Esta historia va de memoria, cine y comunidad. De un proyecto que une generaciones alrededor de los recuerdos de un viejo cine. De un documental que se estrena el lunes 19 de enero en la Casa de Cultura Benito Pérez Galdós
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Si este artículo, en lugar de una colección de letras, fuese una película, comenzaría con una cámara recorriendo un pequeño pueblo a la orilla del río.
Las imágenes son en blanco y negro; un travelling pasa frente a los edificios más emblemáticos, atraviesa la plaza y finalmente se detiene ante un edificio señorial de cinco puertas, tres de ellas en arco. Es el cine, con su taquilla de cristal gastado y un cartel descolorido anunciando una película de Joselito.
Antes se llamó Cine España; después, Peñasanta.
Aquí entraría un fundido a negro. Y el siguiente plano comenzaría con una niña que avanza por una calle empedrada. Alguien la llama a lo lejos: ¡Paquita! Y aparece un rótulo fugaz que nos sitúa en la Asturias de los años setenta.
Vemos a la niña saltar distraídamente y llegar ante la puerta del cine: parece muy pequeña frente al vetusto edificio que observa. A su alrededor hay un murmullo vecinal, un trasiego alegre. Entonces, la niña entra en la sala. La vemos desenvolver un enorme caramelo mientras las luces se apagan. La proyección comienza. La cámara se pierde en la pantalla… y luego gira para quedarse en su rostro: iluminado, maravillado, sonriendo.
El plano se cierra y se vuelve a abrir, ahora lleno de color.
Un rótulo señala que estamos en el año 2025. La cámara recorre una calle larga y luego se detiene ante un edificio: el IES El Sueve. Un plano general nos muestra la fachada y luego avanza por los pasillos hasta llegar a un aula. Allí, un grupo de estudiantes hojea un libro de cuentos de la escritora asturiana Paquita Suárez. Se titula ‘El día que nos llevaron al cine’.

El cine en Arriondas
Escuchando a los chavales, entendemos que el cuento narra —desde la mirada de la niñez— la magia de ir al cine por primera vez en un pequeño pueblo. Que más allá de la película o del edificio, habla de un lugar de vida social, memoria e identidad, de los pequeños hitos que marcan la infancia y de cómo estos recuerdos construyen la identidad personal y colectiva.
Y es precisamente desgranando el significado de este bello cuento cuando surgen las preguntas sobre el cine de Arriondas:
¿Había cine aquí? ¿Dónde estaba? ¿Cómo era? ¿Cuándo cerró?
Tras estos interrogantes entran en la película dos nuevos personajes: se llaman Carmen Álvarez Garzón y Desirée Fernández Rodríguez y son las profesoras de llingua asturiana y de inglés, respectivamente. Ellas son las que animan a los estudiantes a desarrollar un trabajo que combine lectura, investigación y creatividad. Los alumnos aceptan el reto y, equipados de curiosidad, comienzan a tirar del hilo de los recuerdos.

«En un encuentro literario que Paquita Suárez tuvo con los alumnos, les aconsejó que hablaran y escucharan a los mayores alrededor, que los grabaran, que se sentaran a pasar tiempo con ellos. A partir de ese consejo decidimos crear este proyecto, relacionado con su relato ‘El día que nos llevaron al cine’ y con nuestra decidida apuesta por realizar actividades intergeneracionales en las que los estudiantes conozcan la tradición y la cultura de la mano de las personas más mayores del concejo», explican las profesoras.
Un proyecto intergeneracional
El primer paso que dieron desde el instituto fue acudir al CPR (Centro Polivalente de Recursos), un lugar idóneo para encontrarse con las personas mayores del concejo. Al explicar la idea, la directora Aroa Barriga, la trabajadora social Nuria Solís y la animadora Silvia Martínez se entusiasmaron y se sumaron al equipo, organizando encuentros intergeneracionales donde los estudiantes pudieran preguntar y los mayores recordar sin prisa.
Y aquí, la historia da un giro: lo que estaba por documentar no cabía en un simple vídeo. Había que hacer un documental, una pequeña película que plasmara el mapa de recuerdos que empezaban a desempolvar.

