La acaban de nombrar Joven Promesa del deporte de Parres y dice que está emocionada. Quedamos con ella para verla escalar y conocerla un poco. Con sólo 14 años, ligera y de ojos enormes, Sandra lleva por dentro la fuerza de un gigante
Tiempo de lectura: 7 minutos
Tiene 14 años, cursa 3º de la ESO y es una estudiante brillante.
Es ligera, menuda, de ojos grandes y gestos suaves. Una niña dulce que, a primera vista, nadie relacionaría con fuerza. Sin embargo, sólo hace falta verla en su terreno para comprobar que Sandra es ágil, rápida, viva y fuerte como una ardilla. Basta verla escalar, con elegancia y destreza, para deducir la garra enorme que hay dentro de ella. Se mueve con seguridad, casi sin ruido, apoyando los dedos y los pies en piezas diminutas para desplazarse verticalmente con facilidad pasmosa. Da gusto verla.
Hemos quedado con ella en el rocódromo de Arriondas, interrumpiendo durante un rato uno de sus entrenamientos con el Club de Escalada El Sueve. El espacio —amplio, bien equipado y muy vivo— es ya un pequeño referente en la zona. Y no es casualidad. Hace más de cinco años, la llegada de su entrenadora, María Saro, impulsó las clases de escalada en el polideportivo. La acogida fue tan buena que hoy hay lista de espera. Sandra se apuntó desde el primer año. Desde entonces no ha dejado de entrenar.
Eso sí, aclara que no entrena buscando ser la mejor ni por demostrar nada. Ella acude a los entrenamientos, busca perfeccionarse y avanzar porque le gusta, porque escalar y correr la hacen sentir bien; porque —de alguna manera— es algo que está en su vida, desde siempre: un «vicio» inculcado en casa que ella heredó con gusto y alegría.

Y claro, pasito a pasito, sin abandonar la disciplina ni el pulir la técnica, Sandra ha ido medrando deportivamente: actualmente forma parte del equipo de tecnificación de carreras por montaña de la FEMPA, entrena varias horas a la semana con María en el Club de Escalada El Sueve de Arriondas y, además, pertenece al Club de Atletismo de Cangas de Onís, donde entrena otros dos días y algunos fines de semana.
A todo eso hay que sumar competiciones, desplazamientos y estudios. Y aun así, Sandra transmite calma y serenidad: una pequeña ardilla sentada en una rama al sol en un descanso de su labor enérgica. Un pequeño animalillo con capacidades extraordinarias.
Disfrutar superándose
Cuando se le pregunta cómo se organiza, responde con naturalidad enumerando su rutina: va al instituto, hace deberes, trabajos y exámenes, entrena, compite…Pero también tiene tiempo para quedar con sus amigas, para leer, para ver películas… Al final, no considera que sus quehaceres tengan nada de asombroso. Y aunque se reconoce buena en sus deportes y admite que disfruta superándose, no tiene ninguna presión encima y ni siquiera sabe muy bien a qué se dedicará en el futuro. Tiene tiempo de pensarlo. Ahora mismo está experimentando. Viviendo el presente, disfrutando y no poniéndose metas demasiado grandes. Lo único que tiene claro es que el deporte siempre va a formar parte de su vida, forme parte de su profesión futura o no.

Sandra practica dos disciplinas exigentes: escalada y trail. Ambas requieren fuerza, resistencia, técnica y cabeza. Y ambas las combina con una sorprendente naturalidad. Su currículum deportivo, pese a su corta edad, es sólido y variado. Se subió al pódium a recoger el bronce en la Copa de Asturias Sub15 de escalada 2024-2025 y cosechó un flamante primer puesto en la Liga Climbat de Avilés esta temporada.
Además, en trail formó parte de la selección asturiana en 2024–2025 y fue tercera juvenil en el Trail Valle del Abeduriu, segunda juvenil en el Trail Coro Musel y segunda sub16 en el cross escolar de Panes. Además, ha sido seleccionada en grupos de tecnificación federativa en ambas disciplinas.
Un referente cercano
Desde el jurado de la Gala del Deporte de Parres lo tienen claro: Sandra Bulnes es galardonada como Joven Promesa Femenina porque no es habitual encontrar a una deportista tan joven destacando a tan alto nivel en dos deportes distintos, con ese grado de competitividad, compromiso y constancia. También valoran que sea un referente cercano para otras chicas jóvenes y un ejemplo de que las mujeres pisan fuerte y tienen mucho que decir y que mostrar en disciplinas deportivas tradicionalmente masculinizadas.
En este camino, el papel de su entrenadora ha sido clave. De María Saro, Sandra no solo ha aprendido técnica o preparación física: también ha aprendido que no hace falta imponerse para ser fuerte. Que se puede escalar con dulzura y garra a la vez. Que alguien pequeño, aparentemente frágil, puede aunar la fuerza de un gigante.

