«Sabemos más de Nueva York que de esa quintana a un kilómetro de donde vivimos que se quedó abandonada. Y eso da pena»

Jandro Llaneza y Mario Rodríguez Polo | Director y guionista de ‘Cases’

Tiempo de lectura: 11 minutos

En apenas doce minutos ‘Cases’ cuenta todas y cada una de las realidades que han situado a los pueblos en su encrucijada actual, desde la emigración a la represión de la dictadura, la tendencia de marchar para estudiar y prosperar, las disputas por las herencias, el enorme trabajo de mantener y reparar una casa, la llegada de nuevos habitantes, el alza de los precios…  

Lo cuenta de una forma brutalmente honesta, sin rastro de concesiones a discursos bucólicos o proyecciones a un futuro utópico.  

Detrás de ese corto están el fotógrafo y nuevo cineasta Jandro Llaneza y el antropólogo Mario Rodríguez Polo, una dupla que se lanzó a la aventura de rodar sin más pretensiones que contar la realidad del medio rural asturiano, en el que viven y trabajan.  

Con un presupuesto meramente «humano» y como si se tratase de una «sextaferia», tirando de talento local y colaboradores que creyeron en el proyecto, armaron un corto que se acaba de alzar con el premio de distribución Laboral Cinemateca Cortos de la sección Asturies Curtiumetraxes en el 63 Festival Internacional de Cine de Xixón (FICX).

— El corto nace de otro trabajo que hacéis juntos para una exposición muy distinta al enfoque que abordáis en ‘Cases’. 

Jandro: Estábamos trabajando en ese otro proyecto, ‘Faciendo Pueblu’, pasábamos tiempos juntos, hablábamos un montón y salió la idea del abandono de los pueblos. Mario dijo ‘pues molaba hacer esta historia’, y fue en plan bonzo. Nos pusimos y la hicimos en los huecos que nos dejó la vida. 

Mario Rodríguez Polo y Jandro Llaneza junto a una de las casas de su corto, en Piloña. | Gloria Pomarada

— El contraste es fuerte porque esa exposición en la que trabajabais juntos era sobre gente que está emprendiendo, viniendo a vivir a los pueblos… Y encontráis esa otra realidad, la de las casas vacías.   

— Jandro: Es que la tienes presente, es un paisaje bastante común. La cosa es que en el otro trabajo mirábamos hacia las alternativas de futuro, pero por todas partes estaba ese pasado. Son historias que no son especialmente positivas, que son duras o que son traumáticas, o que de alguna forma su desenlace es el cierre del pueblo.  Yo me fijo bastante y las encuentro, fotográficamente siempre me llamó la atención la ruina. 

— Estéticamente en la ruina hay cierta belleza y eso en el corto se nota tanto en la imagen como en el guion, que tiene un aire poético. 

— Jandro: La parte del guion, la manera en la que está planteado, que es como muy coloquial, sí que tiene un ritmo. También la traducción al asturiano, que da una sonoridad, y la labor de quien puso la voz, de Arantza Margolles, que dio ese toque, esa intención de que fuera una lectura.  

La historia se cuenta frente a un retrato. Las casas realmente son retratos, estás mirando una cara, esa es conceptualmente la idea.   

«Las casas realmente son retratos, estás mirando una cara»

— ¿Por eso el plano fijo? 

— Jandro: Por eso un plano fijo, de ver una cara, ver un retrato y mantener ahí la mirada escuchando la historia de esa casa. Es un poco como que la casa te cuenta su historia.   

Mario: Las historias, aunque son ficticias, están hechas de retazos reales escuchados en el trabajo de campo, forman una especie de collage. Son frases que yo en el trabajo escucho y que cuando monto en el coche escribo en el cuaderno y luego voy acomodando en sus distintos lugares.  

— Son historias muy universales, al menos para cualquiera que viva o conozca los pueblos.   

— Jandro: Son historias realmente comunes. Ninguna de esas historias me resulta ajena. Las conozco todas en diferentes sitios o en diferentes circunstancias y creo que en el rural todo el mundo ve eso cercano. 

Mario: Desde mi perspectiva era importante trabajar con temas comunes en la sociología de la antropología moderna. O sea, trabajar con migración, con género, con factores económicos, con especulación… Lo que creo que tiene fuerza es haber colocado esa mirada, esas herramientas que utilizamos para explicar Nueva York o Berlín, en una aldea, mirando desde los ojos de la persona que vivía en la casa y que la cierra. 

Por un lado, nos situamos en un margen de márgenes, pero utilizamos todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición para comprenderlo y para comunicarlo. Y creo que esa combinación lo hace un relato contemporáneo. 

