El prestigioso jurista y escritor Philippe Sands ofrece en Noreña una conferencia sobre memoria, justicia internacional y derechos humanos en una parada insólita dentro de su agenda internacional
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Eran cerca de las diez de la noche cuando en el salón de actos de la Casa de Cultura de Noreña se sentía una carcajada general.
Tras casi dos horas de conferencia, la risa del público era la respuesta cómplice ante la inteligencia de la última de las preguntas de los asistentes: «Ahora que una ballena se ha tragado el Derecho Internacional, ¿lo escupirá vivo, como a Jonás?». Philippe Sands (Londres, 1960) esbozaba una media sonrisa y, rendido como los demás ante la pertinencia de la cuestión, respondió primero con un tajante ‘oui’, para extenderse más a continuación. El escritor, investigador y profesor en el University College de Londres desarrolló más tarde que, a pesar de la extremada delicadeza del panorama mundial, el derecho internacional prevalecerá. Estamos, argumentó, ante una potente tradición que, sin duda y a pesar de los altibajos, tiene vocación de permanencia, de reinvención.
La presencia de una figura como esta en Asturias es una feliz anomalía. La parada en pequeñas poblaciones, en este caso en una villa de la periferia ibérica, no forma parte de la cotidianidad de Sands, cuya ajetreada vida transcurre entre Londres, Bruselas y París. Precisamente por ello tuvieron un gran valor aquellas dos horas del martes, pues la conferencia de uno de los juristas internacionales de mayor reconocimiento en un pueblo de cinco mil habitantes constituye, a todas luces, un acontecimiento difícil de presenciar. De hecho, tras Noreña, Madrid sería su única parada en España. Al buen hacer de la Asociación Cultural ‘Contigo’, de Noreña, se debe todo ello.
Entre Noreña y la lucha contra Pinochet
En la génesis del acto está otro de los grandes luchadores chilenos contra la impunidad de los crímenes pinochetistas: Juan Guzmán Tapia, primer juez en procesar al general por crímenes contra los derechos humanos. Guzmán Tapia conservó desde 2007 una estrecha vinculación con Noreña y con la gente de Contigo, relación que perduró hasta el fallecimiento del juez chileno en 2021. Guzmán Tapia y Sands, a pesar de no conocerse personalmente, mantuvieron el mismo empeño, la misma trinchera desde donde defendieron, cada uno con sus propias armas, la causa de los derechos humanos. Sería la hija de Tapia, Sandra Garnier, la traductora del acto.

La conferencia de Sands, titulada ‘Reflexiones sobre Calle Londres, 38. Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia’, abordó la temática del último de sus libros. En ‘Calle Londres 38’, Sands explora las relaciones entre Walther Rauff —un nazi que encontró refugio en el patagónico pueblo de Punta Arenas— y Pinochet. Con un incisivo estilo narrativo, mezcla de investigación histórica y saber jurídico, construyó un gran artefacto de literatura de no ficción a través del cual indaga en el alcance de la justicia —nacional e internacional— para los crímenes de genocidio y contra la humanidad. No obstante, los asistentes tuvimos la oportunidad de pasear también por geografías europeas de la impunidad, pues Sands abordó las cuestiones de algunas de sus obras anteriores, como ‘Ruta de escape’ o ‘Calle Este-Oeste’.
Historia como novela policíaca
El libro de Sands es denso y está bien construido en su mezcolanza de investigación histórica, contextualización personal y conocimiento jurídico. Por esta obra titánica y ambiciosa, leída a ratos como ensayo, a ratos como novela policíaca, desfilan toda clase de personajes y se cuentan momentos emotivos y notables para la historia reciente de Chile. De entre esos momentos, dos destacan especialmente, en mi opinión.
En primer lugar, Sands narra cómo el día en que el tribunal británico falló contra Pinochet, el historiador inglés Eric Hobsbawm se encontraba en Santiago de Chile para impartir una conferencia. Dada la importancia de aquel momento histórico, interrumpieron la charla para escuchar la votación por televisión y Hobsbawm reconocía que «cuando habló el cuarto juez, pensé que habíamos ganado y me eché a llorar». Más tarde, Hobsbawm, el arquitecto Miguel Lawner y Hortensia Bussi —viuda de Salvador Allende— celebraron aquel momento en Isla Negra, en la que había sido la residencia de Pablo Neruda.

El otro momento nos sitúa en Londres, el 25 de noviembre de 1998. Allí, el dictador recibía la noticia de su detención y posterior procesamiento. Jean Pateras, la intérprete del caso y una de las protagonistas del libro, contó a Sands que Pinochet «se derrumbó y lloró delante de mí, sí». Era el día de su 83 cumpleaños. Una pequeña victoria moral en medio de un mar de impunidad.
Una llamada final al optimismo
Sands demostró a los asistentes que no es simplemente un gran jurista y un buen escritor, sino que posee también el don de la narración, desplegando una desbordante capacidad para hilar y contar historias ante un público absorto desde el primer momento.
Antes de firmar los libros de varias decenas de asistentes, Philippe Sands quiso terminar con una nota de optimismo ante la incertidumbre internacional, asumiendo que el proyecto es a largo plazo y que fructificará, a pesar de todo. Así que habremos de hacer caso al profesor: pensemos y trabajemos para que, a pesar de todo lo vivido en los últimos años, esa ballena —llamada Trump, llamada Netanyahu— escupa con vida un derecho internacional que respete la existencia del pueblo palestino, la soberanía de las naciones del planeta y los derechos humanos.






