Son las ocho y media de la tarde y en el parque de La Llera de Arriondas se abre un telón, dando comienzo a un espectáculo.
Eso sí, el escenario y la puesta en escena son muy distintas a un teatro y una obra de ficción o un recital cualquiera. No hay tablas, sino cocinas. Los fogones son la tramoya, la maquinaria que pone en marcha la magia del placer del comer. Y los platos son las piezas de una función que se puede mirar, escuchar y, sobre todo, probar.

El reparto que sale a escena no es cualquiera. Entre los cocineros que esta noche comparten espacio se reúnen siete estrellas Michelin y ocho Soles Repsol, además de una Estrella Verde Michelin y un Solete Repsol.
A saber: José Antonio Campoviejo, la Familia Manzano, Cristian de Diego, Ricardo Sotres, Israel Moreno, Xune Andrade, Rafa Rodríguez y Bárbara Pereira. Casi nada.

Un plantel gastronómico de los que obligan a mirar dos veces el cartel. Ocho nombres que, reunidos en un mismo escenario y cocinando al alcance del público, ofrecen una oportunidad poco habitual: probar elaboraciones de alta cocina y ver de cerca cómo trabajan quienes habitualmente lo hacen al otro lado de la puerta de algunos de los restaurantes más reconocidos de Asturias.
Frente a ellos, mucho público. Y alrededor, la música, acompañando las creaciones y los sabores. Acordes, melodías y son de canciones que son el maridaje sonoro de una noche pensada para disfrutar con todos los sentidos.

Y en medio de todo esto, aromas e ingredientes. Una combinación que casi al instante de que comience el show hace rugir las tripas y la boca agua y acaba dando lugar a una colección de apetitosos bocados listos y dispuestos para que los pruebe cualquiera.
Eso sí, no se trata de unos bocados cualesquiera: la oferta disponible en este humilde espacio del parque permite recorrer estilos y cocinas muy diferentes en una sola noche. Desde la cocina más reconocible y ligada al recetario asturiano hasta propuestas de corte más contemporáneo, pasando por la pastelería y por productos que hablan directamente del territorio.
Si esto no es arte gastronómico del máximo nivel, ¿qué otra cosa puede serlo?
GastroSónica: qué, para qué y hasta cuándo
Llegados a este punto es inevitable que surja una cuestión: ¿cómo se llega hasta aquí?
La respuesta resulta casi tan interesante como la escena que acaba de comenzar.
De hecho, pongámonos por un momento en la piel de alguien recién llegado a Arriondas. Alguien que no supiera absolutamente nada de este evento y que se encontrara por primera vez en La Llera ante una escena como esta.

Probablemente, lo primero que se preguntaría sería:
¿Qué hacen todos estos nombres de referencia de la cocina asturiana cocinando juntos en el parque de una pequeña villa como Arriondas?
¿Cómo ha acabado La Llera convertida en un restaurante vivo con dieciséis manos de este nivel trabajando a la vista del público?
La respuesta tiene nombre propio: GastroSónica. Un festival «de sabor y de son» que celebra su segunda edición. Un evento gestado en la capital de Parres, impulsado por el Ayuntamiento y vinculado a la Agenda 2030 que, con la dirección técnica de Lluis Nel Estrada, busca juntar en un mismo espacio gastronomía, música, producto, territorio y reflexión sobre la alimentación.

Una fiesta alrededor del producto, el arte culinario y la gastronomía que durante todo el fin de semana sale de los restaurantes y de las cocinas para encontrarse con el público. Un festín en toda regla que además tiene un trasfondo solidario.
Antes de los fogones, el territorio
Pero empecemos por el principio. La mejor manera de entender cómo se ha llegado hasta esta noche y este espectáculo a 16 manos es irse unas horas atrás. A las cinco de la tarde y a la cercana y recién renovada plaza García Dory.
A esa hora y en ese espacio echaba a andar oficialmente este festival, con su inauguración y su presentación pública. Un preliminar que contó además con otra presentación más: del Living Lab Social Agroalimentario de Parres, un proyecto que se desarrolla en paralelo a este evento y que, al igual que GastroSónica, está vinculado a la Agenda 2030.