Sandra también tiene muy claros sus apoyos. Su gran referente es su padre, Juan. Con él empezó a correr y a escalar en roca desde muy pequeña. Juntos participaron en competiciones locales, viajaron, compartieron preparaciones y carreras… De él le viene el amor y respeto profundo que siente por el deporte. Además, también menciona a su madre, Mónica, definiéndola como pilar fundamental, apoyo constante y presencia.
Entre sus apoyos más cercanos también está su amiga Elia. Escalan juntas desde los inicios de las clases en Arriondas y entre ellas se ha formado un vínculo muy especial. Sandra la menciona como alguien importante: cuenta que siempre que está compitiendo, escucha a Elia animándola a voz en grito. Y que ella procura hacer igual cuando su amiga compite.

Entre ellas jamás ha existido la rivalidad, a pesar de que coincidan en algunas competiciones y pruebas: tienen una alianza. Se sujetan fuerte la una a la otra, tanto en la pared como fuera de ella. Y eso ya es un gran premio extraído de la experiencia deportiva.
Sandra también cuenta que le gusta mucho ser de Arriondas. Sabe muy bien que vivir en un pueblo así, apartado y pequeño, la aparta también en cierta manera de grandes instalaciones o más oportunidades de profesionalización deportiva. Aun con eso, si le das a escoger, escoge el pueblo: sus amigas de siempre, el entorno en el que creció…son cosas que valora mucho, que define como seguridad e impulso. Son sus raíces.
La actitud de una campeona
Sobre el premio que el Ayuntamiento y el Área de Deportes de Parres le acaban de conceder, comenta que no se lo esperaba, pero que le resulta muy emocionante: una recompensa muy guapa a todos esos pequeños esfuerzos que hace, cada día, para mejorar deportivamente. Un reconocimiento que le causa una honda alegría. Y es que, en realidad, lo de ser nombrada Joven Promesa Deportiva no va únicamente de palmarés, ni de resultados. Va de actitud. De una forma de estar. Va de constancia y humildad. Va de ser un pequeño gran ejemplo para el deporte base y para otros jóvenes del concejo. Y todas estas características se dan, a la vez, en Sandra.
Ella, no obstante, es humilde y dice que no sueña con medallas olímpicas ni con vivir del deporte. Que aunque muchos le dicen que tiene futuro ahí, ella no se ve. Aunque claro, si llega eso, de maravilla. Pero ella soñar, no sueña en términos grandes. Al menos, todavía. De momento —afirma— su único sueño inmediato es seguir haciendo lo que le gusta, sin renunciar a vivir en Arriondas, estar cerca de todos los suyos y ser una chica «normal» camino de los quince años.

Ella sueña con seguir labrando su caminito sin prisa, al trote por las montañas y escalando, sin perder el equilibrio ni el respeto por las raíces que la sustentan.
Y así, igual que escala —sin aspavientos, con naturalidad, tranquila, elegante—, Sandra demuestra con solo 14 años que la fuerza no tiene que ver con la apariencia. Que se puede ser ligera, fina, con ojos grandísimos y cara de niña buena, y llevar por dentro una determinación enorme. Una de esas personas pequeñas que avanzan sin hacer ruido, pero que llegan muy lejos. Como una ardilla que conoce bien su terreno y no necesita demostrar nada para saber de lo que es capaz.






