Iker San Martín García: la rara normalidad de ser un chaval muy majo

Tiene las cosas muy muy claras, es familiar, cercano, educado, disciplinado, jovial… Pero el premio que le acaban de conceder en Parres tiene que ver con otra cosa: Iker es una joven promesa del trail y del esquí de montaña. Un chaval extraordinariamente normal con el que da gusto charlar

Tiempo de lectura: 9 minutos
Iker San Martín García, premio Joven Promesa Deportiva de Parres. | Xuan Cueto

El reloj marca las 7:02 de la tarde.

La cita era a las 7, pero Iker llega apresurado —como si llegase tardísimo—, recién salido de clase particular. Está en 1º de Bachillerato, un curso importante. Y además es época de exámenes y toca apretar en los estudios. No oculta cierto estrés ni las tareas pendientes que le rondan la cabeza. Pero aun así, está feliz. Un poco, en una pequeña nube: como cuando recibes un regalo sorpresa especialmente ilusionante.

Y es que estos días algo especial ha roto la rutina normal (y disciplinada) de este chaval de 16 años: el ayuntamiento y el Área de deportes de su concejo le han concedido el premio Joven Promesa Deportiva de Parres. Un reconocimiento a los esfuerzos y los logros que le han llevado a destacar en el trail y el esquí de montaña. Un galardón que le da mucha alegría y define como impulso, como «energía extra». Además, se explaya: considera muy importante que se den premios y se estimule a la gente más joven para que se supere, en la disciplina que sea. Que te hagan un homenaje ayuda, mucho, a seguir soñando alto.

Iker despliega su equipo. | Xuan Cueto

Algo tímido pero muy educado y cercano, enseguida empieza a sacar su equipo: esquís, traje de invierno, bastones… La escena causa ternura ya que a su alrededor no hay rastro de nieve; en Arriondas, en pleno febrero, hace un sol primaveral y los cielos brillan tras días de lluvia. Pero no importa. Es lo que hay. Él escogió el esquí por interés sincero, sin plantearse que iba a tenerlo más difícil para entrenar viviendo donde vive. Como un chaval de Valladolid que quiere hacer surf, le comentamos. Se ríe con ganas. Y, decidido, comienza a despejar el espacio (mueve el tendal de la ropa, alguna caja fuera de su sitio…) para ayudar en la labor del fotógrafo. Da gusto tratar con él.

Luego, posa para la foto con los esquís y sonriente, como si en vez de verdes prados y suaves montañas onduladas le rodeara un paisaje de densa nieve. No le importa este contraste. Es lo que hay. Forma parte de su ‘retrato’ : desde donde él vive la nieve hay que ir a buscarla. Pero eso sí, tiene senderos y cuestas de montaña (las que quiera) para entrenar fondo, fuerza, voluntad y resistencia. Y no cambiaría el vivir en Arriondas por ningún lugar del mundo.

Afición de familia

A partir de ahí, la charla fluye con naturalidad. Iker cuenta que su afición por el deporte le viene de sus padres, Juan y Noelia. Son ellos los que, desde que nació, le mostraron los vínculos deportivos, los beneficios y valores que se desprenden de la actividad física. Además, son sus grandes pilares: quizás nunca se planteó la dificultad de escoger skimo como deporte porque siempre vio a su padre practicarlo o porque siempre estuvieron dispuestos a acompañarle y llevarle adonde estaba la nieve.

Quizás gracias a ellos Iker nunca se planteó el deporte como un reto sino como una forma de liberarse, superarse, equilibrarse, disfrutar… para él forma parte de su vida y es algo básico que necesita: tanto como sus amigos de siempre (los mismos con los que empezó en el parvulario hace 13 años), tanto como el río Sella (en el que sus güelos le enseñaron a pescar y en cuya orilla disfruta cada año de la salida de les Piragües) o tanto como su pueblo de siempre, Arriondas, de dónde es «de toda la vida» y de dónde dice no querer marcharse nunca.

Añade que se considera un tipo tranquilo, que vivir en ciudad le estresaría seguro, que prefiere el ambiente de pueblo y correr por el monte. También dice que cuando corre se libera de las preocupaciones de los estudios. Y que cuando no está entrenando, disfruta con cosas sencillas como yendo a pescar, quedando con los colegas o participando en fiestas, carreras y eventos deportivos locales.

Y aunque afirma con seguridad que a poco que te organices hay tiempo para hacer de todo, también reconoce ciertos sacrificios y renuncias con los que le toca apencar en base a sus aspiraciones deportivas. Porque claro, Iker forma parte de la Selección Asturiana de esquí de montaña y carreras por montaña. Y entrenar, entrena mucho: de lunes a viernes combina las clases y estudios con actividades como trotar por el monte, bicicleta y gimnasio; y los fines de semana le toca madrugar para desplazarse a estaciones como San Isidro o Fuentes de Invierno.

