No es un especial del 8M

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Es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y durante unas horas o unos días, el foco se coloca en la mitad de la población mundial.

Podríamos publicar hoy un reportaje sobre mujeres porque ‘toca’, porque la agenda lo señala o porque la efeméride lo exige. Pero no lo haremos. No lo haremos porque si algo caracteriza a este medio desde su nacimiento es que las mujeres nunca han sido aquí una excepción ni una cuota reservada a un día concreto del año.

Las mujeres están en EL 21 siempre.

Hortensina González y su hija Charo Peón, guardianas de la huerta y la castaña en Parres. | Xuan Cueto

Están en las historias que hablan del territorio, de quienes sostienen explotaciones ganaderas o mantienen vivo el sector primario. Están en las creadoras que alimentan la cultura desde los pueblos, en las deportistas que compiten lejos de los focos mediáticos, en las vecinas que conservan la memoria de las tradiciones o en las profesionales que impulsan proyectos que transforman esta tierra.

Covadonga Fernández, quesera de Gamonéu, y su saga de mujeres. | Xuan Cueto

No aparecen en estas páginas porque sea 8 de marzo. Aparecen porque forman parte esencial de la vida en Asturias. Porque han sido y siguen siendo pilares sobre los que se sostiene el día a día de los pueblos.

En estos más de dos años de vida, EL 21 ha tenido la suerte de sentarse a conversar con muchas de ellas: mujeres de perfiles distintos, edades diferentes y trayectorias únicas, pero unidas por un mismo hilo conductor, el de construir comunidad desde lo cotidiano.

Concurso ganadero de Santa Teresa, en Piloña. | Gloria Pomarada

Las historias que recopilamos a continuación no nacieron pensando en una efeméride. Surgieron simplemente porque merecían ser contadas. Y, juntas, componen un pequeño mosaico que ayuda a entender mejor la fuerza, la diversidad y el papel imprescindible de las mujeres en nuestra sociedad.

Las que estuvieron siempre

Antes de que se hablara de emprendimiento, resiliencia o liderazgo rural, ellas ya lo practicaban cada día sin ponerle nombre.

Son las mujeres mayores de nuestros pueblos. Vecinas de concejos como Piloña, Ponga o Cabrales que crecieron en un tiempo en el que la vida venía marcada por la escasez, por las heridas de la guerra y por la necesidad de salir adelante con lo que hubiera. Muchas tuvieron que emigrar, otras sostuvieron la casa, la familia y el trabajo del campo al mismo tiempo. Todas aprendieron pronto que el día empezaba antes de que saliera el sol y terminaba mucho después de que se apagara la luz de la cocina.

Pastora en el primer día de subida del ganado a la Montaña de Covadonga. | Xuan Cueto

Trabajaron, cuidaron a sus mayores, criaron hijos y mantuvieron vivas las comunidades rurales en años difíciles. Innovaron cuando innovar era simplemente encontrar la manera de que todo funcionara. Emprendieron cuando emprender significaba abrir camino sin que nadie hablara todavía de emprendimiento.

Queso Gamonéu, hecho con manos de mujer. | Gloria Pomarada

Y, sin embargo, casi nunca ocuparon titulares.

Durante décadas, sus historias se quedaron en la memoria de las casas, en las conversaciones alrededor de la mesa o en los recuerdos de quienes las conocieron. Por eso tienen tanto valor iniciativas que hoy buscan rescatar esas trayectorias y colocarlas en el lugar que merecen.

Inauguración de la exposición ‘Mujeres Rurales de Cabrales’. | Gloria Pomarada

Es el caso de la exposición ‘Mujeres rurales’ impulsada por la asociación El Prial, con la que EL 21 ha tenido la suerte de colaborar. Un proyecto que pone rostro y voz a muchas de esas vidas discretas.

Mujeres Rurales de Cabrales: doce historias para contar un concejo

También los ayuntamientos están saldando esa deuda colectiva con reconocimientos como el de paisana o mujer del año.

Mari ‘La de la Reboria’: fortaleza y remangu

Mujeres como Mari o Alicia, piloñesas con mucho remangu que decidieron emprender en su propia tierra cuando hacerlo no era precisamente el camino fácil.

