Ojalá, como otros tejos monumentales de Asturias que han recibido restauración y cuidado, el de Bodes vuelva a florecer, devolviendo al valle su voz verde y antigua.

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