¿Barremos o nun barremos?: el Antroxu hace de puente entre generaciones en Parres

Jóvenes del instituto disfrazados de personajes tradicionales y mayores del centro de día se unen en un antroxu «como los de antes»

Tiempo de lectura: 8 minutos
Los alumnos del IES El Sueve, desfilando para los mayores de la residencia de Arriondas. | Gloria Pomarada

Llueve en Arriondas y son apenas las once de la mañana. No hay demasiada gente por la calle: es un día cerrado y gris, de esos que invitan a caminar con prisa, paraguas en mano, sin pararse mucho. Un día de clima desapacible en el que, de repente, algo rompe con la rutina y la monotonía cromática de la lluvia.

Primero se escucha un estruendo: ritmo caótico de lloqueros y cascabeles a lo lejos. Como si se acercara un rebaño trotando. Luego, suena una gaita: alegre y dicharachera, rompe el silencio mañanero anunciando fiesta.

La música y el repicar van en crescendo. Vienen de la calle del Barco y cada vez suenan con más fuerza hasta que, por fin, doblan la esquina y los responsables de tal algarabía se dejan ver: es una numerosa comparsa de personajes. Está el Guirria lanzando ceniza y besos, están los Sidros saltando, el amu y el osu, el ciegu y el lazarillu, el galán y la dama, el sábanu… Van directos hacia un lugar muy concreto: el Centro de día para personas mayores (CPRPM) de Arriondas.

La comitiva, partiendo del IES El Sueve en una mañana de lluvia. | Gloria Pomarada

No es un desfile cualquiera. Es un desfile de Antroxu como los de antes. Tradición y memoria, bailante e inquieta, que se dirige en busca de los más mayores del concejo. La misión es sencilla, pero poderosa: transformar todo este ruido y esta algarabía en conversación, risas y recuerdos compartidos.

Los protagonistas del desfile son casi 40 chavales y chavalas de entre 1º y 4º de la ESO del IES El Sueve, de entre 12 y 15 años. Representan un Antroxu «como los de antes», en el que se gastaban bromas y se pedía el aguinaldo. Van ataviados con disfraces creados por ellos mismos: hechos con paja, papel, cartón, bolsas, calderos y otros materiales reciclados.

Acompañándolos van sus profesoras de Inglés y de Llingua Asturiana, Desirée Fernández Rodríguez y Carmen Álvarez Garzón, impulsoras de este proyecto tan especial. Caminan atentas, vigilando que el grupo no se disperse demasiado, y aprovechan el trayecto para ir contando el porqué de todo esto: un proyecto intergeneracional y creativo que va ya por su tercer año y que empieza a convertirse en una tradición dentro del centro.

Su objetivo: rescatar la memoria, acercar la cultura a los chavales y mostrarles la importancia de preservar tradiciones que, en muchos casos, ellos no llegaron a vivir.

Aprendiendo de la memoria y la tradición

Mientras la comparsa avanza, Desirée Fernández Rodríguez y Carmen Álvarez Garzón explican el origen del nombre del proyecto: ‘¿Barremos o nun barremos?’. Parte de una cuarteta tradicional que se canta durante la Mazcarada de San Xuan de Villapañada, en Grao, cuando los personajes recorren las casas pidiendo el aguinaldo.

Así, sólo con el nombre ya se deja ver la intención: acercar la esencia de las tradiciones asturianas a chavales muy jóvenes que no las vivieron ni nadie se las contó, para que la memoria siga viva.

Los alumnos lucieron disfraces creados por ellos mismos. | Gloria Pomarada

Las profesoras cuentan también que, en los inicios del proyecto, tuvieron la suerte de contar con el asesoramiento del músico y divulgador asturiano Ambás, quien les acercó la tradición, les ayudó a comprender el significado profundo de les mazcaraes d´iviernu y participó ayudándoles a construir algunos disfraces.

Añaden que, de la mano del músico, los chavales también viajaron a Grao para conocer de cerca la cultura del Antroxu de esa zona. Allí asistieron a sesiones informativas, conocieron a los personajes tradicionales y escucharon cómo se recuperó la mazcarada en aquella localidad.

Así, además de vivir una experiencia distinta, entendieron que detrás de cada personaje tradicional no hay solo un disfraz: hay leyenda, historia, investigación, implicación vecinal y mucho cuidado.

Además, durante el segundo año el proyecto contó con la participación de los Sidros de Valdesoto: algunos de sus miembros se acercaron hasta Arriondas para contarles cómo fue la recuperación de los sidros y les comedies, y la importancia de cuidar estas tradiciones para que sigan vivas.