Alicia Rivera, mujer de ingenio y negocios

Esas mujeres son el faro que debe guiar el camino.

Mujeres que invitan a parar y escuchar

Hay entrevistas que nacen pegadas a la actualidad. Un premio, un reconocimiento, un proyecto que empieza o una trayectoria que merece ser contada. Pero, a veces, esas conversaciones terminan yendo mucho más allá del momento que las motivó.

En EL 21 hemos tenido la suerte de sentarnos con algunas mujeres de esas que obligan a escuchar despacio. Mujeres a las que es imposible situar dentro de una sola categoría porque son muchas cosas al mismo tiempo, porque su forma de estar en el mundo no cabe en una sola etiqueta.

Sonia Estrada Copín: «Si te quieres quedar, no te vayas. Que no te deslumbre una imagen de vida mejor. Porque la vida es vida en todos los lados»

Ahí está la piloñesa Sonia Estrada Copín, cuya trayectoria mezcla compromiso con el territorio, con lo público, con la gaita, con la ganadería. O la llanisca Marta Elola, que transita con naturalidad entre la música, la investigación y la defensa de la cultura asturiana. También la cabraliega Rocío Bueno, ligada al mundo del queso, al emprendimiento y a una forma muy consciente de entender la vida en el pueblo.

«Que seas mujer, que cantes una estrofa de Virginia Woolf y que esté en asturianu es incómodo»

Gaiteras, queseras, sanitarias, emprendedoras, historiadoras, cantantes. Y, al mismo tiempo, mucho más que todo eso.

Rocío Bueno: Premio Muyer Rural del Oriente 2025

Porque si algo tienen en común es la capacidad de formular preguntas incómodas, de lanzar reflexiones que no se agotan en el titular ni en la noticia del día. Frases que quedan resonando mucho después de haber terminado la lectura.

Deportistas que rompen barreras

Durante mucho tiempo, el deporte fue uno de esos territorios donde las fronteras parecían trazadas e inamovibles.

En muchos lugares, no hace tantos años, había disciplinas que se consideraban simplemente cosa de hombres. Y pocas cosas parecían tan improbables como ver a una niña jugando al fútbol, compitiendo en la montaña o ocupando espacios deportivos tradicionalmente masculinizados.

Tania Fernández y Tania Álvarez ‘Las Tanias’, ganadoras del 87 Descenso Internacional del Sella. | Xuan Cueto

Pero los tiempos cambian. Y, sobre todo, cambian porque alguien decide dar el primer paso.

La piloñesa Isina Corte fue una de esas pioneras. Cuando empezó a jugar al fútbol sala en Piloña, todavía no era tan evidente que ese camino pudiera llevarla lejos. Hoy es futbolista profesional en la Primera División de la Liga F española.

Isina Corte: del fútbol sala de Piloña a la primera división femenina

Detrás vienen nuevas generaciones que pisan fuerte. Jóvenes como la parraguesa Sandra Bulnes, una auténtica promesa de la escalada a sus 14 años. O deportistas que han consolidado su nombre en disciplinas tan exigentes como las carreras de montaña, caso de la piloñesa Greta García.

Sandra Bulnes del Cueto: la fuerza y determinación enormes de una pequeña ardilla

Las jóvenes vuelan alto. Y lo hacen en un contexto muy distinto al de hace unas décadas: pueden elegir, probar y practicar el deporte que quieran sin cargar —al menos no tanto— con los prejuicios que durante años marcaron el terreno de juego.

Greta García Morán: la reina de las carreras de montaña

Entre todas esas historias hay una especialmente simbólica que EL 21 ha seguido de cerca. La de otro deporte que durante generaciones pareció reservado casi en exclusiva a ellos: los bolos asturianos.

La riosellana Isabel Casado jugando a los bolos. | Gloria Pomarada

En Piloña, gracias al impulso de la asociación Algame y al empeño de Armando Alonso, algo está empezando a cambiar. Mujeres del concejo —y también de fuera— se han acercado a la bolera para aprender, probar y, sobre todo, disfrutar de un juego profundamente arraigado en la tradición asturiana.

