El salmón atlántico, la frustración de todos

En Asturias ya salió el campanu. Sin embargo, el futuro del salmón divide a científicos, pescadores y conservacionistas. Hablamos con todos ellos para intentar entender qué pasa con los salmones

Tiempo de lectura: 14 minutos
Alevines de salmón. | Xuan Cueto

Un mes y un día después de la apertura de la temporada de pesca, el primer salmón de Asturias, el célebre campanu, aparecía este martes en el río Sella.

Lo pescó Iván Alonso Peñayos, vecino de Gamonéu de Cangas de Onís, en la zona del puente de Villanueva. El ejemplar, de 82 centímetros y 6,2 kilos de peso, devuelve durante unas horas al salmón atlántico al centro de la conversación pública asturiana.

Iván Alonso Peñayos con el campanu 2026. | Cedida a EL21

Durante décadas, el campanu se ha subastado públicamente en un acto que funciona como una celebración simbólica: prensa, restaurantes pujando por la pieza y la sensación de que el río volvía a despertar tras el invierno. Pero este año algo ha cambiado.

A pesar de que Asturias ya tiene su campanu, en Cangas de Onís la tradicional subasta del primer salmón del año no se celebrará este 2026. El Ayuntamiento decidió suspender la subasta hace ya días y destinar los 2.500 euros que tradicionalmente otorgaba al pescador como premio a proyectos vinculados a la conservación del río. La intención inicial era donar el dinero a la sociedad de pescadores El Esmerillón.

La decisión fue celebrada por algunos y criticada por otros. De hecho, tras conocerse la noticia de que el campanu ya se había sacado, una empresa privada anunció la decisión de celebrar la subasta en sus instalaciones, calificando el acto como una «defensa de la tradición».

Subasta del campanu del Sella en 2025. | Xuan Cueto

Lo que está claro es que si algo define hoy el debate sobre el salmón en Asturias es la tensión.

Conservacionistas piden el cierre inmediato de la pesca. Parte de los pescadores defienden mantenerla. En redes sociales y conversaciones de bar vuelan los dedos acusadores en todas direcciones. Y conforme uno empieza a hablar con unos y otros, la imagen se vuelve bastante más compleja de lo que aparenta desde fuera.

Porque, en realidad, todos coinciden en algo: quieren que haya salmones en los ríos.

Dado que el Ayuntamiento cangués anuló la tradicional subasta y planteó donar ese dinero a El Esmerillón, el siguiente paso para entender qué está sucediendo fue acercarse hasta una de las piscifactorías que la sociedad mantiene en Romillu.

Romillu: criar salmones a contracorriente

La pequeña piscifactoría de Romillu, en el concejo de Parres, no encaja demasiado con la caricatura que muchas veces se hace del conflicto.

Allí, entre tanques alimentados por agua del río Mampodre, Antón Caldevilla, presidente de la sociedad de pescadores El Esmerillón, y Bernardo Sánchez, socio de la entidad y colaborador de la piscifactoría, controlan miles de alevines de salmón y trucha que más adelante serán liberados en distintos ríos asturianos.

Antón Caldevilla y Bernardo Sánchez en la piscifactoría de Romillu. | Xuan Cueto

Bernardo trabaja allí de forma completamente altruista. Revisan el flujo de agua, vigilan que no se obstruyan las entradas y alimentan a los peces mientras reconocen algo que se repetirá durante toda la investigación: este año la situación es especialmente mala.

«No se vio ni uno», dicen.

La presión social alrededor del desplome del salmón ha provocado incluso fricciones internas. Algunos pescadores consideran lógica la suspensión de actos festivos como la subasta del campanu. Otros creen que se les está señalando injustamente.

El presidente de la sociedad de pescadores dice entender la postura del Ayuntamiento ante este panorama, pero, cuando se le pregunta a Caldevilla por la posibilidad de apoyar una veda total, la respuesta es inmediata.

«Ni hablar».

No porque niegue el declive. Lo reconoce abiertamente. Pero sostiene que la pesca fluvial no es la causa principal del colapso. Habla de cormoranes y nutrias, de lubinas remontando río arriba para alimentarse de alevines, y también de pesca accidental de estos cuando, recién llegados al mar, caen en las redes de la costera del bocarte. Habla también de grandes flotas industriales en el Atlántico Norte y de un mar cada vez más alterado.

