Seis miradores sobre el mar con ermitas, faros y sorpresas en lo alto

Un recorrido por seis atalayas sobre el Cantábrico donde el paisaje marino se encuentra con la historia, la cultura y rincones inesperados, entre la costa y las montañas de Asturias

Tiempo de lectura: 9 minutos
Hórreo junto al acantilado en el campo de La Garita, en Cadavéu. | Gloria Pomarada

En los miradores de Asturias, a veces, la mayor sorpresa no está en el horizonte… sino justo donde se pisa.

Entre el mar y la montaña, la costa asturiana se eleva en una sucesión de acantilados que funcionan como balcones naturales con vistas privilegiadas al Cantábrico.

Desde lo alto de estas atalayas, el horizonte se dibuja infinito e imponente. Pero en algunos de estos miradores, la experiencia va más allá de la vista al frente: paseos históricos, ermitas marineras, esculturas monumentales, faros centenarios, hórreos o incluso un cementerio suspendido sobre el mar convierten el paisaje en un relato completo del lugar que los alberga.

De oriente a occidente, estos seis miradores no solo se asoman al Cantábrico. Lo sitúan en su contexto y permiten entender mejor la vida en Asturias.

Paseo de San Pedro (Llanes)

Durante siglos, este alto fue una auténtica atalaya de vigilancia. Desde aquí se oteaban desde ballenas a la llegada de barcos enemigos. En lo alto existió una ermita dedicada a San Pedro; y pese a que ya no existe, el nombre quedó ligado para siempre al lugar.

Paseo de San Pedro visto desde el aire, suspendido sobre la roca de los acantilados. | Turismo Llanes

En 1847, siguiendo la mentalidad urbanística del siglo XIX, Llanes convirtió esta atalaya natural en un paseo público. Hoy, el Paseo de San Pedro mantiene intacto ese espíritu: es mirador, espacio ciudadano y lugar cotidiano de esparcimiento. Vecinos y viajeros caminan sin prisa, con el mar al norte y la Sierra del Cuera al sur.

Desde aquí se reconocen los perfiles más emblemáticos de la villa: las ruinas del palacio del Duque de Estrada, el Cercáu, la basílica, el Torreón medieval, la playa del Sablón y, al fondo, la ermita de la Guía vigilando desde lo alto.

Incluso en invierno, el Paseo de San Pedro regala colores y vistas únicas. | Gloria Pomarada

El paseo forma parte además de la ruta ‘Llanes de Cine’, ya que aquí se rodó la película ‘Historia de un beso’, de José Luis Garci. Una silla de director orientada al mar recuerda ese estrecho vínculo de Llanes con el séptimo arte, pues es el concejo que más rodajes audiovisuales ha albergado de toda Asturias.

Cual director de película o de tu propia vida, sentarse en esa silla y perder la vista en el mar es una experiencia imprescindible.

Sentarse en la silla de director y perder la vista en el Cantábrico es una experiencia inigualable. | Gloria Pomarada

Información práctica: Paseo llano, ideal para caminar despacio. Varios accesos: el más habitual parte junto a la playa del Sablón (con escaleras), aunque existen rampas más suaves hacia el oeste.

Mirador y ermita de Guía (Ribadesella)

El monte Corveru se eleva sobre Ribadesella como un promontorio privilegiado. Desde su cima, la vista abarca la villa, la playa de Santa Marina y su paseo moteado de casonas indianas, la desembocadura del Sella y el Cantábrico. En días claros, el paisaje se completa al oeste con la Punta de Somos, coronada por el faro del concejo.

Paseo de la Grúa y ermita de Guía en lo alto vistos desde Santa Marina. | Xuan Cueto

En este monte se alza la ermita de la Virgen de Guía, del siglo XVI y reformada en el XIX, fue construida en honor de la patrona de la marinería riosellana.

Junto a la ermita se conservan tres cañones, vestigios de la antigua batería defensiva del puerto. Fueron arrojados al mar por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia y restituidos a su emplazamiento original en 1999. Hoy, ermita y cañones conforman uno de los miradores más completos de la costa asturiana.

Ermita de Guía.| Xuan Cueto

Cada mes de julio, la Virgen de Guía desciende en procesión nocturna hasta la iglesia parroquial y regresa al día siguiente tras la salea por la bahía y la procesión por la villa.

Procesión nocturna de Guía partiendo de su ermita. | Xuan Cueto

Información práctica: Acceso a pie por rampa desde el paseo de La Grúa o por escaleras al final del mismo paseo, estas últimas con las mejores vistas sobre Santa Marina.

Cerro de Santa Catalina y Elogio del Horizonte (Gijón)

El Cerro de Santa Catalina es una península que se adentra en el mar y ofrece la panorámica más completa de Gijón. Hacia el este, la playa de San Lorenzo y el centro urbano; hacia el oeste, el puerto del Musel y el perfil industrial que recuerda el pasado fabril de la ciudad. En días despejados, incluso los Picos de Europa aparecen en el horizonte.

Elogio del Horizonte, escultura de Chillida. | Xuan Cueto

En lo más alto se alza el ‘Elogio del Horizonte’, escultura monumental de Eduardo Chillida inaugurada en 1990, con diez metros de altura y quinientas toneladas de hormigón armado que forman un abrazo abierto al mar. Desde su interior, el sonido de las olas se amplifica y resuena, convirtiendo la visita en una experiencia sensorial.