De esta forma, el proyecto fue creciendo, ampliando horizontes, pasando de ser un simple proyecto de instituto a un proyecto intergeneracional y multidisciplinar que rescata la memoria y se implica en divulgarla.

Además, como en el proyecto también participan los alumnos de inglés, tuvieron incluso la oportunidad de aprender que les mazcaraes d’iviernu son tradiciones arraigadas en lugares como Irlanda y el Reino Unido. Y claro, en el desfile por las calles de Arriondas no faltaron personajes internacionales como los Wren Boys, Straw Bear o Mummers’ Plays.

Un proyecto intergeneracional

La comparsa avanza. Cascabeles, gaitas y risas se mezclan con ciertos nervios. Al fondo de la calle, esperando impacientes, ya aguardan los usuarios del CPRPM de Arriondas, quienes guardan muchos de esos recuerdos que los chavales están aprendiendo a escuchar.

Gaiteru y Guirria, a la cabeza del desfile en la residencia. | Gloria Pomarada

No es la primera vez que se encuentran. La colaboración entre ambos centros es estrecha y tiene como base la firme creencia de que los encuentros intergeneracionales son encuentros que suman en todas direcciones. De hecho, en días previos los alumnos visitaron a los usuarios del centro para escuchar historias del Antroxu de antes y empaparse de tradiciones de la zona. Incluso recientemente colaboraron juntos en un proyecto sobre la memoria del cine de Arriondas del que acabó surgiendo un entrañable documental.

Sin embargo, hoy el encuentro es festivo. Y además incluye ocio: van a participar todos juntos en un concurso. Un juego diseñado por los propios chavales, en el que cuatro equipos mixtos —jóvenes y mayores— tienen que responder preguntas relacionadas con el Antroxu.

Titu Manzano, maestro de ceremonias. | Gloria Pomarada

Como maestro de ceremonias de este concurso tan especial, Titu Manzano, una figura inseparable del Antroxu de Parres desde los años ochenta y antiguo maestro de Llingua del C.P. Río Sella. Él fue el encargado de guiar el juego, de leer las preguntas e incluso de animar y ayudar a los equipos. Además, como buen maestro, no pudo evitar dirigirse a los más jóvenes, alabando su voluntad y agradeciendo que sean transmisores de tradiciones que sólo se aprenden y se preservan a través de la escucha, la pregunta y el compartir tiempo.

Igual que Titu, las profesoras también resaltan el valor de este encuentro: los chavales muestran facetas que no aparecen en el aula, escuchan a los mayores con respeto y disfrutan trabajando en equipo con ellos. Para ellas es una satisfacción comprobar cómo los alumnos se implican, proponen ideas y sienten el proyecto como algo propio.

Hay chicos y chicas que llevan tres años participando y perfeccionan sus personajes edición tras edición. Otros descubren este mundo por primera vez. Todos viven la jornada como algo especial y quieren repetir.

Y esto no acaba aquí. Otra de las novedades de este curso es que el proyecto también llegará al C.P. Río Sella: el alumnado del instituto compartirá el juego con los más pequeños, que en clase de Cultura Asturiana también están trabajando les mazcaraes d’iviernu.

Al final, esa es la clave de ‘¿Barremos o nun barremos?’: la transmisión. De mayores a jóvenes, de jóvenes a niños, de hoy a mañana. Un proyecto en el que no solo se trabaja la cultura y la tradición, sino también la empatía, la escucha, el trabajo en equipo, la creatividad y el respeto. Cosas que no se aprenden igual en los libros que viviéndolas, preguntando, escuchando y entendiendo…

Jóvenes y mayores disfrutaron juntos de una mañana de antroxu y juegos. | Gloria Pomarada

Así, un viernes lluvioso cualquiera de finales de febrero en Arriondas, el Antroxu demostró que es una tradición festiva capaz de tender puentes y llenar de colores vivos un día gris. Además dejó muy claro otra cosa: hay cantera. Los chavales de hoy serán quienes se encarguen de contar a los que aún no han nacido las tradiciones de siempre, las mismas que celebraban sus tatarabuelos.

Gracias a proyectos como ‘Barremos o nun barremos’, hay garantía de que se preservará la memoria. Esperanza de que, pasen los años que pasen y por mucho que avancen los tiempos modernos, siempre suenen lloqueros y gaitas en el Antroxu y nunca falten los personajes de siempre.

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