Tras casi dos años de parón, la banda asturiana Mala Reputación vuelve a la carga con nuevo disco y conciertos. Al recién estrenado trabajo lo han llamado ‘Queda entre nosotros’. Y sí: suena a nuevo, pero conserva esa vibración tan suya de siempre
Tiempo de lectura: 6 minutos
Esta historia está cosida con un largo hilo. Un hilo de años, fuerte y bien enhebrado. Un hilo que cuatro chavales decidieron seguir allá por el final de los años 90 del pasado siglo. Un hilo llamado música.
Ellos lo encontraron casi de casualidad y decidieron tirar de él: no por ambición, no como un proyecto. Más bien fue una decisión tomada para pasar el rato, como quien queda para echar una pachanga en la plaza o se junta a jugar una partida sin demasiadas expectativas.
Lo que ocurre es que aquí, entre risas, acordes, algo de ruido y ensayos torpes, esos chavales descubren que pasa algo distinto. Algo que solo aparece cuando los cuatro coinciden tocando. Una especie de mecanismo invisible. Una vibración desconocida que activa electricidad y magia. Algo diferente.
Movidos por esa sensación, empiezan a construir algo que todavía no tiene nombre. Un artefacto improvisado que se va formando en cada reunión, que crece casi sin querer a base de pequeñas puntadas. Cada uno aporta lo que puede: uno trae nociones musicales, otro intuición pura, otro energía sin filtro, otro letras garabateadas en papeles sueltos. No hay jerarquías ni estructura clara. Pero hay algo que encaja.
Y así, sin demasiada conciencia de ello, consiguen que ese artefacto empiece a moverse.
Primero sobrevuela la zona de Cangas de Onís. Después empieza a aterrizar en pueblos cercanos. Luego en pequeños festivales, en salas, graban una maqueta que empieza a rular con éxito…
Cuando quieren darse cuenta, es el año 2000 y aquel artefacto tiene ya una forma reconocible: se llama Mala Reputación.
Y aunque por fuera pueda parecer una banda de rock ‘de pueblu’, de las que ensayan en un garaje y tocan en pubs locales, su esencia tiene algo que no hay en otras partes. Una manera de vibrar distinta que engancha tanto a quienes la forman como a quienes la escuchan.

En esa época llega el primer disco. Un disco de verdad, de esos que se graban con conciencia, amparados por profesionales con experiencia. Su título fue Ansiedad. Doce canciones grabadas en los estudios Babysu de Arriondas que terminaron de dar forma a todo aquello que venía creciendo desde atrás.
Aquel disco se convierte en una base sólida sobre la que empiezan a despegar. Y todavía hoy, casi tres décadas después del inicio de esta historia, algunas de aquellas canciones siguen apareciendo en los conciertos como si no hubiera pasado el tiempo. Se cantan a voz en grito. Son himnos.
¿Quién se lo iba a decir a aquellos cuatro chavales que empezaron todo esto?
Hoy, desde uno de sus locales de ensayo de siempre, miran atrás sin nostalgia, pero con una sonrisa. Siguen siendo cuatro y siguen sobrevolando la música en aquel artefacto que empezaron a construir en 1997. Y aunque todo ha cambiado, en el fondo todo sigue igual.
Una paradoja sencilla y certera.
Porque no son los mismos, claro. Pero están convencidos de que si siguen en la escena, si han conseguido convertirse en un referente a nivel nacional, es precisamente porque nunca han dejado de ser, en esencia, cuatro chavales que se juntan para tocar y pasarlo bien. Cuatro chavales (que ahora tienen más de 40 años) que todavía alucinan cuando tensan el hilo de la música y hacen vibrar las paredes.

Dicen que si tuvieran que elegir una sola palabra para definirse, probablemente sería resistencia: nacieron en una época en la que había muchos grupos, muchos conciertos y una escena musical muy activa en la zona. Hoy todo aquello ha cambiado, y a veces incluso suena a recuerdo de una época lejanísima y ajena a la actual. Pero ellos siguen ahí. Pegando fuerte.
Con más de diez discos publicados y cientos de conciertos a sus espaldas, Mala Reputación se ha consolidado como un referente dentro de su estilo, con reconocimiento más allá de su tierra.
Y, sin embargo, la escena que mejor los define sigue siendo mucho más pequeña: cuatro tipos entrando en un local de ensayo de Cangas para hacer ruido juntos una tarde cualquiera.
Nuevo disco, nuevos tiempos
Hemos venido a verlos ensayar porque estos días viven un momento especial.
Acaban de publicar un nuevo trabajo: Queda entre nosotros. Un EP de cinco canciones que llega tras casi dos años de parón, el más largo que ha vivido la banda. Un tiempo que les ha servido para tomar aire y volver con más ganas.
Ahora regresan con energía, con canciones nuevas (y con las de siempre), todavía sorprendidos de que esa vibración inicial siga apareciendo cuando se juntan a tocar. Porque, a pesar de los años, del tiempo, de las responsabilidades o de los malabares para coincidir, cuando suenan las baquetas y arranca la música, todo vuelve a su sitio.

Sobre este nuevo trabajo cuentan que hay canciones que miran al pasado, al presente y al futuro, pero todas tienen una idea común que las atraviesa a todas: el amor. Eso sí, aclaran que no se refieren a un amor romántico o cerrado, sino a algo más amplio. Un sentimiento que entienden como unión, como un ancla: una fuerza que sostiene cuando todo alrededor se tambalea.
Mientras lo explican, afinan instrumentos y se preparan para empezar a ensayar. Sin darse cuenta, están dando otra puntada más.
Antes de que comience la música apuntan algo importante: no solo vuelven con disco. También vuelven al directo. A las salas, a los festivales, a la carretera. Desde junio empezarán a girar por distintas partes de la península y en julio tocarán en casa, en el Maizu Rock 2026, haciendo saltar a todo el prau con su energía de siempre. Ya hay ganas.

Como conclusión dejan una sentencia clara: han pasado casi 30 años desde que empezaron y la vida les ha cambiado muchísimo. Pero, pese al tiempo, las pausas, la conciliación, las debacles y los giros, cuando se juntan para tocar sigue ocurriendo ‘algo’ especial. Esa vibración extraña, punzante y luminosa que sentían al principio. Ese mecanismo invisible que pone en marcha un artefacto con casi tres décadas de vida, pero que todavía suena a nuevo flamante.






