La carretera de El Fitu (AS-260) conecta Arriondas con la costa de Colunga y Caravia en uno de los trayectos más espectaculares de Asturias, entre la Sierra del Sueve y el Cantábrico, con mirador, patrimonio prerrománico y mar en apenas 21 kilómetros
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Hay carreteras que son en sí mismas un destino. La que asciende al Mirador del Fitu es una de ellas.
La AS-260, conocida popularmente como la carretera de El Fitu y proyectada en 1912, conecta el interior verde de Parres con la franja costera de Colunga y Caravia a través de uno de los balcones naturales más sobrecogedores de Asturias. Es una vía breve en kilómetros, pero inmensa en matices: bosques, curvas enlazadas, horizonte marino y, al fondo, la silueta poderosa de la Sierra del Sueve y los siempre imponentes Picos de Europa.
Pocas carreteras ofrecen tanto en apenas 21 kilómetros.
Entre los aficionados al motor es célebre por la Subida al Fitu, que cada mes de mayo convierte el puerto en escenario de competición automovilística internacional. Los ciclistas la veneran como uno de los ascensos clásicos de la Vuelta a España. Pero más allá del cronómetro, El Fitu es, sobre todo, una invitación a bajar el ritmo.

No es una carretera para impacientes. En verano puede haber tráfico y toca adaptarse al vehículo que marque el paso. Fuera de temporada alta, en cambio, la experiencia se vuelve más serena. El consejo es simple: conducir sin prisas, aprovechar los apartaderos y detenerse cuando el paisaje lo reclame. Aquí la velocidad no la dicta el acelerador, sino las vistas.
Arriondas y el primer tramo
La salida natural de esta ruta se sitúa en Arriondas, capital del concejo de Parres y punto de partida cada mes de agosto del Descenso Internacional del Sella. Esa cita festiva explica parte de su identidad, pero la villa es, ante todo, un cruce de aguas: los ríos Piloña y Sella confluyen aquí y modelan su ritmo cotidiano.

Desde el parque de La Concordia, la mirada se abre hacia los Picos de Europa, que emergen al fondo como una presencia constante y caliza. Al otro lado del valle, la Sierra del Sueve anticipa el destino. En pleno centro urbano, aparece el desvío que inicia la subida por la AS-260.
Los primeros kilómetros no ofrecen grandes panorámicas. Tampoco las necesitan. La carretera se estrecha entre árboles altos y frondosos, y el asfalto serpentea en un tramo recogido. Es la parte más íntima del Fitu: sombra, curvas suaves, bosque. El tráfico se diluye y el viaje adquiere otra cadencia.

En esta ladera de ascenso se esconden algunos hitos de la gastronomía asturiana contemporánea. El acceso a Casa Marcial, tres estrellas Michelin en la aldea de La Salgar, se encuentra en esta misma carretera. Más adelante, otro desvío conduce hacia Cofiño y al hotel de cinco estrellas Puebloastur Eco Resort. En la propia Arriondas, El Corral del Indianu mantiene una estrella Michelin en una casona indiana donde la cocina dialoga con el paisaje. Son referencias que hablan de un territorio que ha sabido traducir su entorno en experiencia gastronómica sin perder raíz.
Parres: un destino gastronómico de 4 estrellas
La subida por la AS-260 se acentúa en los últimos kilómetros. Tras una rampa final más exigente, a unos nueve kilómetros del punto de partida, se alcanza el alto.
Mirador del Fitu
El Mirador del Fitu se alza a 597 metros de altitud. La estructura de hormigón, inaugurada en 1927, tiene algo de mirador alpino trasladado al norte atlántico. Se aparca junto a la carretera y, tras unos pasos, la plataforma circular revela el motivo del ascenso.

Desde arriba, el paisaje gira en 360 grados. La Sierra del Sueve envuelve el mirador y despliega su relieve ondulado, territorio de pastos altos y nieblas cambiantes. Hacia el sur, la silueta de los Picos de Europa se recorta en días despejados con una nitidez inesperada.

A los pies del mirador, un indicador de madera señala el área recreativa y el inicio de varias sendas. Desde aquí parte, entre otras, la PR-AS 71 que asciende al Picu Pienzu, una de las cumbres más reconocibles del Sueve.
Del Alto del Fitu al Cantábrico
El descenso desde el Mirador del Fitu concentra la secuencia más sobrecogedora de la AS-260. Tras la cima, con cada curva el horizonte cambia de escala. La montaña queda atrás y, de pronto, el Cantábrico irrumpe en la escena. Abajo se despliegan los concejos de Caravia y Colunga como un mapa en relieve: praos, núcleos dispersos, playas y la inmensidad del mar.

Lo singular es la perspectiva. El mar no se contempla desde el litoral, sino desde un balcón de montaña. El contraste entre altura y costa, entre pastos del Sueve y arena atlántica, produce una sensación de transición casi geográfica: en pocos kilómetros, Asturias revela dos de sus identidades esenciales.

