El pueblo, con cuarenta vecinos y una quincena de barrios, recibe el Premio a Pueblo Ejemplar de Parres 2026 por su patrimonio, su historia y el esfuerzo colectivo por mantener viva la comunidad y asegurar su futuro
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De un flanco emergen los Picos de Europa. Del otro asoma la sierra del Sueve.
Siguiendo la carretera se llega, por un lado, a Cangas de Onís. Por el otro, a Arriondas.
En medio, una superficie de 5,20 hectáreas y cuarenta vecinos conforman Bada. Un pueblo privilegiado en lo geográfico y no menos rico en lo humano, dos características que le han hecho merecedor del premio a Pueblo Ejemplar de Parres 2026.

Su historia y, sobre todo, la forma en que sus habitantes siguen construyendo su presente son la fuerza de este pequeño núcleo, integrado por una quincena de barrios y lugares, todos con su correspondiente nombre: Beyu, Vistalegre, La Pedrera, La Casona, El Jondrigu, La Bolerina, La Picacera, El Valle, San Roque, L’Imperión, El Charcón de Abajo, El Charcón de Arriba, La Cuestaloya, La Llosa y La Llaniella.
Quince barrios y cuatro siglos de historia
Al adentrarse en sus calles, señales de madera preservan los nombres de esos enclaves. Algunos identifican lugares y edificios que forman parte de la memoria colectiva, como La Casona, cuya fachada conserva un blasón labrado y cuatro siglos de historia.

Las huellas del pasado abundan en Bada. No en vano, fue capital del concejo de Parres durante más de 65 años, repartidos en dos periodos: entre 1693 y 1756 y, posteriormente, entre 1759 y 1761. Por entonces, la Casona de la Pedrera albergó la sede del Ayuntamiento, además de ejercer como corte y cárcel. Este inmueble del siglo XVI es, además, el más antiguo de todo el concejo.
Hoy se encuentra en ruinas, para disgusto de sus vecinos, aunque todavía guarda una de las historias más sorprendentes del pueblo, que lo conectan directamente con Francisco de Goya.

En la casona vivió el juez Manuel Francisco de Noriega, padre de Antonio Noriega de Bada y Llerandi, nacido en marzo de 1769 en el barrio de Castañera y criado en Bada. Aquel niño que creció en el pueblo llegó a ser oficial de la Tesorería Principal de Rentas y tesorero general de la Corona durante el reinado de Carlos IV. En 1801, con motivo de su ingreso en la Orden de Carlos III, Francisco de Goya lo inmortalizó en un retrato que hoy atesora la National Gallery de Washington.

La capilla de San Roque, de mediados del siglo XVII, es el tercero de los grandes referentes patrimoniales del pueblo. Cuentan los vecinos en la memoria presentada al galardón que la última boda se ofició en 1982, la última comunión en 1987 y el último bautizo en 2015. Los tiempos cambian, pero la fiesta en honor a San Roque, celebrada por primera vez allá por 1652, sigue muy presente. De hecho, en torno a ella se articula la única asociación del pueblo.

La unión como seña de identidad
Si algo ha marcado la historia de Bada, más allá de sus edificios y sus episodios singulares, ha sido la capacidad de sus habitantes para actuar juntos. Ya lo demostraron en 1915, cuando los vecinos de la parroquia de San Juan de Parres se movilizaron para impedir que el concejo perdiese su nombre.
«El 22 de mayo de 1915 todos los vecinos de la parroquia de San Juan de Parres se opusieron a quien en el Ayuntamiento pretendía cambiar el nombre del concejo, abandonando el topónimo tradicional de Parres para que pasase a llamarse concejo de Arriondas», recuerdan en la memoria. Ganaron, claro está.

Fruto de ese mismo esfuerzo colectivo son obras como la traída de agua del siglo XX, levantada por los propios vecinos, que excavaron las zanjas y canalizaron el suministro desde los montes de Castillanes y, más tarde, desde las captaciones de Regüelvi.

Esa capacidad de organizarse no pertenece únicamente al pasado. Pese a su dilatada historia, Bada no es solo memoria y así lo defienden sus vecinos, convencidos de que el reto está en «construir un futuro juntos».

Ya no viven en los tiempos de antaño, cuando solo tres casas sumaban treinta niños, ni en aquellos años en los que el pueblo contaba con bar y bolera. Hoy son cuatro los niños que viven todo el año en Bada, una cifra que se eleva hasta quince durante los fines de semana y las vacaciones. El bar cerró en los años noventa y tampoco disponen de un espacio en el que reunirse. Pero ninguna de esas dos carencias les sume en el pesar. Al contrario, mejorar ambas realidades es precisamente uno de los mayores empeños de quienes hoy habitan el pueblo.

Un pueblo que se construye celebrando
A la fiesta de San Roque han ido sumando todo tipo de celebraciones: el partido de solteros contra casados, la parrillada de Beyu, el amagüestu, un Halloween en el que los niños recorren las casas al grito de «truco o trato», una San Silvestre infantil, el aguinaldo de Navidad e incluso unos Sanfermines. «No nos aburrimos», cuenta entre risas Cristina Carrillo, una de las jóvenes que más dinamiza el pueblo y la persona encargada de articular la memoria de la candidatura.

Todo lo que hacen, subraya Cristina, «es por los niños, para arraigar el sentimiento y que sigan queriendo estar y venir al pueblo. Y para que cuando sean mayores se animen a vivir aquí».

Ella misma es el mejor ejemplo de que el reto es realizable. Con raíces en Bada, pero nacida en Madrid, esta arquitecta de 29 años vive desde hace tres en el pueblo junto a su pareja. «Aquí se está muy bien. Al levantarte por la mañana y ver las vistas, ya se te pasa el madrugón», comparte. Bada, continúa, está además «muy bien posicionado, a minutos de Cangas de Onís, de Arriondas, del hospital, del médico y de los colegios. Oviedo queda a una hora y tenemos al lado la playa y el monte».
Con motivo de la canditatura a Pueblo Ejemplar de Parres, los vecinos más jóvenes grabaron este vídeo junto a los mayores. Bajo el título ‘Escuchar para conservar’, eúne los testimonios de varios de los vecinos más longevos de la localidad.
El reto de seguir haciendo pueblo
En Bada solo les falta una cosa: un centro social por el que ya están peleando. La idea del vecindario es levantarlo en un terreno situado detrás de la capilla. Un lugar de encuentro que permita consolidar la vida comunitaria a través de actividades, talleres o, simplemente, disponiendo de un techo bajo el que juntarse. Para hacerlo realidad tienen claro que necesitan dar un paso más y constituir una asociación vecinal, un proyecto en el que también trabajan.

A ambas metas les ha insuflado una renovada ilusión el premio a Pueblo Ejemplar de Parres, que recogieron este sábado en Arriondas, coincidiendo con el Certamen de la Castaña y los Productos de la Huerta. Hasta allí se desplazó una amplia comitiva de vecinos, entre los que no faltaron los más jóvenes. Para celebrarlo, escenificaron sobre el escenario una de las tradiciones del pueblo e hicieron sonar un bígaru, el instrumento que antaño se empleaba para reunir al vecindario.

Cuentan vecinas como Loli Criado o Amalita Coviella que, si por algo es ejemplar Bada, es por su «gente joven y entusiasta». «Gracias a ellos tenemos todo lo que tenemos, las fiestas, las reuniones… y ser Pueblo Ejemplar». Desde el lado de los jóvenes, añade Cristina Carrillo que lo que les mueve es la «unión y la ilusión». «Que los vecinos cooperen y se apoyen, eso es lo que hace un pueblo».

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