Parres pone en marcha un laboratorio para transformar la alimentación y la comunidad

‘Living Lab social agroalimentario’ es un proyecto pionero abierto a vecinos, productores, hosteleros y empresas locales busca mejorar la producción, distribución y consumo de alimentos en la zona rural

Tiempo de lectura: 6 minutos
Lluis Nel Estrada, Emilio García Longo y Juan Ponte. | Xuan Cueto

Este jueves por la mañana, a primera hora, el Ayuntamiento de Parres acogió una presentación muy especial: un proyecto llamado ‘Living Lab social agroalimentario’.

Y usted dirá: vale, y esto, ¿qué significa?

Pues mire, suena a anglicismo, a término moderno, a algo lejano, de ciudad… y hasta a hashtag de redes sociales. Pero si lo traducimos y se aterriza su esencia, la cosa cambia. Y mucho.
Lo que este proyecto plantea es algo bastante sencillo: buscar la manera de mejorar cómo producimos, distribuimos y consumimos los alimentos en nuestro entorno más cercano.

Un laboratorio, sí. Pero no con probetas ni con batas blancas.

Un laboratorio con vecinos, agricultores locales, empresas y administraciones sentados en la misma mesa, probando soluciones reales.

Presentación del proyecto en el Ayuntamiento de Parres. | Xuan Cueto

Un laboratorio que además está estrechamente vinculado con los objetivos de la Agenda 2030 y que busca aportar soluciones prácticas desde el medio rural.

En la presentación participaron el alcalde del concejo, Emilio García Longo; el director general de Agenda 2030 del Principado, Juan Ponte, y el gastrónomo Lluis Nel Estrada.

Antes de pasar a desglosar todo lo relacionado con el proyecto el regidor fue el encargado de ponerlo en contexto, reconociendo que la Agenda 2030 es un término “muy manido y, en ocasiones, denostado”, pero que su esencia y sus objetivos son necesarios y muy razonables. «Al final, de lo que se trata es de vivir mejor, de reducir desigualdades y de cuidar el planeta», resumió.

Pero, ¿de qué va realmente esto de la Agenda 2030?

Porque sí que es verdad que es un concepto que suena mucho pero solemos relacionar con políticas lejanas, con planes europeos relacionados con el consumo en las ciudades o la forma de vivir en grandes urbes. Sin embargo, los objetivos de la Agenda 2030 se resumen mejor aludiendo al sabio dicho de Eduardo Galeano: «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo».

En realidad, lo que se esconde tras esta Agenda no es otra cosa que un plan impulsado por la Organización de las Naciones Unidas en 2015 que busca algo tan simple —y tan complicado— como vivir mejor sin cargarnos el futuro.

Traducido: consumir con cabeza, apoyar lo local, reducir desperdicios, cuidar el entorno y generar oportunidades donde más falta hacen.

Nada lejano. Nada abstracto.

Porque la Agenda 2030 no va solo de grandes acuerdos internacionales. También va de lo que sucede en lugares tan pequeños como Parres.

De la teoría al plato

Y todo eso, llevado a la práctica, es lo que intenta hacer el proyecto Living Lab social agroalimentario que se presentaba hoy.

¿Qué cómo lo hará? Pues, para empezar, creando un espacio bien equipado.

Una especie de obrador, de semillero de ideas, de lugar para trasmitir conocimientos. Un espacio pensado para experimentar con alimentos, para enseñar y compartir técnicas culinarias, para aprovechar excedentes de huertas familiares y para poner en circulación los saberes tradicionales de cocina y producción local.

En él los vecinos, agricultores, cocineros y empresas locales podrán sentarse a la misma mesa con las administraciones, probando juntos soluciones reales: desde nuevas fórmulas de envasado y conservación hasta proyectos de economía circular que no desperdicien nada y que generen oportunidades para todos.

Lluis Nel Estrada, Emilio García Longo y Juan Ponte. | Xuan Cueto

Un lugar para que la comunidad aprenda y mejore cómo producir, distribuir y consumir los alimentos en nuestro entorno más cercano.

Pero el Living Lab social agroalimentario no se limita solo al edificio ni a las ideas que allí se desarrollen. Más allá del espacio físico, el proyecto busca generar soluciones reales y prácticas en toda la comunidad: desde nuevas formas de producción y distribución, hasta la valorización de los excedentes de las huertas familiares y los frutos del bosque, fomentando la economía circular y la sostenibilidad.

El alcalde Emilio García Longo destacó que «la Agenda 2030 a veces suena lejana, pero en realidad nos recuerda algo esencial: nadie puede quedarse atrás. Este proyecto es nuestra manera de aportar desde Parres, desde lo pequeño, soluciones que fortalecen la comunidad y hacen a nuestro territorio más resiliente».

Juan Ponte, director general de Agenda 2030 del Principado, subrayó la oportunidad que supone un proyecto de este tipo: “Lo innovador no es solo el laboratorio físico, sino cómo integra lo social, lo económico y lo ambiental. Es un ejemplo claro de que la Agenda 2030 no se queda en grandes planes internacionales: se aplica en lo cotidiano, en la vida de los vecinos, en la forma en que producimos y consumimos nuestros alimentos”.

Para Lluis Nel Estrada, «este laboratorio es un espacio para aprender haciendo. Queremos que agricultores, cocineros y consumidores trabajen juntos, compartiendo conocimientos, tradiciones y nuevas técnicas que puedan aplicarse inmediatamente en la vida diaria».

Entre los primeros proyectos piloto, destacan tres iniciativas:

  • El agricultor de cabecera, que garantizará el abastecimiento local de productos para restaurantes, colegios y consumidores, impulsando una relación directa y sostenible entre productores y comunidad.
  • El aprovechamiento de excedentes de huertas familiares, mediante conservas, deshidratados o envasado al vacío, reduciendo desperdicio y generando nuevas oportunidades económicas.
  • La valorización de frutos forestales, con especial atención a la castaña, incluyendo formación práctica para transformar estos productos en cremas, almíbares y otros derivados, combinando tradición y técnica.
Lluis Nel Estrada, Emilio García Longo y Juan Ponte. | Xuan Cueto

A esto se sumará formación, asistencia técnica y la participación activa de todos los actores locales, desde productores domésticos hasta empresas, cocineros y administración, garantizando que las soluciones sean prácticas, sostenibles y adaptadas al territorio.

Con todo, el Living Lab social agroalimentario no es solo un proyecto: es un impulso tangible hacia la innovación desde lo local. Es la experimentación cotidiana hecha realidad, donde cada receta, cada huerto, cada técnica conservada o inventada se puede convertir en una pequeña acción que fortalezca comunidad y territorio.

Se trata, en definitiva, de poner en práctica soluciones concretas que conectan tradición, creatividad y sostenibilidad, demostrando que desde lo pequeño también se pueden generar cambios significativos.

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