El denominador común verdaderamente es que, si vamos dos, tres generaciones atrás, todas nuestras familias están ligadas más o menos a un pueblo y la mayoría marcharon. Por el estigma o por esa tendencia a mirar siempre hacia adelante, hacia el progreso desde esa mirada tan urbanocentrista, se nos olvida cómo narrar y contar las historias que son de nuestras propias familias. Una vez que las escuchas, pues claro, te apelan. 

«Si vamos dos, tres generaciones atrás, todas nuestras familias están ligadas más o menos a un pueblo y la mayoría marcharon»

— ¿Cómo creéis que van a recibir el mensaje los dos tipos de público del corto, el rural y el urbanita?   

— Mario: Hubo un ejercicio de intentar pensar por qué nos situábamos allí y cómo. El corto empieza con un ruido que es un ruido de ciudad, urbano, como vivo, y de repente cae en el silencio de este lugar. Ese diálogo está ahí.  

Sí nos sorprendió que en la Laboral muchos cortos que se presentaron eran rurales, estaban ambientados en la aldea. Sin duda ahora hay un fenómeno de fijarse en lo rural o de poner la etiqueta. 

Nos ha sorprendido porque no pensábamos que fuese tendencia ni mucho menos. Nosotros partimos más de habitar ese rural, trabajamos mucho con esa idea de que la mirada parta y mire hacia el rural.  Creo que al mirar al rural a veces hay algo de exotización. Hemos intentado limpiar mucho, huir de ello. 

«Al mirar al rural a veces hay algo de exotización. Hemos intentado limpiar mucho, huir de ello»

— Al contrario, en ‘Cases’ sois brutalmente honestos.

— Jandro: Partes de la idea de que sea honesto y sin artificios. Huimos de una imagen postalera. 

Vinimos a grabar tres veces, realmente. Y la buena fue la primera. Empezaba el verano, era un día de grises, estaba orpinando… Para el concepto que había, que era hacer un retrato, fotográficamente esa luz difusa es la mejor que hay. Reflejaba todas las arrugas de un rostro y también todas las grietas de una casa. No hay sombras duras, se ve todo el detalle. 

Era un día sin viento también. No había apenas movimiento. Había una hierbina que se movía un poco, pero no diferencias muy bien si estás viendo una foto fija o una imagen fija. Te da tiempo a mirar a la cara a esa casa y escuchar su historia. Es como cuando hablas a alguien y te está contando su historia mirándote. 

El corto está grabado en una quintana del concejo de Piloña, integrada por inmuebles abandonados que evidencian los distintos usos y estratos. | Gloria Pomarada

— Tratáis muchos temas, como la emigración, la represión de la posguerra, el éxodo a las ciudades, la especulación… ¿Cómo fue la selección?   

— Mario: Un poco complicado porque no es un proyecto que haya surgido. Es un corto que aprovecha el trabajo de campo hecho durante años al estar habitando y trabajando en las zonas rurales. 

Las categorías surgen más intentando comprender por qué se abandonan las casas que intentando ver cómo hacer el corto. El corto llega después.  

También es un material que es incómodo trabajar porque son traumas, cosas que la gente no quiere contar porque son heridas. El corto te da un soporte un poco más de ficción, una proyección más artística. Te lleva a esas historias universales y las puedes despersonalizar en cierto modo. 

Es la casa la que personifica lo que a lo mejor para una persona sería una exposición. Como víctima o como persona implicada sería muy duro tener a los protagonistas mirándote a la cara como te miran las casas contándote esa historia. 

El corto está ordenado en una línea de tiempo de principios del siglo XX hasta nuestros días y las historias van solapándose. Algunas abarcan más tiempo, otras menos. Por ejemplo, la migración abarca desde la migración de finales del siglo XIX hasta los años 70 del siglo XX y la especulación se centra sobre todo en las últimas décadas. 

«Está contado desde un pueblo del oriente, pero puede ser un pueblo del occidente, un pueblo de la cuenca, del centro o un pueblo de Castilla»

 ¿Cuál creéis que es el valor de explicar de una forma tan concreta el abandono de los pueblos? 

—Jandro: Yo creo que realmente en doce minutos que dura el corto contamos siete historias y abrimos siete melones. No desarrollamos ninguna, pero tiene sentido contarlas todas juntas para entender por qué esos pueblos se están quedando abandonados aquí en Asturias y en otros lados. Está contado desde un pueblo del oriente, pero puede ser un pueblo del occidente, un pueblo de la cuenca, del centro o un pueblo de Castilla. 

Mario: Yo creo que es importante como ejercicio de reflexión, simplemente. Normalmente funcionamos en piloto automático, pillamos las olas que nos vienen y luego de repente nos sorprendemos de que ha pasado algo como eso, que los pueblos se quedasen vacíos.  