Y entonces lanza una frase que, fuera de contexto, parece casi contradictoria:

«El salmón se salva pescando».

Alevines de salmón en la piscifactoría de Romillu. | Xuan Cueto

Detrás de esa afirmación existe una lógica concreta. Las sociedades de pescadores sostienen buena parte de las piscifactorías mediante cuotas de socios. Con la reducción de cupos y jornadas de pesca, El Esmerillón ha perdido cientos de asociados en pocos años. Temen que una veda total termine haciendo inviables económicamente los trabajos de repoblación que llevan décadas realizando.

La discusión entonces deja de parecer tan simple.

No se trata únicamente de pescadores queriendo pescar y conservacionistas queriendo prohibir. También hay un choque entre formas distintas de entender cómo se protege una especie. Y también entre distintas formas de entender qué papel debe tener el salmón en nuestros ríos: recurso y tradición para unos, símbolo y patrimonio natural para otros.

Una piscifactoría de otro tiempo

En Infiestu, dentro de una enorme instalación parcialmente vacía, Ismael, operario contratado por El Esmerillón para gestionar la piscifactoría piloñesa, alimenta salmones adultos con sardinas compradas en las lonjas del oriente asturiano.

La piscifactoría impresiona. Tiene más de un siglo de historia. Durante décadas abasteció de alevines a buena parte de los ríos del norte peninsular. Llegaron a trabajar allí unas diez personas. Hoy, gran parte de las balsas permanecen vacías. Y ya solo trabaja Ismael, a media jornada.

Piscifactoría de Infiestu. | Xuan Cueto

La parte que sigue funcionando lo hace gracias a una cesión del Principado de Asturias a El Esmerillón, que carece de recursos para poner en marcha una instalación diseñada para producir muchísimo más de lo que produce actualmente.

Mientras muestra los reproductores salvajes de los que nacen los alevines liberados después en los ríos, Ismael habla de inviernos cada vez menos fríos, crecidas más violentas y huevos arrastrados por riadas súbitas.

En su teléfono móvil guarda un vídeo de una pareja de salmones desovando en el río Espinaréu. Semanas después, una crecida repentina se llevó buena parte de la puesta.

Antes, explica, mucha de esa agua habría caído en forma de nieve y habría bajado por el cauce de forma menos abrupta.

Ismael en la piscifactoría de Infiestu. | Xuan Cueto

A finales del siglo XIX ya existía preocupación por el exceso de presión pesquera sobre los ríos salmoneros. La solución de la época fue impulsar piscifactorías y repoblaciones masivas. La idea parecía sencilla: si faltaban peces, había que criar más.

Durante décadas, aquel modelo formó parte de la gestión habitual de los ríos. Pero hoy incluso parte de la comunidad científica cuestiona hasta qué punto esas repoblaciones siguen siendo eficaces o si pueden generar efectos negativos sobre poblaciones salvajes más adaptadas.

Piscifactoría de Infiestu. | Xuan Cueto

Tal vez parte del conflicto actual nace también ahí: muchos pescadores siguen defendiendo un modelo de conservación que durante décadas daba la sensación de funcionar razonablemente bien, mientras el contexto ecológico ha cambiado radicalmente.

Como si intentáramos explicar un océano nuevo con categorías antiguas.

Ismael en la piscifactoría de Infiestu. | Xuan Cueto

Mientras Ismael lanza sardinas a los salmones adultos, cuesta no pensar en todos los peces que salieron de allí durante años.

Miles y miles de salmones que descendieron al mar y nunca regresaron.

¿Qué les pasa a los salmones de Ismael?

Un mar que ya no conocemos

Con esa pregunta en la cabeza, el viaje continúa hacia la costa.

En el puerto de Llastres, Carlos Manso, secretario de la Cofradía de Pescadores Santa María de Sábada , reconoce que del salmón conoce «lo justo» porque es una especie que no se comercializa en las lonjas europeas. Pero las conversaciones sobre el deterioro del mar le resultan familiares.

Cuando se le pregunta por las capturas accidentales de alevines durante la costera del bocarte, asegura que en todos sus años vinculados a la pesca apenas ha visto salmones mezclados con esas capturas. Sin descartar que pueda ocurrir, no cree que explique el desplome actual.

