La joven ofreció una charla en el IES Rey Pelayo de Cangas de Onís para acercar al alumnado la realidad de las mujeres en Afganistán tras el regreso de los talibanes
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Un salón de actos de un instituto lleno de alumnos que escuchan a otra joven.
Si se miran bien, no son tan diferentes.
Ellos y ella pertenecen a la misma generación, la generación Z. Visten parecido, hablan parecido… Comparten incluso sueños similares: estudiar, conseguir un trabajo y una casa que les permitan vivir con dignidad, disfrutar con sus amigos, saber que sus familias están a salvo.
Pero para quienes escuchan, será, sin duda, mucho más fácil lograrlo.
Porque ella, quien les habla, es una refugiada afgana, Adela Omid; y ellos, quienes escuchan, estudiantes del IES Rey Pelayo de Cangas de Onís.
Una historia en primera persona
En una actividad promovida por el departamento de Filosofía, alumnos de primero de Bachillerato y tercero de la ESO tuvieron la oportunidad de conocer este lunes no solo la realidad de Adela, sino también la de su país y la de las mujeres afganas tras el regreso al poder de los talibanes.
Afganistán es un país marcado por una historia convulsa: guerras, invasiones de potencias extranjeras y sucesivos regímenes talibanes.
El 15 de agosto de 2021, los talibanes regresaron al poder y, con ellos, las violaciones de los derechos humanos, especialmente para las mujeres.

Según los informes de Amnistía Internacional —entidad con la que Adela colabora y que estuvo presente en la charla—, «los talibanes intensificaron sus ataques sistemáticos generalizados contra los derechos de las mujeres y las niñas […], discriminaron a los grupos etnorreligiosos […], reprimieron a los medios de comunicación independientes […], hubo ejecuciones extrajudiciales de personas detenidas y disidentes […], la falta de financiación puso en peligro servicios esenciales de atención sanitaria que proporcionaba la OMS, la discriminación restringió el acceso a la asistencia humanitaria de grupos étnicos y religiosos marginados y los desalojos forzosos repercutieron de manera desproporcionada en las mujeres y las niñas, especialmente las hazaras».
Infancia y educación en Afganistán
Pero, incluso antes del regreso de los fundamentalistas, ser una joven estudiante en Afganistán —hazara, como Adela— no era sencillo. Con el relato de sus primeros años de estudio, comenzó a trazar ante los jóvenes cangueses el abismo entre sus infancias.
Ella, explicó, empezó a ir a la escuela a los siete años. En su colegio «no había ni techo, ni mesas, ni sillas». Algún invierno, extremadamente frío, tuvo que estudiar «sentada encima de la nieve».
Tras esa primera etapa, su familia se mudó a Herat. Allí, el problema fue el nivel que la separaba de sus compañeros. «No sabía, por ejemplo, multiplicar, ni inglés, ni ciencias… El primer año me tocó trabajar mucho. Cuando llegaba a casa, seguía estudiando con mi padre. Estudiaba muchísimo y me encantaba», relató.
Gracias a ese esfuerzo, terminó el curso como «la segunda de la clase» y mantuvo ese rendimiento hasta finalizar el Bachillerato con una nota «de 9,8».
Ser mujer en la universidad
Aunque inicialmente había pensado en estudiar Enfermería o Medicina para ayudar a las mujeres —que en Afganistán solo pueden recibir atención sanitaria de otras mujeres—, finalmente se decantó por Periodismo. Quería, señaló, «dar visibilidad a los puntos más oscuros» de su país.
Ella misma se topó en sus primeros meses de universidad con esa parte más cerrada de la sociedad. Se mudó al sur del país para cursar sus estudios universitarios y el conflicto por el hecho de ser mujer estuvo presente desde el primer día. Un «hombre con barba» la obligó a salir del aula donde ya estaban sus compañeros —todos hombres— porque las mujeres «no pueden entrar antes que el profesor». Fue conducida a otra clase, donde había otras tres chicas. Con ella, cuatro mujeres entre 146 hombres.

En el segundo trimestre, una de ellas se casó y quedaron solo tres. «Ellas sabían que al acabar iban a casarse y no a trabajar. Pero yo sí quería trabajar de periodista», explicó.
Tras sufrir bajadas de nota injustificadas y continuos ataques a su forma de vestir —por no cubrirse todo el cuerpo y no llevar el hiyab—, Adela decidió regresar a Herat y cambiar de universidad.
La huida
En su ciudad llegó a trabajar en una radio, a conducir y a llevar una «vida normal». Hasta el regreso de los talibanes.
Para ella y su familia —hazaras y con miembros militares— comenzó una huida que iba a durar dos semanas, pero que se prolonga ya cinco años.
Salieron de Herat y cada día cambiaban de lugar. «Pensé que serían quince días y que volveríamos a casa». No fue así. Ese mismo mes de agosto, Adela y su madre lograron llegar al aeropuerto de Kabul para salir del país en condición de refugiadas.
La desesperación era tal, con «miles de personas intentando salir» de Afganistán, que ella se rompió una costilla tratando de acceder al aeródromo. El 23 de agosto de 2021, con 21 años y «toda la vida recogida en una mochila», llegó a España.
Una nueva vida en Asturias
«No sabía dónde iba a vivir», no hablaba español y se sentía «triste y desesperada». De aquellos días recuerda, sin embargo, el trato recibido en España, país que hoy considera su casa.
En Asturias llevan ya cinco años y, hoy, Adela, a base de estudio y esfuerzo, habla un español fluido, trabaja como auxiliar de geriatría y sostiene a su familia.
Es musulmana y no lleva velo «porque no quiere», aunque señala que todavía hay quien «mira raro» a las mujeres que sí lo llevan, como su madre.

Le preocupan el racismo en España y la vulneración de derechos humanos en Afganistán, dos realidades a las que pone voz y rostro con charlas como la del IES Rey Pelayo, en la que dejó una serie de reflexiones y peticiones para los jóvenes cangueses.
Entre ellas, que, independientemente de la raza, religión o procedencia, «somos todos humanos e iguales». Que es necesario «no olvidar a las mujeres y niñas afganas» y que lo que hoy parece lejano podría dejar de serlo.
Ella es el vivo ejemplo. «Trabajaba y tenía una vida normal. Pero la vida da unas vueltas que no puedes imaginar. Valorad las oportunidades que tenéis, estudiad y aprovechad el tiempo», les pidió Adela.


