Puede brillar el sol, llover, nevar o granizar, pero en el pueblo más alto de Llanes siempre te van a acoger y hacerte partícipe de su alegría durante la fiesta
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Si llegas al pueblo llanisco de El Mazucu en la mañana del 1 de marzo te percatarás enseguida del ajetreo del vecindario anunciando la fiesta del Ángel de la Guarda.
Puede brillar el sol, llover, nevar o granizar pero siempre te van a acoger, hacerte partícipe de su alegría y hasta invitarte a desayunar. Este domingo, el día amaneció soleado y se mantuvo así a lo largo de la jornada.
En un prado pindio pastaban juntas ovejas xaldas y carranzanas. Los tejados del denso y abigarrado caserío permanecían brillantes, cubiertos de escarcha. Cerca de la capilla que tiene la cabeza de un obús por campana, alguien había plantado varios árboles de hojas estrechas y achaplanadas cargados de mimosa, la flor amarilla que alegra el invierno. Serio y turbado el ánimo encontré al dinamitero Juan Carlos Devita que había llegado para disparar unas docenas de voladores.
Cristina Remis del Hoyo ofrecía este año los tres ramos para festejar el feliz nacimiento y crianza de su sobrino Juan Alonso Remis. Me comentó que las rosquillas del ramo pequeño eran de kilómetros cero, de producción artesanal, elaboradas al calor del horno casero por Silvia del Hoyo Meré. Observé que el gentío comenzaba a tomar posiciones y desde Vibaño llegaron los gaiteros José y Ángel Rey.
En la parte alta del pueblo, el asentamiento humano más elevado de Llanes, 362 metros sobre el nivel del mar, a la vera de la fuente, el abrevadero y el lavadero inaugurados en el año 1957 siendo alcalde municipal Regino Muñiz Cotera, se puso en marcha la comitiva en dirección a la capilla.
Del cortejo formaban parte los gaiteros, tres ramos, más de medio centenar de niñas y mozas vestidas de aldeana llanisca y un elevado número de romeros llegados de todos los rincones llaniscos y de concejos limítrofes.
Al llegar a la ermita, donde esperaba el párroco José París, acoplaron las andas con la imagen del Ángel de la Guarda en lo que hasta entonces era un desfile folclórico e iniciaron la procesión.
Hicieron una parada en el Monumento al Emigrante, inaugurado en 1992 frente a la roca caliza del Peñablanca, donde hace 24 años dejaron una emotiva placa que carente de adornos superfluos dice así: «El concejo de Llanes agradecido a sus emigrantes. Nunca se fueron porque siempre soñaron con volver».
De vuelta a la capilla, las mozas entonaron las coplas de la Reverencia y el ofrecimiento del ramo, celebrándose misa a continuación.
Se remató la mañana con la subasta de los panes, conducida por Luis ‘El Páxaru’, y con un emotivo homenaje a Alvarina Llanes Rodríguez, modélica vecina fallecida el pasado 13 de enero a la edad de 97 años. Alvarina había sido reconocida en el año 2023 con el Premio Mujer Consejo de Llanes. Ayer se leyó una ‘laudatio post morten’ y se puso un ramo de flores en manos de sus descendientes.
En la presente edición del Ángel de la Guarda no se celebró festival folclórico y nadie supo, o pudo, explicarme la razón. Aprovecho la circunstancia para señalar que en cuestión de bailes El Mazucu está en deuda permanente con la leonesa María Teresa Aguado de la Huerga, una mujer que ejerció como maestra en el pueblo en la década de los sesenta del siglo XX y aprendió a bailar a la juventud dos piezas de origen castellano que llevan por título ‘Amor mío si te vas’ y ‘Los labradores’.























