Por las calles desfilaron ocho ramos, dos procedían de la villa de Posada, otro de Orione y cinco restantes de los cinco pueblos que forman la parroquia: Piedra, Quintana, Bricia, Lledías y Turanzas
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La villa de Posada celebró este domingo su fiesta en honor a la Virgen de la Candelaria, conocida por aquellos lares como la Candelera, que años ha hacía referencia a una especie de bolsa de contratación laboral porque era la fecha en la que se realizaban los ajustes para acudir a las tejeras castellanas en los meses de primavera y verano.
Dentro de la cultura cristiana, que bebe de la tradición judía, la fiesta religiosa de la Candelaria apunta a una advocación mariana que simboliza la luz y las candelas: la Presentación de Jesús en el templo y la Purificación de la Virgen.
La fiesta en honor a la Candelaria se inició en Posada con un extenso desfile folclórico que recorrió la arteria central la villa, del colegio de Don Orione a la iglesia parroquial. Del cortejo formaban ocho ramos de pan que eran una alegría ve pasar, ceñidos y primorosamente adornados con ramas de mimosa. Dos procedían de la villa de Posada y otro de Orione, mientras que los cinco restantes llegaron desde los cinco pueblos que forman la parroquia: Piedra, Quintana, Bricia, Lledías y Turanzas.
Encabezaba la comitiva la banda de gaitas L’Alloru, procedente de Balmori y dirigida por Julián Herrero ‘El Marineru’. Seguían los ocho ramos de pan y medio centenar de mujeres tañendo la pandereta al compás de dos tambores en manos de Priscila Alonso y Ana Sobrino. Del cortejo sacro formaban parte una jaula con dos palomas a hombros de cuatro niñas, la efigie del Niño Jesús de Praga y las andas con la imagen de la Virgen de la Candelaria, con una vela en la mano derecha y el Niño sentado en su regazo. El párroco, José París, y una legión de devotos y romeros cerraban la comitiva.
La misa posterior fue cantada por el joven tenor llanisco Néstor Díaz González y acompañada en momentos puntuales por el coro de residentes en Don Orione, dirigido por el diligente Javi Campos.
Las numerosas fiestas que se celebran a lo largo del año en el concejo de Llanes tienen origen católico, beben en la tradición cristiana y judía. Así que, además del folclore, las mesas repletas de sugerentes platos con recetas de Arguiñano, las romerías y verbenas, los cubatas y el botellón, conviene saber la esencia de esas celebraciones. La Presentación de Jesús en el templo tuvo lugar el 2 de febrero, a los cuarenta días de su nacimiento, ofreciendo un pequeño sacrificio (dos pichones) para cumplir la ley de Moisés. La Purificación de la Virgen se realiza conjuntamente con la Presentación del primogénito varón, en este caso Jesús. El Evangelio apunta a tres requisitos: espera de cuarenta días tras el parto, realizar una ofrenda y consagrar al primogénito en memoria del pueblo de Israel.


















