En abril, cuando los piloñeses y piloñesas comienzan a salir a las calles de L’Infiestu ataviados con falda marrón, camiseta amarilla y tridente plateado, se puede decir eso de «si el río suena, agua lleva». Pues bien, además de agua, también lleva piraguas
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El próximo sábado 18 de abril, a las 17.00 horas, un centenar de piragüistas se lanzarán al río Piloña para recorrer a lomos de su piragua los 11 kilómetros que separan la capital piloñesa con Sebares en la 45º edición de una competición con mucha historia, el Descenso del río Piloña.
Antes de eso, a 15 minutos de que el reloj marque las cinco, el artista Rodrigo Cuevas será el encargado de dar el pregón sobre el Puente Vieyu, bajo el cual los palistas rezagados se irán ordenando tras la red que marca la línea de salida. 500 metros más adelante, bajo el Puente de Triana, llegarán tras desfilar por todo L’Infiestu los Tritones de Piloña, para defender su río y jalear a cada uno de los piragüistas que participa en el Descenso, por muy rezagado que se quede.
Cuando transcurra ese cuarto de hora y las palas comiencen a empujar el agua, dará comienzo una de las pruebas más emocionantes e importantes dentro de la tradición piloñesa. Un evento que nació, murió y revivió, símbolo de su tierra y que cuya tradición se proyecta en la fiesta de Les Piragües celebrada unos meses después en Arriondas.

En el epicentro de dicha tradición, se encuentran los Tritones de Piloña, un pintoresco grupo de animadores, liderados por una tritona azul y por un Dios Neptuno, que llevan dando color al Descenso del Piloña y al Descenso del Sella durante más de 70 años. Dionisio de la Huerta es reconocido como el impulsor de la Fiesta de Les Piragües gracias a lo que comenzó siendo una excursión por el río Piloña en 1929, pero a él también se le atribuye la creación de los tritones unas décadas después, en 1951. No sería hasta 1967, con una base sobre la piragua más que sólida, que se celebraría el primer Descenso del río Piloña.
Según el presidente de la asociación folclórica-cultural de Los Tritones, Kevi Menéndez, actualmente hay unos 140 tritones, pero no siempre fue así. «Cuando nacemos en el 51, aquel grupo era una anarquía. Primero se limitó a 13, luego a 30 y después, cuando lo cogí yo en 1996 llegamos a 150». Además, para la preparación de los más pequeños, en El Prial se llevan a cabo talleres para ‘Los Tritoninos’, de cara a que las nuevas generaciones se familiaricen con la cultura del colectivo, así como con su famoso cancionero.
Collares hawaianos, cabezones y hasta un burro pintado de cebra
Dionisio de la Huerta ha sido un pionero sobre el agua pero sobre todo al lado de ella. Catalán con raíces en Coya, Dionisio realizó numerosos viajes por el extranjero, de los que importó las faldas a tiras y los famosos collares de flores que llevan al cuello los tritones, al más puro estilo hawaiano, así como los cabezudos que desfilaban antiguamente, que, desafortunadamente, se perdieron al derruirse el edificio donde se almacenaban.
Dionisio de la Huerta: alma, corazón y vida de Les Piragües
«Todos los años aportaba ideas, por ejemplo, con los cabezudos, cada año se añadía uno y cada vez que entraba uno nuevo tenía que llevar un cartel que decía ‘yo soy el neñu’», explica Menéndez. Para acompañar la vestimenta, los tritones van con camiseta amarilla y falda marrón mientras que las tritonas se visten de color rojo, verde o blanco; excepto la Reina Tritona, que luce el color azul y su elección va cambiando cada año. Kevi por su parte, viste una túnica azul con detalles dorados y empuña un tridente de madera, emulando a Neptuno, aunque Kevi añade entre risas que «lo de parecerse a Neptuno me da a mí que no cuela».
A raíz de sus viajes, Dionisio de la Huerta llegó a traer una cebra africana para acompañar el desfile, que cuando faltó, el ingenio de los que marchaban la transformó en un bucebro: «a alguien no se le ocurrió otra cosa que pintar un burro a rayas, entonces de ahí nació el bucebro», apunta entre risas Kevi.

