Domingo de Bollu: todo Arriondas a la calle

El desfile de 33 carrozas, el Festival Folclórico, las charangas y la multitud reunida en el prau de La Concordia volvieron a marcar el domingo grande de las Fiestas del Bollu y La Peruyal

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El Bollu reuió 33 carrozas por las calles de Arriondas, todas ellas bien provistas de sidra. | Xuan Cueto
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Son las 6 de la tarde y todo Arriondas está en la calle.

La energía del día se desborda a esta hora: la música de gaitas y un runrún invisible que recorre todo el pueblo anuncian que el desfile de carrozas está a punto de comenzar.

Carroza con guiños a la Selección Española . | Xuan Cueto

Y es que, aunque todo el domingo del Bollu —desde el primer volador hasta el último baile— está cargado de emoción, hay un momento en el que esa emoción parece concentrarse especialmente: cuando las carrozas empiezan a ocupar las calles, la gente se agolpa en las aceras y Arriondas entero se prepara para verlas pasar.

La gran traca antes del prau.

En esta 77 edición de Les Fiestes del Bollu y La Peruyal, 33 carrozas recorrieron las calles de la villa acompañadas por las bandas de gaitas y por una multitud que, a pie, desde las aceras o siguiendo el desfile, avanzó poco a poco hacia La Concordia.

Hasta las obras del puente tuvieron carroza. | Xuan Cueto

Hay gente por todas partes. En las calles, en las plazas, asomada a los balcones y alrededor de cada carroza. Los trajes asturianos llenan de color el recorrido, las gaitas ponen la banda sonora y las carrozas llevan consigo una mezcla de imaginación, ilusión, trabajo y muchas horas de preparación.

Carroza de los Picapiedra. | Xuan Cueto

Pero, sobre todo, son ellas las que marcan el ritmo y conducen hacia el lugar donde la fiesta alcanza uno de sus momentos más esperados: el prau de La Concordia, el lugar en el que el Bollu se celebra de verdad.

Este año, además, el camino hacia el prau tuvo una imagen nueva: por primera vez, las carrozas cruzaron el Piloña por el recién estrenado puente sobre el río. Una imagen histórica que añade una nueva estampa a un recorrido que es, en sí mismo, el corazón del ritual de esta fiesta.

La Casita de Bud Bunny, versión Bollu. | Xuan Cueto

Porque este desfile es mucho más que el paso de carrozas por las calles de la villa. Es el momento en el que todo el mundo parece ponerse en marcha al mismo tiempo. Los que desfilan, los que esperan en las calles y los que siguen la comitiva rumbo al prau. Familias, pandillas, amigos, niños, mayores y visitantes avanzan juntos hacia una tarde que, para muchos, es la razón de ser de este domingo.

Y, cuando las carrozas llegan a La Concordia, llega también el momento de sentarse. Llega esa parte del ritual sin la que nadie sentiría que hoy es realmente el día del Bollu.

La asturianía, siempre presente en las carrozas. | Xuan Cueto

Se despliegan los manteles, se abren las cestas y aparecen tortillas, empanadas, embutidos, dulces y todo aquello que cada familia o pandilla ha preparado para compartir. Las botellas de sidra empiezan a circular, los niños corren entre los manteles y vuelven a ocuparse los sitios de siempre.

La Concordia se convierte en una enorme mesa en la que los vecinos comparten merienda, alegría y emoción.

Y entonces llega el reparto del Bollu y de la botella de vino entre los socios. Ese gesto sencillo, repetido año tras año, marca oficialmente el comienzo de la merienda y pone en marcha una tarde que ya no entiende de prisas.

Charanga El Felechu, siempre fiel a su cita con Arriondas. | Xuan Cueto

Y ahí, entre comida, brindis, conversaciones y reencuentros, empieza el Bollu de verdad: comienza la parte más querida de esta fiesta. La parte en la que se santifican el reencuentro, la vecindad y la alegría de celebrar un año más.

La parte en la que también se mira hacia atrás y se recuerda, con una sonrisa y con cierta nostalgia, a quienes ya no están. Y en la que se mira hacia delante con orgullo porque, una vez más, el día del Bollu ha conseguido reunir a los de siempre, sumar a los que llegan y hacer que una generación tras otra vuelva a sentarse alrededor de la misma mesa.

Un domingo que empieza mucho antes

Pero, para llegar hasta este momento, Arriondas lleva ya muchas horas de fiesta.

El domingo despierta temprano, al sonido de las gaitas, los pasacalles y los voladores, que hacen las veces de despertador. Hay que ponerse en marcha porque el Bollu no espera y cada cual tiene su propio ritual para prepararlo.

Festival Folclórico. | Xuan Cueto

Unos corren a vestirse de asturianos. Otros terminan de preparar la merienda que horas después llegará al prau. Hay quien ultima los detalles de las carrozas y quien sale a desayunar antes de que la villa se llene. Son pequeñas tareas, algunas casi invisibles, que forman parte de un ritual colectivo que se repite cada último domingo de julio y que consigue que, desde primera hora, Arriondas respire fiesta.

La mañana tiene uno de sus grandes puntos de encuentro en la Plaza del Cañón, donde se celebra la LXXIV edición del Festival Folclórico. Nueve agrupaciones llenan la plaza de música, baile y tradición, llevando hasta el centro de la villa sonidos y danzas de distintos rincones.

Actuación folclórica en la Plaza del Cañón. | Xuan Cueto

Desde Parres llegan Les Ruxideres del Sueve; desde Cabrales, la Banda de Gaitas Picos de Europa; desde Valladolid, Los Trasgos; y desde Aller, El Gumial. También participan Los Yerbatos y El Corriellu La Pandorga, de Bimenes, y la Asociación Cultural Etnográfica La Arrancada, de Zamora. El toque internacional lo ponen bandas como The Barrhead and District Pipe Band, de Escocia, y Jordan Academy Irish Dance, de Irlanda.

The Barrhead and District Pipe Band, de Escocia. | Xuan Cueto

Y, mientras el festival pone el sonido a la larga mañana del Bollu, las charangas El Felechu y Élite se encargan de llevarlo por las calles, haciendo bailar a todo el mundo. De esquina en esquina, de plaza en plaza, la música acompaña una mañana que avanza entre saludos, abrazos, encuentros, historias y preparativos.

Hasta que llega la hora de comer. Y Arriondas se detiene durante un rato antes de desperezarse, justo a las seis, para volver a la fiesta.

Lo pregoneros de esta 77 edición. | Xuan Cueto

Porque con esta van ya 77 ediciones de Les Fiestes del Bollu y La Peruyal. Setenta y siete años en los que han cambiado las caras, las carrozas, las generaciones y hasta algunas de las calles por las que transcurre la fiesta, pero no lo esencial: madrugar al son de las gaitas, vestirse de asturianos, preparar la merienda, salir a la calle, seguir las carrozas y acabar sentados juntos en el prau.

Rumbo a La Concordia. | Xuan Cueto

Un ritual que se repite y que, sin embargo, nunca es exactamente igual. Porque cada año suma nuevos recuerdos a una historia que se escribe entre todos. Los que estuvieron, los que están y los que vendrán. Los que ya no pueden sentarse alrededor del mantel y los que ocupan ahora su sitio. Las mismas calles, la misma fiesta y una nueva generación aprendiendo a quererla.

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