Cangas de Onís reúne tradición, memoria y destreza junto al Puentón en una jornada marcada por el homenaje a dos pescadores muy queridos y por la preocupación por el futuro del salmón
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Un homenaje a la cultura ribereña, al río y a todos aquellos pescadores que han hecho de sus aguas una parte de sus vidas. Así se entiende la Fiesta del Pescador de Cangas de Onís, que –desde hace casi dos décadas- regresa cada primer domingo de septiembre a la orilla del río Sella para reunir memoria, tradición, emoción y destreza.
Organizada por el Ayuntamiento de Cangas de Onís y la Sociedad de Pescadores El Esmerillón, la celebración volvió este domingo al entorno del Puente Romano, junto a uno de los pozos más simbólicos del Sella, el Pozu del Puentón.

La jornada comenzó con unos minutos de retraso, obligada por una fuerte tormenta que se cernió sobre el valle justo a la hora prevista para el inicio. Pero las nubes terminaron por abrirse y el buen tiempo se impuso, permitiendo que la fiesta siguiera adelante con la normalidad y la idiosincrasia de siempre.
Durante toda la celebración, la música de la gaita acompañó el encuentro, poniendo banda sonora a una jornada marcada por el amor al río Sella y a todos aquellos que han vivido ligados a él.
Memoria y respeto a quienes ya no están
La fiesta arrancó de la misma forma que siempre, rindiendo respeto al río y a los ribereños con la tradicional ofrenda del ramu a San Pedro «El Pescador». Un gesto que concentra emoción y memoria en recuerdo de todos aquellos que, de una manera u otra, estuvieron vinculados a estas aguas.
El alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro, «Pepín», y el presidente de la Sociedad de Pescadores El Esmerillón, Antón Caldevilla, fueron los encargados de llevar a cabo este homenaje, un gesto que cada año abre la celebración mirando hacia quienes ya no están y recordando la estrecha relación que durante generaciones han mantenido los vecinos de la zona con el Sella.

Después llegó el momento de la competición con el XVI Campeonato Regional de Lanzamiento de Mosca «Río Sella», una demostración de precisión, técnica y destreza que pone a prueba a los pescadores en sus dos modalidades: distancia y precisión.
El triunfo de esta edición fue para Manuel García Marcos, seguido de Alfonso Collado, e Iván Alonso Peñayos, segundo y tercero clasificados respectivamente.
El vencedor, ilusionado, se mostró especialmente satisfecho con sus lanzamientos y con un triunfo que, reconocía, le hacía sentirse orgulloso después de tantos años ligado a la pesca.




El salmón, una preocupación cada vez más presente
Tras la competición llegó el momento de los actos de homenaje y la entrega de premios, una parte de la celebración que esta edición estuvo también atravesada por la preocupación por el futuro del salmón.
El Sella, que hace no tantos años registraba más de un centenar de capturas en una temporada —167 en 2014 y 145 en 2015 en el sistema Sella-Piloña—, cerró este año con apenas 23 ejemplares. El campanu, además, se hizo esperar hasta el 19 de mayo, un mes y un día después de la apertura de la temporada y tras 23 jornadas efectivas de pesca, convirtiéndose en el más tardío del que se tiene registro.
Ante este escenario, El Esmerillón aprovechó la jornada para reclamar a la Administración regional diálogo y una gestión que tenga en cuenta el conjunto de factores que están detrás del declive de la especie, reconociendo que son tiempos difíciles para la pesca del salmón y para una especie emblemática de los ríos asturianos, pero mostrando su oposición a una veda total, al considerar que esta medida también afectaría a las labores de repoblación que desarrolla la propia sociedad. La preocupación se hizo visible con una pancarta en la que aparecía el mensaje que los pescadores quieren trasladar: «Regulación sí, veda no».
Los pescadores defendieron así que la responsabilidad no se concentre únicamente sobre la actividad pesquera y recordaron también la labor que desarrolla la propia Sociedad El Esmerillón en la recuperación de las poblaciones, con la cría y suelta de alevines desde su piscifactoría. Una posición que reclama tener en cuenta la complejidad del declive del salmón y los distintos factores que pueden estar influyendo en su desaparición, al tiempo que reivindica el papel de quienes llevan generaciones ligados a su conservación y a la vida de los ríos.
Paxa y Cuétara, dos nombres para la memoria
Para concluir los actos llegó el momento de los homenajes: el Memorial Manuel Martínez «El Gordo», un reconocimiento que cada año pone nombre y rostro a aquellos que han dejado huella en la cultura de la pesca y en la vida de los ríos. En esta edición, el reconocimiento adquirió un significado especialmente emotivo al ser concedido a título póstumo a dos personas: José Luis Somoano Sánchez, «Paxa», y Jesús Cuétara Suero, ambos fallecidos durante este año.
El presidente de El Esmerillón, Antón Caldevilla, habló emocionado de ambos como dos pescadores habilidosos, enamorados del río, grandes colaboradores y maestros, además de «grandísimas personas y grandísimos amigos». Dos hombres que desde muy pequeños vivieron la pesca y contribuyeron a transmitir una cultura ribereña basada en el respeto por el río. «Eran los dos muy pescadores», resumió, antes de agradecer su compromiso y recordar a dos amigos a los que hoy se añora y a los que la Sociedad de Pescadores no podía dejar de dedicar un recuerdo «muy grande».
Para El Esmerillón, el reconocimiento es también una forma de agradecer toda una vida de amor a un río que forma parte del ADN de quienes viven cerca de él.


Las placas que dejaron constancia del homenaje fueron recogidas por los hijos de ambos pescadores. Por parte de José Luis Somoano, «Paxa», fue su hija, Sonia Somoano, quien recibió el reconocimiento, destacando la emoción que supone este recuerdo para una familia que sabe hasta qué punto la pesca formó parte de la vida de su padre. Para él, explicó, era «la vida entera», un deporte y una afición que practicó desde que nació y que también convirtió en una forma de estar junto al río.
También lo era para Jesús Cuétara. Su hijo, Roberto Cuétara, recordó que para su padre la pesca era «todo» y que, siempre que encontraba un rato libre, el hostelero se escapaba hasta la orilla del río. Allí encontraba la calma y forjó una de esas pasiones que terminan formando parte de la identidad de una persona y que, con el tiempo, también dejan una huella en los que vienen detrás.
Y es que quizá ahí esté la esencia de esta fiesta: una celebración tradicional y querida que, más allá de la preocupante situación del salmón, vuelve cada año para reivindicar un vínculo casi sagrado con el río, una relación construida durante generaciones y hecha de memoria, respeto y conocimiento. Porque la Fiesta del Pescador no habla solo de la pesca como cultura y como parte del ADN de este territorio, sino también de un río que ha acompañado la vida de sus gentes durante siglos y al que generaciones enteras han aprendido a conocer, vivir, disfrutar y cuidar como un verdadero tesoro vivo.










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