Amigos hasta el amanecer

Juan Carlos Pérez y Juan García Mayo reciben el premio a mejores deportistas veteranos en la Gala del Deporte de Piloña tras una temporada de éxitos en orientación junto a Pedro Montes

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Juan Carlos Pérez González, Juan García Mayo y Pedro Montes Martínez.

Pocas cosas ponen tan a prueba una amistad como competir en situaciones límite.

La de los piloñeses Juan Carlos Pérez González y Juan García Mayo y el parragués Pedro Montes Martínez es una de esas amistades forjadas en las competiciones más exigentes. Defendiendo los colores del Piloña Deporte forman equipo de orientación en la categoría de veteranos y acumulan tantos éxitos como momentos de esos que nunca se olvidan.

Como aquella carrera en la que uno de ellos sufrió un golpe de calor o las cinco horas que pasaron, en otra ocasión, contando pasos entre la niebla.

Hay pruebas tan largas que se prolongan durante 24 horas y en las que, si dura es la noche, más lo es el amanecer. «Te parece que estás lúcido, pero ahí los errores son los más graves. Si uno falla, está el otro. Esa es la labor del equipo», cuentan Juan Carlos Pérez y Juan García Mayo.

La pasada temporada lograron el octavo puesto en el Campeonato del Mundo de rogaine, el tercer puesto en el Campeonato de España de esa modalidad y el título de campeones de la liga nacional de Iberogaine.

Un palmarés al que ahora suman el premio a mejores deportistas veteranos de la Gala del Deporte de Piloña.

Como el galardón se otorga en clave local, son Juan Carlos y Juan quienes lo reciben como piloñeses, pero siempre con Pedro presente y con el deseo de que también él pudiese recogerlo. Amigos en las buenas y en las malas.

Cuando la amistad marca la diferencia

La orientación es un deporte exigente, mitad cabeza y mitad cuerpo. Además del equilibrio entre lo físico y lo mental, requiere sincronizar todo ello entre los miembros del equipo.

Y ahí, cuentan, es donde «la amistad juega a favor».

La de este equipo comenzó hace años y nació, precisamente, en el deporte.

Hoy son veteranos, pero un día fueron niños de una generación que creció jugando en la calle, en la que la práctica deportiva al aire libre era un pilar de la infancia.

Juan Carlos Pérez González durante una prueba.

Entre los recuerdos de Juan Carlos y Juan figuran actividades como las impulsadas cuando eran niños por el entonces párroco de Infiestu, don Víctor.

«La base no era ser buenos», rememoran. Por aquel entonces aprendieron que lo importante del deporte «es pasarlo bien y disfrutar».

Y también comprendieron el privilegio de «poder practicarlo y entrenar en el hábitat en el que te mueves». El suyo es la montaña de Piloña.

La montaña como origen

«Nuestro pilar fue siempre la montaña», explican. Además de orientación, practican trail, bici o esquí de montaña.

La orientación, de hecho, no fue la primera modalidad en llegar a sus vidas. Lo hizo «hace como 25 años», pero ya nunca los ha abandonado.

De ella les atrae la sensación de libertad, el «estar por la montaña con autonomía, buscándote la vida». Con la única ayuda de un mapa y una brújula, el objetivo es completar un recorrido pasando por los puntos de control en el menor tiempo posible.

Salvo en caso de emergencia, no hay ayuda posible de GPS ni de móvil. De hecho, los teléfonos los llevan precintados y, si los utilizan sin causa justificada, reciben una penalización.

«Después del primer día, lo normal es que no vuelvas», bromean. Quienes vuelven, como ellos, acaban enganchándose y se aventuran en pruebas cada vez más complejas.

Juan García Mayo en carrera.

«Aquí lo técnico manda más que lo físico. Tienes que ser autosuficiente y tener templanza para corregir errores y conectar con la carrera», explican.

A la dificultad de verse solos en mitad de una montaña que no conocen se suman factores como la disponibilidad de agua, el frío, el calor, la niebla, la noche… y el temido amanecer. «Es lo más duro en las carreras largas», coinciden.

En todas las pruebas, añaden, «tienes altibajos». La clave está en «disfrutar del conjunto de esos buenos y malos momentos» y no perder nunca la ilusión.

La orientación permite además «prolongar la vida deportiva», ya que «vas bajando la intensidad física, pero aprovechando la experiencia». «Hay gente de 85 años en las carreras de 24 horas», cuentan.

Un deporte aún por descubrir

Pese a sus beneficios y a que quien prueba, «se engancha», Juan Carlos y Juan lamentan que la orientación siga siendo «un deporte muy poco conocido».

En Piloña, no obstante, goza de popularidad y de una buena base de deportistas. En su club, el Piloña Deporte, cuentan con la sección «más grande de Asturias» y «se inculca incluso desde la escuela», destacan.

Juan Carlos y Juan en Infiestu. | Gloria Pomarada

Sea orientación o cualquier otro deporte, ambos defienden que la práctica deportiva tenga su espacio en la rutina desde la infancia. Intentando, además, no irse lejos para practicarlo, sino «sacar provecho a lo que tenemos y hacerlo donde vives».

Y, ante todo, siguiendo la máxima que a ellos, los mejores veteranos de Piloña, les ha permitido no dejarlo nunca: «Lo hacemos no por ganar, sino porque lo disfrutamos».

Deporte harán, aseguran, «hasta que el cuerpo diga no» y amigos seguirán siendo incluso más allá. Porque la suya es una amistad a prueba de amaneceres.

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