Ambas iniciativas se dan la mano y pretenden abrir en Parres un espacio de trabajo y participación en torno a la alimentación, el territorio y la sostenibilidad. Ambas iniciativas rondan la idea de que alrededor del producto, la cocina y la reflexión culinaria pueden surgir grandes cosas. Y mucho más si se hace una fiesta para enarbolar todo ello.
En la presentación de ambos proyectos (impulsados y dirigidos por el cocinero y gastrónomo parragués Lluis Nel Estrada) estuvieron el director general de Agenda 2030 del Principado de Asturias, Juan Ponte, y el alcalde de Parres, Emilio García Longo.

La idea que atravesó toda la presentación (tanto de Living Lab como de GastroSónica) fue clara: hablar de gastronomía también implica hablar de cómo se produce lo que llega a nuestros platos, de qué comemos y de qué futuro queremos para ese sistema alimentario.
El director general de Agenda 2030 del Principado de Asturias, Juan Ponte, tomó la palabra para hablar de sostenibilidad, una término que, recordó, está «muy en boga» en muchos ámbitos, pero que adquiere una dimensión especialmente importante cuando se habla de alimentación. Porque, mientras se debate sobre sostenibilidad, seguimos teniendo muy normalizado consumir productos que se producen a miles de kilómetros y que después tienen que ser transportados por mar y por tierra. «¿Qué precio tiene esto?», planteó.
Su intervención fue también un alegato a favor de lo cercano. Apostar por la sostenibilidad alimentaria, defendió, es «defender la tierra, la comunidad, los territorios, el paisaje y el paisanaje». Es también apostar por la fuerza de los agentes locales, valorar lo que tenemos cerca y hacerlo desde la salud y la calidad.





Desde la Dirección General de Agenda 2030, explicó, se apuesta por acompañar esa transición: pasar «de la dependencia tóxica de los mercados a la autosuficiencia local o regional». Un cambio que, en su planteamiento, no habla únicamente de cómo producimos y consumimos alimentos, sino también de solidaridad, de defensa de la naturaleza y de una manera de «defendernos a nosotros mismos frente al consumo depredador».
En la misma línea, el alcalde de Parres, Emilio García Longo, destacó la importancia de la colaboración de la Agenda 2030 para sacar adelante proyectos innovadores y vinculados al territorio como GastroSónica y el Living Lab Social Agroalimentario de Parres. Y resaltó especialmente que no se trata solo de iniciativas que apuestan por lo local y lo sostenible, sino que incorporan además un componente social y solidario que las hace todavía más importantes.
Más allá de las intervenciones individuales, la conversación dejó una idea de fondo: la Agenda 2030 puede aterrizar en proyectos concretos y próximos, capaces de hablar de alimentación, territorio, comunidad y solidaridad sin quedarse en el terreno de las declaraciones. Frente a la visión «demonizada y emponzoñada» que en ocasiones se proyecta sobre ella, lo que se puso sobre la mesa en Arriondas fue una agenda muy pegada a la realidad: revalorizar lo cercano, fortalecer a quienes producen y trabajan en el territorio, cuidar el paisaje y avanzar hacia una forma de alimentación más sostenible, saludable y respetuosa.
Cuando el sabor también ayuda
Tras la puesta de largo de GastroSónica, llegó el turno de las charlas y las mesas redondas.
Algo como cuando llegas a un restaurante y antes de pasar a comedor te ofrecen una bebida y un rincón agradable en el que sentarte a tener una buena conversación y abrir apetito.

Así, alrededor de las cinco y media de la tarde, el foco del festival se desplazó hacia una cuestión menos visible cuando hablamos de gastronomía, pero directamente relacionada con ella: la posibilidad de que no todo el mundo pueda acceder a una alimentación suficiente y adecuada.
La encargada de ponerle cifras, contexto y rostro a esa realidad fue Ágata García Fernández, técnica de seguridad alimentaria e innovación social de Acción contra el Hambre, una ONG dedicada a combatir las causas y los efectos del hambre.

Bajo el título ‘Alimentarse en Asturias: claves para comprender y afrontar la inseguridad alimentaria’, la intervención de Ágata permitió explicar no sólo la idiosincrasia de su organización sino también el componente solidario que acompaña a todo este festival.
Porque cada bocado servido en GastroSónica, desde el viernes hasta el domingo, forma parte de una acción solidaria y contribuye a recaudar fondos para esta organización humanitaria internacional que trabaja en la región para combatir el desempleo, la exclusión social y la inseguridad alimentaria.
Así, detrás del placer de probar las creaciones de algunos de los cocineros más reconocidos de Asturias y de verlos trabajar en directo hay también una razón de peso: contribuir, a través de la gastronomía, a la lucha contra la desigualdad a la hora de acceder a algo tan básico como la alimentación de cada día.

