Cangas de Onís es más que sus lugares emblemáticos. Es un destino para caminar despacio, escuchar el paisaje, saborear la cocina local y conectar con la naturaleza y la tradición en cualquier época del año, desde el valle del Sella hasta las alturas de los Picos de Europa
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Cangas de Onís es, para muchos viajeros, una puerta de entrada: a los Picos de Europa, a Covadonga, a algunos de los paisajes más fotografiados de Asturias.
Y es cierto. Su ubicación privilegiada en el oriente asturiano la sitúa muy cerca del Parque Natural de Ponga y a escasa distancia de la costa cantábrica, marcada por acantilados y playas con carácter.
Pero Cangas de Onís también puede ser algo muy distinto. Un destino para quedarse, especialmente fuera de temporada, cuando el bullicio del verano se apaga y el concejo se tiñe de ocres, blancos y grises suaves. Cuando el orbayu cae sin hacer ruido, los bosques huelen a tierra húmeda y leña, y los pueblos recuperan su pulso más auténtico.

Entonces, Cangas de Onís se convierte en un escenario perfecto para vivir el viaje a través de los sentidos: el gusto de una cocina honesta y reconfortante, el olor de los prados y los quesos, el tacto del aire frío en la montaña, el sonido del río, la vista de la niebla abrazando los valles.
Aquí el viaje no consiste solo en ver, sino en caminar, comer, respirar, escuchar. En descubrir que dentro de los límites del concejo caben senderos tranquilos, pueblos con historia, paisajes pausados y una gastronomía que habla de territorio. Porque viajar a Cangas de Onís no tiene por qué ser repetir lo que hacen todos: también puede ser sentirlo todo.
Bajo el lema ‘Cangas de Onís, haz que tenga sentido’, la campaña de FITUR 2026 propone una inmersión en la naturaleza, el paisanaje, el folclore, la gastronomía y el arte del concejo, alejándose del consumo acelerado del destino para reivindicar una forma de viajar más consciente. Un recorrido emocional que apela a escuchar, saborear, respirar y sentir Cangas de Onís en primera persona, conectando con lo esencial y con el disfrute pleno del momento.
Cuatro días en Cangas de Onís: qué ver, qué hacer y dónde comer
Día 1: Tras los pasos del rey Favila
La experiencia comienza en la ciudad de Cangas de Onís, punto de partida de los Senderos de la Reconquista, tres rutas señalizadas que combinan historia, paisaje y naturaleza. Para esta primera jornada, la Ruta del Rey Favila (R2) propone un recorrido circular de 16,8 km, sencillo y muy completo.
Antes de ponerse en marcha, conviene preparar la mochila con calzado adecuado, agua y algo de comida. En la propia ciudad no faltan opciones para abastecerse: empanadas, tortillas caseras, borona, quesos o repostería tradicional, ideales para disfrutar durante la caminata.
El sendero arranca junto al río Sella, en la Capilla de la Santa Cruz, y avanza entre álamos, fresnos y robles hasta alcanzar el Monasterio de San Pedro de Villanueva, Monumento Nacional y actual Parador de Turismo. Historia románica, arquitectura sobria y un entorno que invita a detenerse.

La ruta continúa hacia Llueves, pequeño núcleo rural donde la tradición sitúa la muerte del rey Favila a manos de un oso. Desde aquí, el camino asciende hasta el Pico del Arbolín, uno de los miradores naturales más reconocibles del concejo, con vistas a los Picos de Europa, los valles del Sella y del Güeña, e incluso la costa en días despejados.
El descenso conduce por Celango y Cardes, atravesando paisajes rurales y arquitectura tradicional hasta regresar a Cangas de Onís. El día se cierra de la mejor manera posible: una tabla de quesos con Gamonéu como protagonista, embutidos locales, platos tradicionales y sidra natural asturiana.
Día 2: Del mercáu tradicional a la Olla de San Vicente
La jornada comienza con uno de los rituales más auténticos del concejo: el mercáu dominical de Cangas de Onís, uno de los más concurridos de Asturias. Quesos artesanos, embutidos, productos de la huerta y pan recién hecho componen un festival de aromas y colores que despiertan los sentidos.

