San Antoniu, el día más ‘nuestru’ de Cangas de Onís

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Solo a unos pocos días del año está reservado el poder de hacer volver a quienes viven lejos, reunir a familias enteras alrededor de una misma mesa o completar, por unas horas, grupos de amigos que el tiempo y la distancia dispersaron. Son jornadas en las que se celebra un sentimiento ambiguo: fe para unos, pertenencia para otros. Para todos, sin embargo, es la afirmación de algo profundamente propio.

El 13 de junio es uno de esos días. San Antonio en muchos lugares. ‘San Antoniu el nuestru’ en Cangas de Onís.

San Antoniu, en su capilla. | Xuan Cueto

Una misa recogida

El día grande de las fiestas en honor a San Antoniu comienza, como cada año, con una descarga de voladores que rompe el silencio de la mañana y anuncia lo que está por venir.

Una eucaristía íntima, celebrada en la pequeña capilla de San Antoniu abre el ritual del gran día. Entre los primeros devotos que ascienden hacia el Robledal aparecen los trajes tradicionales: porruanos ellos, llaniscas ellas. Las primeras notas de la gaita empiezan a resonar.

La capilla pronto se queda pequeña. Algunos siguen la ceremonia desde el exterior, bajo la sombra del Robledal, mientras el párroco Diego Macías oficia la misa y recuerda la vida y los milagros del santo al que honran. «Ojalá que se nos pegue un cuarto a todos los que nos declaramos devotos de San Antonio», comparte durante la homilía.

Una de las campanas de la iglesia de Cangas de Arriba. | Xuan Cueto

Campanas para el santo

La primera misa llega a su fin y la imagen de San Antoniu se prepara para abandonar la capilla y emprender su primera procesión del día, la que conduce al santo desde el Robledal hasta la iglesia parroquial.

Mientras los fieles van formando la comitiva, otro ritual menos visible se pone en marcha unos metros más arriba. En la antigua iglesia de Santa María —hoy Aula del Reino de Asturias— un pequeño grupo de vecinos inicia el ascenso a la torre.

Son los encargados de hacer sonar las campanas al paso del santo. Un honor que, con el paso de los años, ha quedado en manos de un grupo cada vez más reducido de vecinos de Cangas de Arriba.

Antonio de la Fuente, Humberto Cofiño y Toño de la Vega ocupan sus puestos. Les acompaña el alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro, que también presta ayuda en la tarea.

Tres campanas dominan las vistas desde Cangas de Arriba. Dos de ellas tienen nombre propio, ‘Lala» y ‘María Isabel’, y conservan grabada una fecha, 13 de junio de 1938. La tercera recuerda que fue donada en 1940 por la familia Sarmiento.

Antonio cuenta que su padre, de quien heredó el saber, era capaz de tocar las tres él solo. Hoy, la tarea se reparte y los relevos son necesarios.

«Hay que tener un toque», explica Antonio. Recuerda que tras la construcción de la que hoy es iglesia principal de Cangas de Onís, las campanas de Cangas de Arriba estuvieron «veintipico años sin tocarse», hasta que pidió al cura recuperar la tradición.

Su preocupación, y la del grupo, es la falta de relevo. Los jóvenes no se interesan por un saber que, en el caso de Antonio, fue pasando de generación en generación y en la que él se adentró ya de muy niño. Humberto pide energía para tocarlas «unos cuantos años» más. Mientras ellos estén, «bien o mal» van a tocar.

Además del día grande, las campanas suenan a lo largo de toda la Novena.

El momento exacto de iniciar el repique está medido con precisión. Desde la torre vigilan la calle hasta que, a lo lejos, asoma la imagen de San Antoniu. Las campanas suenan sin descanso mientras el santo permanece a la vista. Solo cuando la procesión se pierde al fondo de la calle, el repique comienza poco a poco a apagarse.

Ramos en la calle San Pelayo. | Xuan Cueto

El camino de los ramos

El descenso de San Antoniu hasta la iglesia parroquial concluye cerca de una hora antes de la misa mayor, fijada para las doce del mediodía.