Ellas también juegan a lo bolos asturianos: Piloña activa la cantera de mujeres

Algunas acuden cada semana, simplemente movidas por una afición que crece poco a poco. Otras, como Laura Pliego e Isabel Casado, han dado ya un paso más y compiten como parte del primer equipo mixto de la Peña Bolística Piloñesa.

El mixto perfecto: cómo la peña de bolos de Piloña rompe barreras y une a hombres y mujeres en el mismo equipo

Cultura contra el olvido

La cultura también es un territorio desde el que mirar el pasado con otros ojos y recuperar historias que, por diferentes motivos, quedaron al margen del relato oficial.

Una de ellas es la que propone el corto de animación ‘La diva, mi abuela y yo’, estrenado en la última edición de la Seminci de Valladolid. En él, la cineasta parraguesa Inés G. Aparicio traza un delicado puente entre generaciones a través de tres mujeres: ella misma, su abuela Esperanza y la mítica cupletista Lilián de Celis. Memoria familiar, cuplé y feminismo se entrelazan en una pieza que demuestra cómo las historias más íntimas pueden dialogar también con la historia cultural de todo un país.

La bella «marcianada» de escuchar a una güela

Otra vida rescatada del olvido es la de Regina Sánchez Valdés, conocida artísticamente como ‘La Asturianita’, protagonista del libro homónimo de Pilar Sánchez Vicente. Durante décadas su nombre permaneció en la penumbra, pese a que su trayectoria parece sacada de una película: una mujer sin brazos que recorrió escenarios de más de 42 países como artista internacional.

‘La Asturianita’: la vida de una mujer fascinante hecha novela

Historias así obligan a preguntarse cuántas vidas extraordinarias quedaron fuera del foco simplemente por haber nacido mujeres.

Las que sostienen la fiesta

Hay un territorio especialmente complejo cuando se habla del papel de la mujer: el de la cultura tradicional. Un espacio en el que conviven memoria, identidad, costumbre… y también debate.

En EL 21 seguimos muy de cerca, pisando el terreno y fiesta a fiesta, los festejos populares del oriente asturiano: procesiones, ramos, bailes, celebraciones que se repiten año tras año y que forman parte del pulso de los pueblos. Y en todos ellos hay una constante que a menudo pasa desapercibida: la presencia de las mujeres como pieza central.

Día grande de La Magdalena, en Llanes. | Xuan Cueto

Han estado y están en la preservación de las propias fiestas y de muchos de sus elementos singulares. También en el cuidado y transmisión de la indumentaria tradicional, que es mucho más que una cuestión estética: es memoria, conocimiento y patrimonio vivo. Ahí están, por ejemplo, el traje de llanisca y el de porruano, declarados Bien de Interés Cultural Inmaterial, que siguen vistiendo muchas mujeres en celebraciones y romerías.

Mozas de llanisca durante los bailes del día grande de San Roque, en Llanes. | Xuan Cueto

O el caso, menos conocido, del traje tradicional de Cabranes, cuya historia contamos en EL 21. Durante mucho tiempo quedó prácticamente olvidado, hasta que hace tres décadas comenzó un proceso de recuperación impulsado precisamente por investigadoras y vecinas del concejo que decidieron reconstruirlo pieza a pieza, memoria a memoria.

El Traje de Cabranes: el singular atuendo en negro que volvió de los arcones

En los últimos años también han surgido preguntas. Críticas, reflexiones, dudas sobre cuál debe ser el papel de la mujer en las tradiciones del siglo XXI. Si los roles deben seguir siendo los mismos o si, por el contrario, las escenificaciones festivas deberían abrirse a nuevas formas de participación.

Joven y única mujer participante en el concurso de cabruñu de la fiesta del Segador, en Benia. | Gloria Pomarada

El debate existe, y probablemente seguirá existiendo. Porque las tradiciones, como la vida, no son algo inmóvil.

Pero tampoco conviene olvidar algo esencial: las mujeres han tenido espacio en las fiestas incluso cuando en muchos otros ámbitos apenas lo tenían. Han estado en los bailes, en las procesiones, en los ramos, tocando la pandereta o sosteniendo buena parte de la organización invisible que permite que cada celebración vuelva a levantarse cada año.

Y, en muchos casos, gracias a ellas la fiesta sigue viva.

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