Fue Dionisio también quien dio el estatus a los tritones como ‘Guardianes del río‘. Actualmente, mientras el Asturias Patria Querida suena a segundos de la salida del Descenso del Sella, es este colectivo el único que puede mantenerse en el río. Antes no era así, y ese derecho de permanecer en el agua hasta el último momento generó problemas en Arriondas. «Tuvimos que negociar con Emilio Llamedo para que nos diese la oportunidad de mostrar que podíamos hacer las cosas bien e integrarnos», comenta Menéndez, y completa: «era un problema que creamos nosotros, pero que se organizó y ahora ese problema ya no existe».
En el Piloña, los tritones seguirán ocupando su lugar habitual bajo el Puente de Pialla; y en Arriondas, las camisetas amarillas podrán seguir defendiendo el río a pesar del cambio de puente y la eliminación de las pilastras: «en el Sella vamos a poder seguir estando, lo que sí vamos a tener que retirarnos a la orilla», zanja el presidente.
14 años de sequía
Desde la primera edición del Descenso del Piloña en 1967, que ganó Emilio Llamedo Olivera con los colores de Los Rápidos de Arriondas, la prueba consiguió celebrarse ininterrumpidamente hasta 1994, a excepción de 1989 por caudal. Hasta los ochenta, el Piloña se celebraba en julio como preámbulo para el Sella, pero la bajada en el nivel de agua del río obligó a pasar el descenso a primavera. Más adelante, los últimos años antes del parón, el descenso fue perdiendo fuelle a nivel deportivo y festivo, hasta acabar desapareciendo de cara a la edición de 1995.
«Aquellos años se improvisaba mucho, la gente se apuntaba a última hora. Y de tritones también íbamos justos, me acuerdo de que cuando había conciertos los viernes por la noche en el Triskel de La Cueva, pedía que me dieran el micrófono para animar a la gente», recuerda Kevi Menéndez.

No fue hasta 2008 cuando el club de piragüismo los Caimanes de Sevares puso sobre la mesa la iniciativa de reiniciar el Piloña. Poco después llegaría el descenso popular de canoas, que parte del Santuario de La Cueva hasta llegar a L’Infiestu, una prueba con gran éxito. Estos primeros años estuvieron marcados por la confluencia entre los jóvenes que nunca habían vivido un Descenso del Piloña y los mayores que llevaban 14 años de sequía. «Cuando volvió el Piloña había muchas ganas, pero al principio fue la fiesta de los que teníamos una cierta edad», recuerda Kevi.
Tras unos años, el club Neptuno de Toni tomaría el relevo de los Caimanes hasta hoy, consiguiendo que la competición superara el parón de la pandemia y arremolinando a toda una comarca para convertir el descenso en un emblema folclórico que comienza en L’Infiestu en abril y culmina en agosto con la Fiesta de Les Piragües.
Un río muy técnico
En los cartelones que recogen todos los ganadores del Piloña que se encuentra enfrente de la Óptica Lavandera, el nombre Vicente Llerandi aparece en dos ocasiones, en 1988 y 1991. En ese tablón, también aparecen piragüistas de élite como Kiko Vega, ganador del Sella en 4 ocasiones; Walter Bouzán, palistas que más veces cruzó primero el puente de Ribadesella con 12, incluyendo el de 2025; o Juan Antonio Rodríguez (Toni), a quien homenajea el Club Neptuno en su nomenclatura. A parte de todo esto, Llerandi es el presidente del club de piragüismo Neptuno de Toni, y el encargado de organizar el evento así como de narrarlo, aunque confiesa que le gustaría más coger el remo y montarse en la piragua.