Carlos Manso en la Cofradía de Pescadores de Llastres. | Xuan Cueto

Sí habla, en cambio, de otra cosa: la enorme capacidad extractiva de las flotas industriales del Atlántico Norte.

Explica que lugares como Islas Feroe, Islandia o Noruega —que no pertenecen a la Unión Europea— operan con barcos inmensos y tecnología muy alejada de la pesca artesanal cantábrica. «La pesca de hoy no es la de hace treinta años», resume. Un solo barco puede capturar en un día más pescado del que descargaban antiguamente puertos enteros del Cantábrico.

Pero también habla de un mar que está cambiando.

Cuenta que especies habituales cada vez aparecen menos y que otras, asociadas tradicionalmente a aguas más cálidas, como el pez ballesta, empiezan a ser más frecuentes. La xarda lleva años mostrando síntomas de descenso, pero la campaña de 2026 ha resultado especialmente mala.

Xarda y flota artesanal del Cantábrico. | Xuan Cueto

En algunas cofradías, las capturas han caído de manera abrupta respecto a temporadas anteriores. En Llastres se podían rular mas de 100 toneladas algunos días durante la última década; en este 2026, en la rula se subastaron 10 toneladas en toda la costera.

Y el problema no afecta únicamente a especies migratorias. El pulpo también atraviesa una temporada crítica. En el occidente asturiano, donde se explota con un plan de gestión supervisado por biólogos y que parecía estar manteniendo una población estable, este año se ha saldado con un desplome del 80% de las capturas respecto a 2025 y ha supuesto la aplicación de vedas adelantadas.

El patrón empieza a resultar inquietante.

Xarda desembarcada en el puerto de Llastres. | Xuan Cueto

Porque las especies afectadas tienen formas de vida completamente distintas. El salmón pasa parte de su vida en los ríos y parte en el Atlántico Norte. La xarda es una especie pelágica y migratoria. El pulpo vive ligado al fondo costero. La angula cruza océanos enteros.

Y, sin embargo, todas parecen atravesar dificultades al mismo tiempo.

La caja negra del salmón está en el mar

Para Miguel Clavero, científico titular del CSIC en la Estación Biológica de Doñana y especialista en conservación de fauna acuática continental, la situación actual del salmón en el Cantábrico no debería sorprender a nadie.

«Lleva muchos años advirtiéndose del declive, debería llevar vedado al menos veinte años. Quien este año se sorprende de no ver salmones es porque ha ignorado las señales durante mucho tiempo», señala.

Miguel Clavero, científico titular del CSIC en la Estación Biológica de Doñana. | Cedida a EL21

Clavero cree además que parte de esa sensación de sorpresa puede venir de una contradicción difícil de ignorar. «Es complicado que la sociedad perciba una situación de emergencia si la propia administración sigue permitiendo la pesca y se siguen celebrando subastas donde grandes restaurantes pujan por los ejemplares».

A su juicio, esos mensajes institucionales contribuyen a transmitir una sensación de normalidad que ya no se corresponde con el estado real de la especie.

Clavero sostiene que el principal problema del salmón no está en los ríos, sino en el mar.

«La caja negra del salmón está en la fase marina», explica. «Sabemos que ahí ocurre algo grave, pero no conocemos todos los mecanismos exactos».

Habla del calentamiento global, de alteraciones oceánicas, de barreras fluviales, de contaminación y de una supervivencia marina cada vez menor. Explica también que los salmones cantábricos no son exactamente iguales a otras poblaciones atlánticas. «Nuestro salmón» —el de los ríos cantábricos— sigue rutas migratorias propias y suele desplazarse hacia el suroeste de Groenlandia.

Salmones en piscifactoría. | Xuan Cueto

En un océano prácticamente imposible de abarcar, identificar siquiera hacia qué zona migran los salmones ya supone una forma de empezar a acotar el misterio.

Pero Clavero insiste varias veces en una idea concreta: que el hecho de que el principal cuello de botella esté probablemente en el océano no debería utilizarse para minimizar el impacto de la pesca fluvial.

No ser la causa principal no significa no tener impacto.

