Los alumnos del colegio público de Las Arenas se adentran en las experiencias de las mayores del concejo dentro del proyecto ‘Mujeres Rurales de Cabrales’, impulsado por la asociación El Prial
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Carmen, Teresa, Sofía, María Josefa, María Julia, Santa, Rosa, Isidora, Florentina, Águeda, Benita y Elsa son alumnas aventajadas en la compleja asignatura de vivir.
Lo son en parte por la experiencia que dan los años y en parte porque a todas ellas la vida les planteó los más difíciles exámenes.
Son vecinas de Cabrales que superan los 80 años, ejemplos de mujeres fuertes y luchadoras a las que siempre merece la pena escuchar.

Y eso, escucharlas y aprender de sus historias, es precisamente lo que están haciendo los alumnos del colegio público de Las Arenas dentro de una actividad intergeneracional del proyecto ‘Mujeres Rurales de Cabrales’, desarrollado por la asociación El Prial con la colaboración de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar.
Tras pasar en los últimos meses por el Centro de Día de Arenas y la antigua escuela de Asiegu, la exposición ‘Mujeres Rurales de Cabrales’ luce ahora en el colegio, donde los estudiantes tuvieron un primer contacto con sus mayores a través de las historias de vida recopiladas por Mara Llamedo y los retratos de Xuan Cueto.

Encuentro entre generaciones
Este miércoles llegó el momento de conocerlas en persona. Hasta el colegio se desplazaron siete de las doce mujeres que integran la muestra —Isidora Posada Díaz, Carmen Prieto Pereda, Santa Niembro Pérez, Benita Gómez Gonzalo, Teresa García Gonzalo, Rosa Herrera Campo y María Josefa Alonso Mier—, dispuestas a compartir su sabiduría.
Recibieron de los pequeños preguntas principalmente de sus infancias, desde sus experiencias en la escuela a qué comían, a qué jugaban o la cantidad de nieve que caía en los inviernos de antaño.
A la escuela, coincidieron, por desgracia fueron poco. A la mayoría de ellas las desescolarizaron entre los 6 y los 10 años para empezar a trabajar, sobre todo cuidando del ganado. Con apenas 10 años algunas ya partieron al puerto, totalmente solas. Para acallar el miedo que sentían, les contaron, tenían como truco ponerse a cantar.

Sobre los juegos, recordaron que nunca tuvieron tantos juguetes como los que existen hoy en día. Con suerte, muñecas de trapo o alguna canica. Cuando nevaba —y en los inviernos de su niñez lo hacía en abundancia—, su divertimento eran los «santos». Eso sí, explicaron, la nieve también implicaba trabajo, porque tenían que retirarla cuando dificultaba el paso, incluso haciendo túneles.
Sobre la comida, respondieron que comían «todo natural, no como ahora, que es todo artificial». Al criarse en pueblos, en familias con ganado y huerta, no llegaron a pasar hambre, pero sí muchas otras necesidades, sobre todo en la posguerra, cuando «no había de nada».

La guerra fue, precisamente, una de las cuestiones por las que más interés mostraron los pequeños. En estos tiempos convulsos vuelven a resonar inquietudes como las bombas que cayeron en Cabrales. Incluso alguno preguntó si eran bombas nucleares.
Como anécdota, María Josefa les contó que su hijo encontró en una ocasión una bomba sin detonar y que la bajó él mismo al cuartel.
Vida en el puertu y emigración
En un concejo como Cabrales no faltaron las preguntas sobre la vida en el puertu, cuidando del ganado y elaborando queso. Las mujeres, muchas de ellas pastoras y queseras, respondieron con todo lujo de detalles. Desde el tamaño de sus rebaños hasta cómo criaron a sus hijos en los pastos altos, sin agua ni electricidad y compaginando el cuidado de la familia con el de los animales.

Los estudiantes también preguntaron si alguna vez habían salido de España. Algunas, como Carmen, tuvieron que emigrar. En su caso, a Suiza, donde pasó veinte años trabajando como limpiadora.
Consejos para no olvidar
De los estudiantes, además de curiosidad, cariño y admiración, recibieron algún que otro regalo, como flores y marcos con sus retratos decorados por los alumnos de Infantil.

Las actividades incluyeron, además, un cuento con las mujeres como protagonistas y ejercicios de preguntas y respuestas sobre sus historias de vida, conducidos por Sandra del Valle y Lucía Montes, técnicas de El Prial.

Para despedirse, las mujeres compartieron dos consejos: «estudiar mucho» y «menos móvil», junto a un recordatorio: para ellas la vida empezó mal, en tiempos de escasez y posguerra, trabajando de sol a sol, pero poco a poco el conjunto de la sociedad y sus propias circunstancias fueron mejorando. Pero los avances conseguidos, subrayaron, nunca deben darse por sentados, porque se puede volver atrás.
Anécdotas y lecciones de vida de quienes lo han vivido todo y desean que ninguna generación vuelva a pasar por lo mismo.