Además, están las competiciones y entrenamientos con la selección, que le llevan a trasladarse continuamente lejos de Parres y de Asturias. Pero claro, él tiene las cosas muy muy claras. Visualiza su futuro y los pasos que han de llevarle allí y va ejecutando, tranquilo pero sin descanso. Y, quieras que no, al final hace un poco malabares y pone bastante voluntad. De ahí que lo del premio Joven Promesa, aunque sea un reconocimiento pequeño, signifique algo tan grande e importante.

Un campeón modesto

Iker también nos explica que durante el año organiza su preparación por ciclos: de marzo a septiembre centra el trabajo en el trail; de septiembre a marzo, el esquí de montaña gana protagonismo. Actualmente forma parte del programa de tecnificación de la selección asturiana pero también es corredor del Grupo de Montaña Picu Pienzu, del que también es socio y voluntario. Además, está muy implicado en el Trail local de La Cerica, colaborando en la organización y en lo que haga falta. Para él, competir y devolver a casa lo aprendido van de la mano.

En cuanto a resultados, aunque se empeñe en restarles importancia y asegure que la pasada temporada «no fue especialmente buena», el currículum habla solo. Ha logrado importantes puestos en campeonatos y copas de España, tanto en individual, como en sprint o relevos mixtos. Y en el ámbito de carreras de montaña es igual que un gamu: campeón de Asturias en kilómetro vertical, se nota (pero bien) que es un guaje que lleva lo de correr en la sangre y que tiene en su ADN esa esencia única que emana de la Sierra del Sueve y del Pienzu, a los que mira a diario, por los que entrena a menudo y a cuyos pies nació.

Eso sí, no se lo tiene nada creído. Más bien al revés. De hecho, aunque está muy orgulloso con su premio dice con la boca chica que no sabe por qué se lo dan y que le causó sorpresa. Sin embargo, desde el jurado de la Gala del Deporte de Parres lo tienen muy claro: no es nada fácil encontrar jóvenes con un recorrido deportivo tan sólido, una determinación tan clara y, al mismo tiempo, una implicación tan directa con el deporte base del concejo. Valoran su pertenencia a programas de tecnificación, su presencia en la selección asturiana, su compromiso con clubes y pruebas locales y, sobre todo, que sea un ejemplo cercano para otros chavales —y no tan chavales— que empiezan o que dudan.

Iker San Martín García. | Xuan Cueto

Iker escucha todo esto con cierta perplejidad y una sonrisa sincera. No es falsa modestia: realmente le cuesta verse desde fuera. Quizá porque sigue sintiéndose, ante todo, un chaval normal de Arriondas que estudia, entrena y vuelve a casa a la hora de cenar. El deporte, aunque estén llegando logros, sigue siendo algo con lo que disfruta. Eso sí, se reconoce competitivo. Y dice que una de las cosas que más le gustan de su deporte es que todo depende de sí mismo: no hay conflictos de equipo, sólo metas que va superando y le dan una satisfacción enorme.

El futuro

Al preguntarle por el futuro, responde rápido: quiere ser profesor de Educación Física y entrenador de la selección asturiana. No lo dice como quien lanza una idea al aire, sino como quien ya se ha imaginado en ese lugar. Le atrae enseñar, acompañar procesos, animar a otros chavales y ayudarles a encontrar en el deporte lo mismo que él ha encontrado: equilibrio, disciplina, confianza y una forma sana de canalizar la energía.

En cuanto a referentes, menciona a Kilian Jornet, pero enseguida vuelve a casa: su padre es su gran ejemplo porque le enseñó a amar la montaña y a disfrutar con el deporte, además de haberle apoyado siempre y haberle transmitido que las cosas importantes se construyen despacio, con constancia, sin dejar de tener los pies en el suelo ni de llevar la educación (y la sonrisa) por bandera. Además, nombra también a su madre: su apoyo, su organización y su calma son fundamentales. Ellos son sus grandes pilares.

Iker San Martín García. | Xuan Cueto

No, Iker no habla de palmarés, de récords ni de metas lejanas ni enormes. Él habla de seguir mejorando, del disfrute que se desprende del deporte, de hacerlo lo mejor posible y de no perder lo que considera esencial. Habla de seguir viviendo en Arriondas, cerca de los suyos y de las cosas de siempre que tanto le gustan. Habla de tranquilidad y de un futuro siendo profesor en el mismo instituto en el que hoy estudia. Habla de cosas sencillas que para él son talismanes.

El premio de Joven Promesa Deportiva llega, así, como un empujón amable. Un gesto que reconoce lo ya hecho, pero que también señala un camino y una forma tranquila de trazarlo. No tanto hacia un podio concreto como hacia una manera de estar: la de un chaval disciplinado, cercano, educado y con chispa que entiende el deporte como parte del carácter y valora vivir en su pueblo como una ventaja y una ayalga.

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