La localidad llanisca festeja el día grande con desfile folclórico, misa, procesión y bailes regionales en la bolera
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En una mañana soleada, calurosa, con el mercurio del termómetro inamovible en la raya de 28 grados y ausencia de nubes en el cielo, la localidad llanisca de Piedra celebró este sábado el día grande en honor a San Antonio con desfile folclórico, misa, procesión y bailes regionales en la bolera.
A mediodía los romeros acudieron al barrio periférico de La Sierra de donde salían los tres ramos. Eran una ofrenda de Silvia González Quintana y Josu Fernández de Mendiola, que inauguraron vivienda en aquellos parajes en el mes de octubre, y también de Marta y Susana, ambas con apellido Rosete. Allí se formó la comitiva folclórica rumbo a la capilla.

Abrían la marcha el gaitero Julián Herrero ‘El marineru’ y el tamboritero Monchu Cue, desplazados desde Balmori. Seguían los tres ramos. El de rosquillas de anís trasladado por Yago (bisnieto de Bubi), Oliver y Diego. El de pan dulce a hombros de Juan Ángel, Manuel, Ángel y Gabriel. Y el de pan artesanal conducido por Andrés, Ibón, Toni y Josu. Seguían medio centenar de niñas y mozas vestidas de aldeana llanisca, quienes cantaban y tañían la pandereta al compás de dos tambores en manos de Ana Pérez Traviesa (del numeroso clan de los Traviesa) y Nerea Cantero Cerezo (del nutrido grupo de los Cantero). Un elevado número de romeros, simpatizantes y turistas cerraban la comitiva.

A las puertas de la capilla fueron recibidos y saludados por el sacerdote orionita Franck Atale, de origen costamarfileño. Antes de iniciar la misa comentó que la fiesta era de todos y que tenía diferentes momentos. Agradeció la presencia y la participación de los fieles, al tiempo que demandó recogimiento y silencio. Al terminar la función religiosa, ya en el exterior de la ermita, matizó que no le habían gustado los ruidos y conversaciones en tono elevado del exterior del templo por lo que valoró que si regresaba en 2027 no permitiría esas actitudes. Sus palabras fueron acogidas con aplausos.






Tras la misa se formó una procesión, a la que se acopló el redoblante Javier Rozada. Transitó por los serpenteantes caminos del villorrio y la mañana se dio por concluida con un festival folclórico en la bolera. Acompañados a la gaita y el tambor, los críos bailaron la Carrasquina, el Quirosanu y el Trepeletré, mientras que los mayores interpretaron las jotas del Cuera y Cadavedo, el Fandango, el Xiringüelu de Naves y el Pericote.
Hoguera de 36 metros
Un día antes, en la tarde del viernes, con temperatura de 24 grados y ligera brisa, frente a la imponente peña de Llabres, los vecinos de la localidad de Piedra, romeros y visitantes ocasionales, plantaron una hoguera de 36 metros en honor a San Antonio. Habían talado el eucalipto en la zona de Mañanga, donde llaman La Marea.

Con el fin de dirigir las operaciones se encontraban allí todo un experto, Ramón Pérez Pría ‘El Carialu’, así como el incombustible Jesús Pesquera, la persona más solicitada a la hora de plantar hogueras en el concejo. Dos decenas de aguerridos jóvenes arrimaban el hombro y dos percontios al madero, y medio centenar de voluntarios, varones y mujeres, jalaban desde cuatro cuerdas estratégicamente situadas.

En noventa minutos habían puesto el tronco en posición vertical, con la cima mirando al cielo y bien asegurado porque fue compactado con tierra y tremendas piedras de caliza, alguna de un centenar de kilos. De amenizar los actos se encargaron el gaitero Julián Herrero y el tamboritero Monchín Cue, llegados desde Balmori.










