Leer antes de reformar

La alianza entre El Prial y Casa Vecina impulsa en el oriente una metodología participativa para ayudar a nuevos pobladores y vecinos a afrontar la rehabilitación de viviendas con planificación y diagnóstico

Tiempo de lectura: 7 minutos
Uno de los talleres de Casa Vecina y Volver al Pueblo en El Prial. | Gloria Pomarada

Con una crisis de vivienda sin atisbo de solución en un país con más de 3,8 millones de casas vacías —más de 100.000 solo en Asturias—, rehabilitar y devolver la vida a esos inmuebles parece, a priori, una opción lógica.

Sin embargo, nada es sencillo en materia de vivienda. Y mucho menos cuando se trata de reformas.

Rehabilitar una vivienda es uno de esos procesos de los que nadie suele salir indemne.

Por desgaste físico, emocional, económico o por una combinación de todos ellos, el sueño puede convertirse fácilmente en pesadilla. Especialmente si el inmueble está destinado a convertirse en primera vivienda y, más aún, si esa casa es el eje que vertebra un proyecto vital, como el regreso a un pueblo.

Planos y mediciones elaborados en los talleres. | Gloria Pomarada

En esa situación de haber adquirido una casa antigua para empezar una nueva etapa se encuentran muchos nuevos pobladores del medio rural, pero también vecinos de siempre. El peaje a pagar para todos ellos es la temida reforma.

«Hay un montón de recursos que llevan cerrados mucho tiempo y que han perdido su función porque se han deteriorado o se han parcheado sin llegar a los estándares de confort o de habitabilidad que tenemos ahora. Y tenemos, por otro lado, a gente que llega nueva que quiere hacer su proyecto de vida. La rehabilitación es el punto que encuentra ese recurso en desuso con esa nueva vida», explica Mario Rodríguez, técnico del programa Volver al Pueblo de El Prial.

Un acompañamiento para ordenar el caos

A lo largo de sus ocho años de andadura, ese programa, desarrollado a escala nacional por la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (Coceder) y presente en el occidente y el oriente asturianos gracias a la Fundación Edes y la Asociación El Prial, ha abordado el problema de la vivienda desde diversos puntos de vista, como el alquiler.

Pero la casuística es más amplia y, dentro de esa labor de acompañamiento, en El Prial han comenzado a explorar otra vía: la rehabilitación.

Atydar a trazar un plan realista es uno de los objetivos el proyecto. | Gloria Pomarada

Lo hacen de la mano de Casa Vecina, un taller de arquitectura con base en el oriente asturiano cuyos impulsores están experimentando el problema en primera persona. Rafael Arellanes y Helena Roldán son nuevos pobladores, emprendedores… y sufridores de una de esas reformas malditas e imposibles.

«Nosotros también somos nuevos pobladores. Llegamos a tener a nuestra hija acá y a vivir, pero justo nos pasó lo mismo que a todos», explica Rafael Arellanes.

«Compramos una casa que pensábamos que estaba para entrar a vivir y, a la mera hora, había que cambiarle todo. Ya pasó un año entero desde que llegamos a comprar la casa y no hemos podido vivir ahí», continúa. «A partir de eso dijimos: ¿cómo ayudamos también nosotros a toda la gente que está pasando por lo mismo?», explica Rafael, arquitecto de profesión.

Rafael Arellanes analiza los detalles de una vivienda con uno de los asistentes al taller. | Gloria Pomarada

Para articular la respuesta, Casa Vecina se alió con Faciendo Pueblu, de El Prial, y así nacieron una serie de talleres desarrollados en Infiestu durante las últimas semanas. A ellos acuden nuevos pobladores, pero también emprendedores con proyectos que van más allá de la mera rehabilitación de una vivienda.

Podría decirse que enseñan a no empezar la casa por el tejado. Y, de forma indirecta y sin pretenderlo, también cubren otra necesidad igual de importante: la terapia de grupo.

Lo indispensable, lo necesario y lo deseable

«La intención es primero hacer una lectura de la casa para entender qué está mal, qué patologías tiene. Y después de eso, tratar de categorizar qué es importante y qué no, o qué es más urgente y qué no», explica Rafael.

Armados con corchos repletos de planos, fotos e hilos que los conectan —al más puro estilo del tablero de evidencias de las películas policíacas—, los arquitectos y los asistentes al taller van desgranando la realidad de cada vivienda. Para ello tienen en cuenta tres categorías: lo indispensable, lo necesario y lo deseable.

Tablero que utilizan en el taller para analizar las casas. | Gloria Pomarada

«Hay cosas que se tienen que consolidar, que son indispensables. Hay cosas que son necesarias para yo poder vivir ahí, hablamos de habitabilidad. Y hay cosas que son deseables, cómo yo quisiera que fuese. Esas tres categorías nos ayudan a aterrizar lo que necesitamos», detalla Rafael.

El objetivo es que, a partir de esa metodología y del diagnóstico resultante, «las personas, las familias, puedan afrontar la reforma o la recuperación de los inmuebles con una visión más amplia de lo que tienen que hacer». Y también, en un plano más puramente económico, «evitar parches y gastos dobles».

Rafael conecta hilos para trazar el plan. | Gloria Pomarada

«El objetivo final es reconocer la casa para entender cuáles son sus dolencias, qué es lo que queremos de ella y cuál tendría que ser el orden para ejecutarlo, para que se adapte a lo que yo tengo y a lo que yo necesito. Eso, evidentemente, solo lo saben las familias; por eso es importante que ellas participen en el proceso para aterrizar bien esas necesidades», señala el arquitecto.

Una solución colectiva para un problema compartido

Si bien Helena y Rafael ya habían trabajado anteriormente con ese sistema, es ahora cuando lo están implantando en Asturias a través de su proyecto Casa Vecina.

«Tanto Helena como yo ya hemos dado este taller, pero no específicamente aquí ni así. Lo que hacíamos antes era, en una escuela en línea, dar clases de arquitectura, de procesos de diseño y de taller de arquitectura para gente que quería estudiar y familias que tenían casas y querían recuperarlas. En el proyecto del taller de arquitectura que estamos iniciando aquí, en el oriente de Asturias, estamos tratando de llevar esa misma dinámica, pero ahora al territorio. Porque pensamos que vale mucho la pena que, si se les va a dar una segunda vida, esa vida esté bien trabajada, bien pensada y que el dinero de la gente valga», desgrana Rafael.

Por el momento, el resultado está siendo la búsqueda de una «solución colectiva» a un problema «común».

Fran Quesada, profesor de talla de El Prial, y Mario Rodríguez, técnico de Volver al Pueblo, en una de las sesiones. | Gloria Pomarada

«El problema es común para mucha gente. Por ejemplo, hay quien no consigue poner su casa en alquiler porque tiene que enfrentar esa reforma y es muy costosa. No es un problema del que llega nuevo para nada. O un montón de gente que a lo mejor tiene una casa familiar que podría ser su vivienda, pero no puede enfrentar la reforma o no sabe cómo enfrentarse a ella de golpe», ejemplifica Mario Rodríguez.

Por lo pronto, el siguiente paso llegará este mes de julio e implicará meterse en faena. El Prial ofrecerá talleres prácticos y gratuitos impartidos por el profesor de talla Fran Quesada, orientados a la reparación y el mantenimiento de herramientas, estructuras de madera o pequeñas construcciones.

Esta vez, la casa no empieza por el tejado.

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