A su juicio, precisamente porque retornan muy pocos ejemplares, cada reproductor que logra volver al río adquiere todavía más valor. «Conseguir que esos salmones lleguen a reproducirse es fundamental», sostiene.

Pescadores en el Sella. | Xuan Cueto

Aunque considera que la pesca recreativa no es el factor principal del colapso, sí cree que mantener capturas sobre una población tan debilitada añade una presión difícilmente justificable.

Clavero también se muestra muy crítico con las repoblaciones tradicionales.

«No han funcionado nunca», afirma. «Aunque es cierto que la cría se ha refinado muchísimo y sabemos criar alevines muy bien, los individuos, una vez liberados, en el ecosistema no funcionan igual de bien». Dice que parte del problema puede estar en que los peces criados en balsas pierdan determinadas «pistas ecológicas» necesarias para sobrevivir y orientarse en el medio natural.

Y añade que soltar tantos individuos «hermanos» en el entorno donde la selección natural ya estaba actuando en la población salvaje reduce también la variabilidad genética.

«Con los años nos hemos ido desengañando de la creencia de que se podía intervenir en la naturaleza de una manera sencilla», apunta.

La reflexión introduce un contraste incómodo. Mientras en lugares como Romillu o la vieja piscifactoría de Infiestu decenas de miles de peces siguen criándose cada año gracias al trabajo de sociedades de pescadores, la ciencia lleva tiempo cuestionando hasta qué punto esas repoblaciones consiguen realmente recuperar poblaciones salvajes viables.

El vértigo de la complejidad

Para Ernesto Díaz, portavoz de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, el colapso extremo del salmón en el Cantábrico comenzó hace ya dos décadas. Enseña documentos remitidos al Gobierno asturiano en 2007 alertando de la situación.

Respecto a los depredadores señalados por muchos pescadores, Ernesto recuerda que forman parte del funcionamiento natural de los ecosistemas. «El salmón pone miles de huevos precisamente para compensar la elevada mortalidad de ejemplares jóvenes».

Ernesto Díaz con su perro Lolo. | Cedida a EL21

A su juicio, el verdadero problema aparece cuando cada vez menos ejemplares adultos logran regresar para reproducirse, y se agrava catastróficamente cuando, después de sortear todas las adversidades en su viaje, aún pueden ser víctimas del anzuelo en los ríos.

También coincide con los pescadores en que la presión turística sobre algunos ríos puede estar afectando negativamente al ecosistema fluvial. «Para que un río funcione, tienen que funcionar todos sus elementos», explica. No solo los peces, también la vegetación de ribera y subacuática, los invertebrados y el conjunto del hábitat.

Durante la conversación surge otra imagen difícil de encajar con la escala de los ríos cantábricos. Ernesto habla de los descartes en grandes pesquerías industriales: toneladas de capturas accidentales que, por carecer de valor comercial o no poder desembarcarse legalmente, terminan devolviéndose muertas al mar.

Y, en mitad de esa conversación, pone un ejemplo que resume hasta qué punto el océano sigue siendo una incógnita incluso para especies muy estudiadas.

La reproducción de la anguila era un tema que ya traía de cabeza a Aristóteles, pero aún a día de hoy, en pleno siglo XXI, nunca se ha capturado una anguila adulta en mar abierto.

Sabemos que atraviesan el Atlántico para desovar en el mar de los Sargazos. Sabemos que sus crías llegan como angulas a los ríos europeos. Pero nadie ha visto jamás ese momento clave de su ciclo vital.

La imagen sirve también para el salmón.

Décadas después de comenzar a estudiar seriamente estas especies, seguimos intentando comprender qué ocurre realmente ahí fuera.

Después de semanas de conversaciones queda una sensación difícil de resumir.

Pescadores en el Sella. | Xuan Cueto

Los pescadores hablan de grandes flotas y de un océano cada vez más extraño. Los científicos señalan cambios en la fase marina del salmón y un deterioro que lleva décadas gestándose. Los conservacionistas reclaman medidas urgentes. Mientras tanto, las piscifactorías siguen criando peces que apenas regresan.

Y en medio de todo ello crece la sensación de que quizá el problema ya no pueda explicarse únicamente desde el río.

Tal vez porque aceptar la complejidad da vértigo.

O porque el océano está cambiando más rápido que las formas que tenemos de entenderlo.

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