Tras el mercado, el viaje continúa hacia Tornín, muy cerca de la capital del concejo. Desde el Puente Dobra parte una de las rutas fluviales más bellas de Asturias, siguiendo el curso del río Dobra entre pozas cristalinas, pequeñas cascadas y vegetación cerrada.
El recorrido alcanza el Puente Vieyu, de origen romano, y avanza hasta la Olla de San Vicente, una poza de aguas turquesas considerada una de las joyas naturales del oriente asturiano. Fuera de temporada, el silencio y el murmullo del agua permiten disfrutar del entorno sin interferencias.

La jornada se completa con una comida en Tornín o en pueblos cercanos como Cañu, donde la cocina tradicional y los productos de proximidad siguen marcando el ritmo del territorio.
Día 3: Covadonga desde la Cruz de Priena
Covadonga es una visita imprescindible, pero también admite nuevas miradas. Muy cerca del santuario nace el sendero que asciende hasta la Cruz de Priena, un mirador a 725 metros de altitud que ofrece una perspectiva diferente del conjunto monumental y del Monte Auseva.
La ruta, bien señalizada y de dificultad moderada-baja, tiene unos 7 km ida y vuelta, con un desnivel aproximado de 500–600 metros. El ascenso discurre entre bosque y sendero de tierra, con panorámicas cada vez más amplias sobre Covadonga y su entorno.

En la cima, la cruz metálica marca un punto privilegiado para detenerse y contemplar los Picos de Europa en todo su esplendor. Tras el descenso, la gastronomía vuelve a ocupar un lugar central: fabada, carnes, quesos y postres caseros protagonizan las mesas del entorno.
La tarde transcurre sin prisa entre la Basílica, la Santa Cueva, el Pozón, la Fuente de los Siete Caños y los paseos junto al agua, en una combinación perfecta de historia, paisaje y espiritualidad.
Día 4: Lagos de Covadonga y Picos de Europa
El último día se dedica a una de las grandes estampas del norte peninsular: los Lagos de Covadonga, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. El acceso está regulado según la época del año mediante transporte lanzadera y taxis autorizados, un sistema pensado para proteger el entorno.

Antes de subir, una buena idea es preparar un picnic con productos locales: quesos, pan, embutidos y fruta de temporada. Una vez arriba, los lagos Enol y Ercina se abren como espejos de montaña, rodeados de praderas, formaciones rocosas y cumbres imponentes.
Para alejarse de los recorridos más transitados, el sendero PR-PNPE 5 conduce hacia Vegarredonda y el Pozu del Alemán, una tranquila majada con un pozo natural de aguas cristalinas, ligada a la figura de Roberto Frassinelli, gran divulgador de los Picos.

El día invita a caminar sin prisa, escuchar los cencerros, observar los cambios de luz y descender al atardecer con la sensación de haber vivido la montaña asturiana en primera persona.
Información práctica para planificar la visita a Cangas de Onís
Mejor época para viajar: Primavera y otoño son ideales por clima, colores y tranquilidad. El invierno ofrece una experiencia íntima, perfecta para gastronomía y paisaje.
Cómo llegar: Cangas de Onís está bien conectada por carretera desde Oviedo y Santander a través de la N-634. Existen buses frecuentes desde y hacia Oviedo.
Moverse por el concejo: El vehículo propio facilita el acceso a rutas y pueblos. En los Lagos de Covadonga, el acceso está limitado a buses y taxis durante gran parte del año, por lo que conviene informarse con antelación para reservar plaza.
Alojamiento: Hoteles con encanto, casas rurales y alojamientos tradicionales repartidos por todo el concejo, con mayor disponibilidad fuera de temporada.

Consejos útiles para el visitante
• Consultar estado de los accesos y restricciones a los Lagos de Covadonga.
• Llevar siempre calzado adecuado.
• Apostar por el producto local en mercados y restaurantes.
• Respetar el entorno y a sus habitantes.
¿Para quién es ideal esta experiencia en Cangas de Onís?
Este viaje es perfecto para quienes buscan naturaleza, gastronomía y calma, lejos del turismo acelerado. Ideal para amantes del senderismo tranquilo, del paisaje vivido con los sentidos y de los destinos con identidad.
Cangas de Onís encaja con viajeros que entienden el viaje como una experiencia completa: caminar, mirar, saborear y escuchar. Sin prisa. Con sentido.
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