La reflexión en torno a este tema continuó a las seis de la tarde con una mesa redonda titulada ‘SOStenibilidad gastronómica y alimentaria’. En ella participaron Elena Fernández Suárez, socia de Panduru Economía Circular y miembro de Asturies Economía Solidaria; David Castañón, gastrónomo y director y presentador del programa Les Fartures de RPA; y la propia Ágata García Fernández. La mesa estuvo moderada por Lluis Nel Estrada, director técnico de GastroSónica.
Tres miradas diferentes para abordar una misma cuestión desde ángulos distintos: qué significa hablar hoy de sostenibilidad cuando se habla de comida. Desde la economía circular y el aprovechamiento de los recursos hasta la manera en que se cuentan y se consumen los productos, pasando por el acceso a una alimentación adecuada, la conversación llevó la gastronomía mucho más allá de la cocina.
Un entremés antes del gran despliegue
Tras las charlas que habían puesto sobre la mesa el trasfondo del festival, llegó el momento de pasar de las palabras a los fogones. Antes del gran despliegue de la noche hubo un entremés delicioso: un showcooking dedicado a la cocina ribereña y los Alimentos Ecolóxicos Asturianos, de la mano de Marcos Cienfuegos Marqués, cocinero e investigador asturiano y creador del proyecto Bocamina.

El trabajo de Marcos, muy ligado a la investigación de la memoria gastronómica y a la relación entre cocina y territorio, encajaba especialmente bien con un taller que llevaba precisamente los productos asturianos y de cercanía al centro del plato.
La propuesta se desarrolló con la colaboración de COPAE, poniendo así el producto y la cocina ligada al territorio en el centro de la tarde. El menú incluyó una sopa de cebolla con quesu ovin y hojaldre; una ensalada de puré de patata, aguacate, tomate, coliflor escabechada y emberzau; y, como broche dulce, una copa de casadiella deconstruida con nueces, yogur y espuma anisada.




Un showcooking que no sólo mostró distintas maneras de cocinar lo cercano de forma sublime sino que además dio a probar a todos los participantes sus creaciones, convirtiéndose en la antesala perfecta del menú degustación de 8 platos que ya se empezaba a cocinar en el parque.
Dieciséis manos toman La Llera
Y entonces llegaron las ocho y media. La hora en la que, al principio de esta historia, se abría el telón.
El parque de La Llera comenzó a llenarse y los ocho cocineros fueron ocupando sus puestos para poner en marcha ‘El son de la gastronomía parraguesa’, cuatro horas de cocina en directo y música, con dieciséis manos y 8 restaurantes de los de postín compartiendo fogones y escenario.

Ocho cocineros, ocho maneras de entender la cocina y una sucesión de platos que permitía saltar de una propuesta a otra sin moverse de La Llera.
José Antonio Campoviejo, desde el Corral del Indianu, fue el encargado de comenzar el espectáculo, ofreciendo a los cientos de comensales reunidos alrededor del escenario un Chicharrón del norte elaborado con gochin asturcelta crujiente, anchoas de Lastres y limón encurtido. Además, no faltó su mítico y delicioso bombón de cabrales con chocolate y manzana.
Por su parte, Cristian de Diego, de Casa Pedro, aterrizó en la Llera con dos propuestas potentes: vaca, foie, chocolate y piña y su premiada hamburguesa TxoChorizu. Ricardo Sotres, desde el El Retiro-Pancar, dio a probar un rollo de bonito y garbanzos con callos. Israel Moreno, desde Ayalga, apostó por un aguachile de trucha con espuma de mango y un satay de pollo con piña asada. Xune Andrade, del restaurante Monte, puso sobre la mesa una albóndiga de Xata Roxa, manzana y jugo de pitu además de un pulled gochu con ensalada de repollu y mayonesa de encurtidos.
Además, Rafa Rodríguez, de Casa Chuchu, ofreció una original ensaladilla rusa y un jugoso bocado de bonito curau con emulsión de tomates de casa. Y por parte de la familia Manzano, de Casa Marcial,Chus Manzano ofreció un mollete de anchoas y sardina y un canelón de pitu en su jugo.