A poco más de 2,5 kilómetros del mirador, en pleno descenso, se encuentra la escuela de escalada La Trincherona, un enclave para quienes buscan añadir deporte a la ruta.
Por el mismo camino puede emprenderse la subida al Pico La Forquita, un itinerario que combina naturaleza y patrimonio. En el recorrido destaca el Castro de Caravia, o Picu’l Castru, un poblado fortificado de la Edad del Hierro, ocupado entre los siglos IV o III y el I a. C. Los hallazgos arqueológicos evidencian además restos de romanización, ofreciendo una visión tangible de la vida en Asturias hace más de dos mil años.

Otra alternativa a pie desde la AS-260 es la del hayedo de La Biescona. Este paseo de 7,2 kilómetros (ida y vuelta) permite adentrarse en la Sierra del Sueve, recorrer la garganta de La Toya —tapizada de musgos y helechos— y caminar bajo las magníficas hayas hasta la majada de El Bustacu. El acceso parte junto al antiguo bar Casa Julia, donde hay espacio para aparcar.
La carretera termina de perder altura y entra en Loroñe, primer pueblo tras el puerto. Poco después aparece Gobiendes, donde conviene detener el viaje y cambiar la escala del paisaje por la del detalle.
Prerrománico y naturaleza en Gobiendes
En Gobiendes, el Centro de Interpretación de la Sierra del Sueve introduce al viajero en la lógica íntima del macizo recién cruzado. La exposición permanente explica su singularidad ecológica y cultural con apoyo de fotografías y recursos interactivos. La niebla —elemento definitorio de estas cumbres— articula el discurso y ayuda a comprender cómo clima, pastoreo y aislamiento han modelado el territorio.

A escasos metros se alza la Iglesia de Santiago de Gobiendes, uno de los testimonios más sobrios del prerrománico asturiano tardío. Levantada a finales del siglo IX, cuando la monarquía asturiana avanzaba hacia León, responde más al impulso de la nobleza local que a un encargo directo de la corte ovetense.

Su primera mención documental data del 921, en una donación del rey Ordoño II a la catedral de Oviedo, confirmando que el templo ya contaba entonces con historia propia.
La Espasa: tocar el mar tras haberlo contemplado
El viaje encuentra su contrapunto natural en la Playa de La Espasa, accesible mediante un desvío entre Gobiendes y Loroñe que enlaza con la N-632. Tras observar la costa desde lo alto, la experiencia se completa al pisar la arena.
El río Espasa marca el límite entre los concejos de Colunga y Caravia. El arenal, cercano al kilómetro de longitud, se prolonga en marea baja hacia Moracey —con el Pozu les Pipes— y la playa del Visu, formando un conjunto continuo de arena tostada y oleaje moderado.

Desde la orilla, al alzar la vista hacia el interior, la silueta del Sueve recuerda el trayecto recién realizado y permite entender la relación entre montaña y costa desde otra perspectiva.

La ruta por El Fitu concluye aquí sin estridencias: montaña, historia y mar enlazados en apenas 21 kilómetros. Un desplazamiento breve que condensa la esencia oriental de Asturias y confirma que, en este territorio, las distancias nunca se miden solo en mapas.
Consejos útiles para el viajero
La AS-260 es apta para turismos, motocicletas, autocaravanas y bicicletas, pero exige conducción prudente. Las curvas enlazadas y la pendiente requieren anticipación, especialmente en los descensos. Es frecuente encontrar ganado suelto en determinados tramos, así como bancos de niebla repentinos, incluso cuando el valle permanece despejado.

En verano puede formarse tráfico lento; la experiencia mejora fuera de temporada alta. Para ciclistas, el puerto presenta una subida constante sin rampas extremas, aunque la exposición al viento en la zona alta puede endurecer el esfuerzo.
Si se prevé detenerse en el mirador, conviene utilizar las zonas habilitadas y evitar estacionamientos improvisados en arcenes estrechos. Conviene recordar, además, que no está permitida la pernocta de autocaravanas en ningún punto de la ruta.
¿Para quién es esta experiencia?
Para viajeros que disfrutan del trayecto tanto como del destino. Conductores que buscan carreteras con carácter; motoristas que valoran curvas auténticas y cambios de paisaje; ciclistas atraídos por puertos clásicos del oriente asturiano; autocaravanistas que priorizan panorámicas amplias frente a vías rápidas.

También para quienes regresan a Asturias con la intención de mirarla de otro modo: amantes del paisaje, de la fotografía de horizonte abierto, de la arquitectura altomedieval discreta y de la transición entre montaña y mar en apenas unos kilómetros.
La carretera de El Fitu no propone un desplazamiento rápido, sino una forma consciente de atravesar el territorio. Aquí el viaje sucede entre desniveles, curvas y vistas.


