La Reverencia es uno de los actos centrales, una ceremonia en la que participan todas las mujeres vestidas de aldeana llanisca tañendo la pandereta y entonando ancestrales cantares a dos voces
Tiempo de lectura: 4 minutos
En esta mañana de sábado lucía el sol y hacía calor en Colombres, capital del concejo de Ribadedeva, durante la celebración de la fiesta de La Sacramental. Comenzaré por el final, lo último que vi, La Reverencia, una vistosa ceremonia en la que participan todas las mujeres vestidas de aldeana llanisca.
Formando tríos, más de la mitad de ellas entran en la iglesia parroquial, el resto no caben, y al compás de un tambor tañen la pandereta y entonan ancestrales cantares a dos voces. Unas veces lo hacen de pie y otras de rodillas. En la zona exterior marcaba el ritmo Lidia Martínez y a ella le pregunté qué significado tenía aquella formalidad. Esto me comentó: «Es una ofrenda al Santísimo por lo vivido durante el año y una súplica para que en el año venidero no falte salud, vida, pan y buena cosecha». Y matizó que «de todas las aldeanas, solo son seis las que se postran en primera fila delante de la Custodia y de este honor solo podrán disfrutar dos veces en su vida». Nunca nadie me lo había contado con tanto detalle.
La mañana festiva había comenzado con un pasacalles a cargo de la Unión Musical del Principado de Asturias, una banda llegada desde Oviedo y formada por más de veinte músicos bajo la batuta de Jesús Alberto Pacheco.
La misa solemne, solemnísima diría yo, fue cantada por el Coro Ribadedeva, dirigido por Asun Gutiérrez Gamo, y presidida por el párroco, Ignacio Pérez Perela, que vivía su primera Sacramental de Colombres en el cargo, y estaba asistido por varios sacerdotes, como el anterior párroco, Amador Galán, y José Antonio San Emeterio, que más tarde puso orden en la procesión luciendo una vistosa gorra blanca.
La procesión salió encabezada por los hermanos Fernando y David Gómez, gaitero y tamboritero, respectivamente, que forman el dúo «Sones del Nansa», con sede en Santander. No obstante sus raíces familiares están en Camijanes, localidad cántabra del municipio de Herrerías a siete kilómetros de Merodio, ya en la parte asturiana. Tras ellos aparecían dos ramos de pan artesanal, una docena de hombres ataviados de porruano y más de un centenar de niñas y mozas vestidas de aldeana llanisca. Seguía la Custodia bajo palio, los sacerdotes, la comitiva de la sociedad civil encabezada por el alcalde de Ribadedeva, Jorge Martínez Martínez, la banda de música e incontables fieles y devotos.
La Custodia, blandida por el sacerdote Amador Galán, efectuó paradas en cuatro altares a la vera del camino. Se detuvo en el domicilio de Agustín Cuenca, en el número 5 de La Calle. En la arteria dedicada a la memoria del médico Francisco Sánchez Noriega ‘Don Paco’, visitó las viviendas de Lupe Cabezas y María Lacalle.
Finalmente se detuvo en el palacio de Las Raucas, donde la comitiva fue recibida por las hermanas Mabel y Ana María Ybáñez Bernaldo de Quirós y su numerosa familia. Mabel, además de agradable y encantadora, es condesa de San Antolín del Sotillo, tercer título nobiliario más antiguo de España. La comitiva al completo regresó a la iglesia parroquial y allí, en el interior y en la explanada, se escenificó la ya descrita Reverencia.
Apretaba, angustiaba, el calor para el último acto matinal, la sesión vermú amenizada por la banda de música, que cumplió de sobra el contrato con la interpretación de quince piezas: ‘La panderetera’, ‘La danza del oso’, ‘Marcha de Brañes’, ‘La Capitana’, ‘New York, New York’, ‘Llorona’, ‘La vida sigue igual’, ‘Qué tiempo tan feliz’, ‘Mix de Fórmula V’, ‘Esa diva’, ‘Nardos’, ‘Noche entera’, y los pasodobles ‘David Campomanes’ y ‘El Portillo’, para finalizar con el Himno de Asturias.
Una mañana muy movida. De tocar el tambor, una herramienta que se estrenó para La Sacramental de 1972, se encargó Lucía Rodríguez Martínez.
















