Por tercer año, el restaurante La Llera invita a comer a los residentes del CPR parragués en un gesto que es ya una «prestosa» tradición
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La solidaridad también se sirve a la mesa en La Llera.
Ese restaurante parragués abre un año más sus puertas a todos los residentes del CPR de Arriondas para celebrar una comida muy especial que ya se ha convertido en tradición.
Esta es ya la tercera edición de una iniciativa que nació casi de manera espontánea y que hoy ocupa un lugar señalado en el calendario tanto para los usuarios como para el personal del centro.
Todo comenzó el año en que Marco abrió su negocio. La Asociación de Familiares de Residentes del CPR de Arriondas había reservado mesa para invitar a comer a todos los residentes y, al finalizar aquella comida, Marco sorprendió a todos anunciando que a aquella vez invitaba él y que al año siguiente volverían a repetir la experiencia. Dicho y hecho.
La cita moviliza a más de 70 residentes, que acuden al restaurante repartidos en cuatro turnos y en diferentes días para poder disfrutar de la comida con comodidad y tranquilidad.

Para Aroa Barriga, responsable del CPR de Arriondas, se trata de una tradición muy «prestosa» y especialmente significativa para todos. «Son todo facilidades por parte de Marco y de todo el personal de La Llera», destaca.
Y no es sencillo. Además de trabajar con productos de primera calidad, el restaurante adapta cada plato a las necesidades de los residentes: dietas vegetarianas, comidas postrituradas, restricciones alimentarias o la propia distribución del comedor para facilitar el acceso de personas usuarias de silla de ruedas.
Mientras repasa parte del menú de este año —fritinos de merluza del pinchu, picadillo, croquetas, emberzau y otros platos tradicionales— Marco insiste en quitar importancia al gesto. «Lo hago porque me presta. No busco publicidad, es por ellos», asegura.
Incluso comenta emocionado que algunos residentes le dicen que llevan tiempo esperando este día.
Y es que, como señala Aroa Barriga, para los residentes esta jornada significa mucho más que una comida. «Es muy positivo estar en la comunidad, en el lugar al que pertenecen». Compartir mesa fuera del centro, reencontrarse con vecinos y sentirse parte activa del entorno convierten esta cita en algo verdaderamente especial.
Lo que comenzó como una sencilla invitación a comer se está consolidando ya como una de esas pequeñas grandes tradiciones que hacen comunidad.