Salir de una quintana que está abandonada, donde nadie sabe realmente por qué la gente se fue, a de repente proyectarse en la Laboral explicando los motivos, pues ahí hay un ejercicio de traslación que puede ser interesante.  

«La gente todo lo que contamos lo sabe. Igual no se ha puesto tanto en la piel de alguien o no se ha parado a pensar, pero sabe la historia»

— Y después de este ejercicio de honestidad, ¿ha cambiado cómo miráis al futuro de los pueblos? 

— Jandro: No, yo creo que era una mirada que estaba ahí. 

Mario: Simplemente la contamos, no cambió nada. Yo creo que estaba en nosotros y en todos los participantes e interlocutores. 

La gente todo lo que contamos lo sabe. Igual no se ha puesto tanto en la piel de alguien o no se ha parado a pensar, pero sabe la historia de que a su tío le pasó, o a su vecina, o a la de dos puertas más abajo.  

Lo que pasa es que normalmente las narrativas o los discursos no se construyen desde los márgenes. Sabemos más de Nueva York que de esa quintana a un kilómetro de donde vivimos que se quedó abandonada. Y eso da un poco de pena. 

Guionista y director junto a una de las viviendas retratadas en ‘Cases’. | Gloria Pomarada

— Si repitieseis el corto dentro de por ejemplo cincuenta años, ¿qué historia creéis que se añadiría?   

— Jandro: Siempre es medio fatal mirar a futuro. Según está el panorama, en cincuenta años esto es como una ruleta rusa. No sabes los cambios que va a haber. Seguramente van a ser muchos. Climáticamente ya ves cómo se está poniendo la cosa y yo creo que ahora en Asturias está habiendo un movimiento de refugio climático grande, aunque sea por paranoia. Y está subiendo la especulación, están subiendo los alquileres. La vivienda va a ser un problema y puede que pase un poco como de donde yo vengo, de la cuenca, que cuando vino todo Dios a trabajar en la mina, pues las casas se hacían por donde se podía, por los colgantes.  

Supongo que si sigue este rumbo, pues se vuelva al rural y los pueblos se vuelvan a habitar, pero ¿de qué manera? La vida que había antes en el rural, de mantener el entorno, el equilibrio, los animales; esa forma de vivir también se está yendo. Entonces, sin esa forma de vivir, sin ese entorno mantenido, sin ese cuidado, tampoco se puede vivir. 

Mario: Dentro de cincuenta años otro futuro va a existir, eso es seguro. La cuestión es hacia qué lado empujas y hacia dónde vas. Dependerá del cotidiano que se genere en ese equilibrio del que habla Jandro, que ahora a priori parece tan extremadamente complejo. 

Llegamos a una especie de civilización campesina que vemos morir y entramos en un escenario en el que todas las piezas siguen estando, pero faltan estos agentes que las ponían en un orden lógico. ¿Qué orden viene? Yo creo que ahí la pregunta es cómo queremos que sea el rural dentro de esos cincuenta años o qué rural vamos a construir. 

Si se hace sin reflexión, pues es un problema. Si conseguimos ser participantes y que el rural sea el protagonista de los cambios, pues probablemente tenga algo más de lógica. 

«¿Qué orden viene? Ahí la pregunta es cómo queremos que sea el rural dentro de esos cincuenta años»

— Después de este premio, ¿qué vida le espera al corto? 

—Jandro: Pues el corto recibió el premio en el FICX de la Cinemateca de la Laboral, que consiste en la distribución. Entonces, durante dos años, Cinemateca va a mover el corto, va a distribuirlo en festivales nacionales e internacionales. Ojalá vaya a la Cinemateca ambulante y rule por los pueblos porque ese era el alcance que teníamos pensado en un principio, intentar que se moviera por el rural. 

Mario: Sí, nosotros habíamos imaginado que ojalá lo pudiésemos ver en las casas de la cultura. Más que la Laboral, ese era verdaderamente el objetivo 

Jandro: Había evidentemente un objetivo de difusión cuando nos presentamos al FICX. El objetivo estaba, pero bueno, tampoco teníamos una expectativa ni alta ni baja. Fue una sorpresa haber ganado este premio. 

«No teníamos una expectativa ni alta ni baja. Fue una sorpresa haber ganado este premio»

 ¿Seguiréis colaborando en futuros proyectos? 

— Jandro: Nos dimos cuenta de que hacemos un buen combo. A mí me resulta muy interesante poner en mi cámara el objetivo de la antropología, la mirada de Mario, ver desde dónde ve él.  

Mario: Y desde el otro lado los canales de transmisión son un paper académico que tiene un recorrido, tiene unas dificultades propias. Entonces también esto es una vía de escape, una oportunidad diferente de comunicación. 

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