Durante ese tiempo de espera, la atención se desplaza hacia otro escenario imprescindible de la jornada, la calle San Pelayo. Allí continúan los últimos preparativos de los ramos.

De ese rincón simbólico de Cangas de Onís parten, una vez más, tres ramos.

Cuando todo está listo y el mediodía se aproxima, los ramos de la calle San Pelayo ponen rumbo a la iglesia escoltados por decenas de mozas de llanisca tañendo las panderetas.

Frente a la iglesia aguardan otros dos ramos, uno de ellos inédito, pues lo ofrecen por primera vez vecinos de la carretera de Cañu.

La iglesia parroquial, llena hasta los topes. | Xuan Cueto

La misa

Poco antes del mediodía, la iglesia parroquial ya no tiene espacio para nadie más. Los bancos están repletos, los pasillos se llenan y decenas de personas permanecen de pie en las naves laterales.

Los cinco ramos entran en el templo y ocupan su lugar frente al altar. Allí aguarda ya la imagen de San Antoniu, presidiendo una ceremonia que constituye el corazón religioso de la jornada.

La misa comienza con un gesto simbólico. Un niño realiza la ofrenda del Pan de los Pobres, evocando uno de los milagros atribuidos al santo.

A partir de ahí, la eucaristía sigue su curso acompañada por las voces del coro Peñasanta-Ramón Prada.

Dentro del templo, el ambiente es de recogimiento. Fuera, sin embargo, la expectación crece minuto a minuto. Muchos de los asistentes han optado por esperar en la calle. Saben que el siguiente acto es el momento por el que tantos devotos de San Antoniu llevan esperando todo un año.

Poco antes de la una de la tarde, las puertas se abren.

Los cinco ramos salen primero. Tras ellos aparece la imagen del santo, recibido a gritos de «¡Viva San Antoniu!».

La gran procesión acaba de comenzar.

Los ramos a su salida del templo. | Xuan Cueto

La procesión

La gran procesión emprende entonces el camino de regreso hacia el Robledal, donde San Antoniu volverá a ocupar su lugar en la capilla.

La comitiva avanza lentamente por las calles principales de Cangas de Onís, integrada por los cinco ramos, la banda de gaitas, las decenas de mozas de llanisca haciendo sonar las panderetas, los mozos de porruano y niños en sus carritos que se inician en la tradición de la fiesta. Más atrás avanza la imagen del santo. Y tras ella, la representación institucional.

La procesión es tan extensa que llega a ocupar de extremo a extremo las arterias canguesas.

En la calle San Pelayo se produce uno de los momentos más emotivos del recorrido. Frente a La Sifonería, uno de los ramos de esa calle —el coronado por su montera— se detiene para recordar a Celso Fernández Sangrador ‘Celsín el de La Sifonería’, alma del barrio y de la fiesta.

Después, la marcha continúa.

El calor aprieta ya con fuerza. El termómetro alcanza los 34 grados y la subida hacia Cangas de Arriba exige un esfuerzo añadido a quienes portan las andas y lucen los trajes.

Poco a poco, San Antoniu se aproxima de nuevo al Robledal. Y cuando la imagen vuelve a hacerse visible desde la torre, las campanas comienzan otra vez a repicar.

El santo está de vuelta.

San Antoniu entrando de vuelta a su capilla. | Xuan Cueto

La romería

La mañana concluye donde había comenzado horas antes, en el Robledal. Allí, bajo la sombra de los árboles y junto a la capilla, San Antoniu vuelve a ocupar su lugar mientras la celebración cambia de registro, pero no de escenario.

San Antoniu en su capilla. | Xuan Cueto

Llega el turno de la subasta del ramu, de la actuación folclórica y de las comidas compartidas entre familias y grupos de amigos. La tarde abre paso a la romería y, cuando cae la noche, la romería se transforma en verbena.

Termina otro San Antoniu en Cangas de Onís.

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