Es entonces cuando entran en escena dos actores clave: Fran Longoria, joven cineasta parragués, llamado a aportar su mirada profesional y convertir el proyecto escolar en algo más sólido, y el Ayuntamiento de Parres, que decide apoyar el proyecto económicamente, asegurando que, además de ser una experiencia educativa e intergeneracional fascinante, el resultado sea un mapa gráfico de la memoria de una época.
«Al principio pensé que sería un proyecto escolar más, pero enseguida me di cuenta de que había madera y ganas para construir algo mucho más grande. Cada entrevista, cada anécdota, tenía algo que contar, mencionaba algo interesante, aportaba recuerdos dormidos… toda esa riqueza de memoria alrededor del cine merecía un formato que le hiciera justicia», cuenta Fran Longoria.

Así, director de cine, profesoras, alumnos, personal del CPR y Ayuntamiento se pusieron a trabajar recabando testimonios, recuerdos, anécdotas, curiosidades y emoción.
Durante varias semanas, el proyecto se centró en hacer entrevistas grabadas con decenas de vecinos de distintas generaciones. El eje de todas ellas fue el viejo cine Peñasanta. La esencia surgía de la miscelánea de vivencias que, tirando de la memoria en torno a ese edificio, empezaban a florecer: evocaciones, anécdotas, detalles que contaban la vida del pueblo.
En las grabaciones, contaron con la participación de personajes como el cronista oficial del concejo, Francisco Rozada, el alcalde Emilio García Longo, la cupletista Lilián de Celis, el periodista y cineasta Alberto Pardo, los usuarios del Centro de Día y muchos otros vecinos, que compartieron historias de su infancia y juventud.


Durante el proceso, no paró de salir a relucir la importancia que el arte del cine tuvo en Arriondas, remontando los recuerdos un siglo atrás, además de mencionar iniciativas como el cine club o el cine de verano en la calle, puesto en marcha por un vecino genial llamado Miguel Aramburu allá por los años 80 y que todavía hoy sigue llevándose a cabo.
Un arte que marcó épocas
Gracias a todas estas entrevistas, el documental captó la importancia del cine en el pueblo, y cómo su presencia marcó épocas y dejó honda huella en varias generaciones. Cada relato ayudó a tejer un mapa de memoria viva, donde el cine se mostraba como un espacio de encuentro, emoción y cultura que trascendía las películas proyectadas. Igual que en el cuento de Paquita.
Otra parte enternecedora y capital de esta historia es que los participantes del Centro de Día vivieron la experiencia con especial entusiasmo. Les encantó charlar con los jóvenes, compartir tiempo con ellos, intercambiar recuerdos y sentirse parte activa de la creación de un proyecto que une generaciones.

Además, el proyecto también puso de relieve un contraste fascinante: los mayores recordaban que el cine costaba apenas una peseta, que era el acontecimiento del fin de semana, que servía para socializar y que solo había una película en cartelera; los jóvenes, en cambio, contaban que ahora existen plataformas de contenido en las que puedes escoger entre cientos de películas, que para ir al cine ahora tienen que desplazarse a Oviedo, que el precio dista mucho de estar cerca de la peseta…
Sin embargo, pese al fuerte contraste en las narraciones, Fran Longoria remarca que fue guapo comprobar cómo las emociones que todos describen sobre la primera vez frente a la pantalla son las mismas:
«Lo sorprendente es que, pese a los años, el avance de la tecnología, las plataformas de contenido o la lejanía de las salas, las sensaciones que unos y otros describen (con 80 años de diferencia) son idénticas. Esa primera vez en el cine, esa magia y esa ilusión que el cine genera, es algo inmortal por muchos avances que haya».

Y así, llegamos al final de esta historia: con minutos y minutos de grabaciones y recuerdos, Fran Longoria se encerró para hacer el montaje, hilvanando todos los testimonios y creando una sola pieza. Se titula ‘El día que nos llevaron al cine’. Un documental que une generaciones, rescata la memoria y celebra la vida cultural del concejo.
Además, como todo buen documental, tiene hasta cartel y fecha de estreno: su puesta de largo será el lunes 19 de enero, a las 18 horas, en la Casa de Cultura de Arriondas. Y, por supuesto, todo el mundo está invitado a visionarlo.

De hecho, sería el final perfecto para esta película: una Casa de Cultura llena hasta la bandera, con vecinos de todas las edades reunidos, reviviendo una pequeña parte de la historia del lugar a través de esta original cinta. Una xuntanza en toda regla, de esas en las que además de ver una peli se celebra que —pasen los años que pasen— el cine sigue siendo un lugar de encuentro, emoción y cultura.