El cerro ha sido enclave estratégico durante siglos. De hecho, no fue cedido por el Ministerio de Defensa a la ciudad hasta 1981. De ese pasado defensivo se conservan restos de antiguas fortificaciones militares visibles durante el ascenso

El Elogio corona el Cerro de Santa Catalina. | Xuan Cueto

Cada mes de agosto, el lugar acoge la Jira, coincidiendo con el Día d’Asturies en Xixón, una desfile en la que bandas de gaitas y marchan hacia lo alto desde la Plaza Mayor.

Información práctica: Acceso a pie desde el barrio de Cimavilla, tanto por la cuesta del este (zona San Lorenzo) como por la cuesta del Cholo, al oeste. Conviene extremar la precaución en el acantilado y no acercarse en exceso.

Cabo Peñas y su faro (Gozón)

Cabo Peñas es el punto más septentrional de Asturias y uno de sus paisajes más sobrecogedores. Los acantilados, que alcanzan hasta los cien metros de altura, se desploman sobre el Cantábrico formando un conjunto de enorme fuerza visual. Todo el entorno está catalogado como Paisaje Protegido y forma parte de la Red Natura 2000.

Cabo Peñas. | Xuan Cueto

Al frente, desde Peñas se vislumbra el mar abierto y se distinguen islas e islotes como La Erbosa, la segunda isla más grande de Asturias. A la espalda, se abre la rasa costera, una planicie elevada que define buena parte del litoral asturiano.

Faro del Cabo Peñas. | Xuan Cueto

El faro de Cabo Peñas, el de mayor alcance del litoral asturiano, data de 1852. En su planta baja se encuentra hoy el Centro de Interpretación del Medio Marino, que recorre la historia de los faros, la relación del ser humano con el mar y la extraordinaria biodiversidad de estas aguas, famosas por sus percebes y oricios.

Pasarela del Cabo Peñas. | Xuan Cueto

Una pasarela de madera recorre los acantilados y guía al visitante por un itinerario didáctico que explica los valores geológicos, naturales y culturales del cabo.

Información práctica: Accesible en coche, a pie o en bicicleta desde Luanco o San Juan de Nieva. La zona es ventosa, por lo que conviene llevar ropa adecuada incluso en verano.

Campo de La Garita y ermita de La Regalina (Cadavéu, Valdés)

Sobre el amplio campo de La Garita, rodeado de acantilados, se alza uno de los conjuntos más icónicos del occidente asturiano. Dos hórreos, la ermita blanca y azul de La Regalina y el verde de la rasa costera componen una imagen de equilibrio perfecto.

Uno de los hórreos y la ermita sobre el campo de La Garita. | Gloria Pomarada

La ermita de Santa María de Riégala se construyó en 1931, ligada a la leyenda de la aparición de la Virgen en el interior de un tronco de castaño. Desde aquí se domina la playa de Cadavéu, conocida como La Ribeirona, un arenal en forma de concha de aguas transparentes que sorprende por su color y calma.

Playa de Cadavéu o La Ribeirona, con sus impresionantes aguas cristalinas. | Gloria Pomarada

Durante décadas, el pueblo de Cadavéu permaneció al margen de los grandes flujos turísticos. El Premio Pueblo Ejemplar recibido en 2022 lo situó definitivamente en el mapa como un imprescindible en la visita a Asturias.

Ermita de La Regalina, con sus característicos colores blanco y azul. | Gloria Pomarada

Cada último domingo de agosto en este espectacular enclave se celebra la fiesta de La Regalina, una de las romerías más singulares de la región.

Información práctica: Cadavéu se encuentra entre Luarca y Cudillero. Lo más recomendable para visitar La Regalina, a las afueras del núcleo, es llegar a pie por el camino que atraviesa la rasa; aunque existen algunas plazas de aparcamiento al inicio del campo.

La Atalaya y el cementerio de Luarca (Valdés)

Pocos cementerios en España tienen una ubicación tan sobrecogedora. El de Luarca se asienta en el promontorio de La Atalaya, con vistas abiertas al mar y a los acantilados, y al mismo tiempo a la villa blanca que se extiende a sus pies.

Cementerio de Luarca . | Xuan Cueto

El conjunto destaca por sus panteones modernistas y capillas funerarias, y por albergar los restos de Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina natural de esta villa.

El cementerio sobrecoge por sus panteones colgados sobre el mar. | Xuan Cueto

En el recinto se encuentran también el faro y la capilla de Nuestra Señora la Blanca, del siglo XIV.

Desde la Atalaya, el paisaje se abre hacia la playa de Las Arreas por un lado y hacia el puerto de Luarca por el otro, componiendo una de las vistas más completas y serenas del litoral occidental.

Vista de Luarca desde lo alto. | Xuan Cueto

Información práctica: Aunque una carretera rodea el promontorio, la mejor forma de llegar es a pie desde el puerto, atravesando el barrio de El Cambaral.

Consejos útiles para el visitante

  • Elegir días despejados o con nubosidad alta para disfrutar de la amplitud del paisaje.
  • Extremar la precaución en los bordes de los acantilados, especialmente con viento.
  • Dedicar tiempo: estos miradores se disfrutan caminando despacio y observando 360 grados.
  • Combinar la visita con pueblos y gastronomía cercana para completar la experiencia.
Desembocadura de la ría del Sella y mirador de la ermita de Guía, en Ribadesella. | Xuan Cueto

¿Para quién es ideal esta experiencia?

Para viajeros que buscan paisajes con contexto, lugares donde la vista se acompaña de historia, arte o tradición. También para quienes disfrutan del paseo tranquilo, la fotografía, la contemplación y los espacios donde el Cantábrico se entiende desde lo alto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio