La Inmaculada Concepción brilla en Piñeres de Pría

Los ramos de invierno, esos que aprovechan lo que ofrece la estación, llamaron la atención con sus semillas y hojas de magnolio, bayas invernales, dátiles verdes y ramas de aloe vera

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La imagen de la Inmaculada Concepción procesionó por el pueblo llanisco. | Guillermo Fernández

Piñeres de Pría celebró en la mañana de este lunes el día grande de su fiesta en honor a la Inmaculada Concepción.

En pocos pueblos se aguarda el festejo vecinal con tanta emoción y entusiasmo, a pesar de que lo más habitual para el 8 de diciembre es que llueva, granice o haga frío.

En esta ocasión el tiempo resultó favorable, incluso caluroso, circunstancia que permitió sacar adelante los actos de forma excepcional y brillante. Me quedan otros cinco calificativos para adjudicárselos a los ramos: primorosos, espléndidos, excelentes, delicados y espectaculares. Se trataba de ramos de invierno, esos que aprovechan lo que ofrece la estación, y los de Piñeres de Pría llevaban bien distribuidas semillas y hojas de magnolio, bayas invernales, dátiles verdes y ramas de aloe vera en el cerquillo y los laterales.

A la una de la tarde, a la vera de una fuente centenaria, los romeros tenían cita en el barrio de Jogozalo. Desde allí arrancó el desfile folclórico camino a la capilla del Ángel. Iba por delante la banda de gaitas L’Alloru, llegada desde Balmori. Seguían los ramos de rosquillas dulces, una decena de niños y varones de porruano y una treintena de niñas y mozas enfundadas en el traje de aldeana llanisca.

Ellas se dejaban el alma entonando las tradicionales coplillas y lo hacían al acompasado ritmo de un tambor que tañía Covadonga Fernández Cueto. En la ermita del Ángel, de reducidas dimensiones, se celebró la eucaristía oficiada por el párroco de San Pedro de Pría, Domingo González. Tras la misa tuvo lugar la procesión, en recorrido circular, por las calles próximas al templo.

Los romeros tuvieron que desplazarse unos trescientos metros para presenciar el festival folclórico que cerraba los actos matinales. Acompañados de gaita y tambor los lugareños interpretaron el Xiringüelín, la jota de Leitariegos y el Saltón. Y acompañados por pandero y la voz de Marta Elola bailaron La Giraldilla de Malveo, los Sueltos de Trasmonte y el Pericote. Era un Pericote de dos triadas, formada una de ellas por Antón Mochales y las hermanas Cova y Marina Fernández, mientras que el jovencísimo Pedro Arduengo configuraba el otro trío con Sara Cueto y Mariana González.

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