Para quitarse esa espina, compite en el Descenso Internacional del Sella cada verano, y, por supuesto, conoce el Piloña mejor que nadie. «El Piloña es muy técnico, debe de haber por lo menos unos 35 rabiones difíciles de negociar, el Sella es más sencillo. Aquí se trata más de sobrevivir». Además, la prueba piloñesa no tiene un comodín bajo la manga como la presa de La Jocica en el río Dobra, que permite al Sella tener un empujón de agua en pleno verano.
«El río es muy poco previsible, dependiendo de lo que llueva la semana del descenso, vemos si pueden bajar embarcaciones K-2, si hay poco caudal, hay que hacerlo todo en K-1». Por ejemplo, tras el parón por el covid de 2020 y 2021, en 2022 ocurrió lo contrario, el mal tiempo obligó a los piragüistas a dar vueltas desde la salida hasta Pialla, imposibilitando la llegada hasta Sebares.
El Piloña se mantiene a flote
El ímpetu de Vicente, del Ayuntamiento y de la amplia colaboración comercial consigue reunir para la edición de este año 3.000 en premios, además de suministrar 40 canoas dobles con palas y chalecos para el descenso popular, celebrado a mediodía. A nivel festivo, el desfile cada año atrae a más público de fuera, pero a nivel deportivo la sostenibilidad del descenso cada vez se hace más complicada.
«La gente joven lo pasa muy bien en las canoas y en el desfile pero luego por la tarde… Es complicado atraer a profesionales y que metan una piragua de 3.000, 4.000 euros en un río como el Piloña. En cambio, organizas una carrera en Ribadesella, coges marea alta y tienes a 500 participantes, aquí conseguimos a 100». Aún así, la particularidad del río y el esfuerzo de la organización consigue siempre conformar un gran cartel de atletas internacionales, que siguen queriendo medirse ante la exigencia técnica piloñesa: «todos los años conseguimos traer grandes piragüistas que son campeones del mundo o han ganado el Sella, tanto mujeres como hombres», zanja Vicente.

En el Neptuno sigue habiendo cantera de piragüistas, pero el coto pesquero que impide navegar por la mayoría del Piloña, y el poco caudal que lleva el río en el único tramo en el que se permite entrenar, unos 250 metros de río a la altura de Carancos, hacen que los palistas se tengan que desplazar a Ribadesella o Villaviciosa para prepararse cerca de casa. «La promoción con los críos es difícil, al tenis, al fútbol o al baloncesto juegas aquí en Infiesto, en cambio si quieres remar, tienes que emigrar».
Además, Vicente Llerandi, se acuerda del piragüista que pone el nombre al Club Neptuno, Toni Rodríguez, quien falleció en el río Esla (León), en 1971: «a partir de eso se perdió mucho el piragüismo, que en ese momento era un deporte en auge. Esto pasó en muchas poblaciones, no muere mucha gente con la piragua, pero cuando ocurre, deja a las familias tocadas».

Este año, Vicente no estará solo desde la plataforma desde la que narra la competición, aprovechando el tirón que está teniendo su nuevo disco ‘Manual de Belleza’ y la apertura del bar de La Maléfica en la Calle del Quesu, Rodrigo Cuevas desempolvará la montera picona para dar el pregón de esta edición. El artista llevaba años queriendo venir y será la guinda de una fiesta que cada vez tiene más ambiente.
En un momento en el que la cultura y la tradición en Piloña tiene más tirón que nunca, el Descenso del río Piloña sigue siendo la fiesta fetiche del concejo, pero solo el tiempo dirá si ese río tan técnico que lleva estando al servicio de la competición durante 45 años, podrá rellenar todas las casillas que quedan vacías en ese cartelón lleno de historia que se encuentra sobre el Puente Vieyu.






Hola Nacho, soi Xuan Miliu el suegru de to tiu Dolfu, vaya trabayu perguapu, yo fui piragüista con los Gorilas de Candás, baxe varies veces el Sella, pero nunca el Piloña, pero se m’escaez nel desfile del Sella lo de los tritones.
Lo dichu prestome muncho el to trabayu, sigue asi y si puedes escribe sobre la piragua, alcuerdate que yes de la zona mas piraguera d’Asturies