El toque dulce corrió de la mano de Bárbara Pereira que ofreció un postre a base de milhoja de limón en dos tiempos y una manzana de otoño buenísima aderezada con caramelo, vainilla y yogurt.
Y mientras los platos iban saliendo, la música hacía su propio recorrido por La Llera.

Empezando por Franky Med and the Band, formado por Franky Med a la voz, los hermanos Lage y el guitarrista Javi Palomo. El grupo puso el primer acompañamiento sonoro a base de versiones de canciones de todos los tiempos que pusieron a bailar y cantar al público desde los primeros instantes; después llegó The Bandula, un dúo musical que ejecutó versiones acústicas en directo de canciones clásicas y contemporáneas del pop y el rock nacional e internacional, aportándoles un toque y estilo marcadamente rockero.
Más tarde, cerrando el escenario musical, llegó el turno de Corquiéu, el grupo de folk nacido en los años 90 en Ribadesella que constituía el plato musical fuerte de la noche. La banda, con un estilo musical en el que se mezclan melodías tradicionales asturianas con composiciones propias, baladas vocales y ritmos instrumentales del folk cañón puso la emoción y la guinda perfecta a una noche completa en la que el sabor y el son conjugaron a las mil maravillas.
Y GastroSónica continúa
Pero la cosa no termina aquí y los fogones no se acabaron con el despliegue del viernes. GastroSónica continúa este sábado 12 y domingo 13 con una programación que mantiene la gastronomía como hilo conductor, pero abre también espacio al mercado, la música, los niños, la solidaridad y nuevas formas de acercarse a la cocina.
Este sábado, desde las 10.00 y hasta las 16.30 horas, los productores toman protagonismo con un mercado en el que conocer y comprar productos de proximidad. A las 11.30 horas llegará otro de los momentos gastronómicos de la jornada: un showcooking a cargo de Yolanda Yáñez y Cristian de Diego, de Casa Pedro.

Y a las 12.30 horas, la propuesta cambia de registro con el vermú ‘Un bocado, un trago, una canción. Maridaje emocional’, una propuesta que une de nuevo música y gastronomía a través del proyecto de DJs La Viuda de Angelín, que ponen en escena una selección musical en vinilo que pasa por la cumbia, la salsa, los sonidos tropicales y psicodélicos y canciones de distintas épocas.
Además, la tarde está pensada también para que los más pequeños se adentren en el universo gastronómico y en el trasfondo de GastroSónica.
De esta forma, para las 17.00 horas, PequeGastroSónica llevará hasta La Llera a Alicia Álvarez con ‘Kikirikiki. Canciones pa neñes y neños’, junto a un minimercado de Alimentos del Paraíso Natural y un pequetaller con todo pensado para que aquellos que representan el futuro comprendan la importancia de la sostenibilidad, el KM 0, el producto de calidad, la alimentación como derecho básico y, como no, el placer de los buenos bocados.

Asimismo, la propuesta se extiende durante los tres días de GastroSónica también a la hostelería de Parres, con diferentes restaurantes y bares ofreciendo bocados y propuestas elaboradas para la ocasión, con protagonismo del producto local y de proximidad.
La colaboración de los hosteleros pretende mandar un mensaje que atraviesa todo GastroSónica y es su esencia misma: qué se come en Parres y qué se produce aquí o por qué es importante apoyar a quienes trabajan alrededor de la alimentación.
Al mismo tiempo, cada bocado ofrecido por la hostelería parraguesa será una forma más de contribuir al trasfondo solidario del festival, ya que el precio a pagar por probar estas propuestas locales irá también destinado a recaudar fondos para Acción contra el Hambre.

Y quizá ahí esté una de las mejores maneras de entender GastroSónica: en un bocado caben muchas más cosas de las que parece. Puede estar el trabajo de quien cultiva, la memoria de una receta, la creatividad de un cocinero, el sonido de una canción y hasta la posibilidad de echar una mano a quien lo necesita.
Arriondas todavía tiene por delante dos días para seguir probándolo. Porque en GastroSónica el menú no se acabó con el gran espectáculo del viernes: quedan platos, música, mercado, propuestas para los más pequeños y muchos más motivos para sentarse a la mesa y disfrutar del sabor y el son de la gastronomía de Parres.
El telón, por tanto, sigue abierto.
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