En el pueblo llanisco se escenificaron las Reverencias, apoyadas en la presencia de los ramos de pan, corderos de manto negro y manojos de flores, así como la Presentación a la santa de niños nacidos en fechas recientes
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Centenares de romeros, tal vez un millar, se congregaron este sábado a mediodía en la vega de Santa Marina para participar y no perder detalle de una fiesta que conserva aromas bucólicos y pastoriles a punto de desaparecer.
Antes de mediodía había salido de Parres, en Llanes, una nutrida comitiva folclórica de la que formaban parte los gaiteros, tres ramos de pan, decenas de varones vestidos de porruano y más de un centenar de bellas mozas y niñas enfundadas en el traje de aldeana llanisca.

Con puntualidad llanisca, a mediodía, se celebró una misa campestre en la vega, oficiada por el párroco Florentino Hoyos. Se trataba de la misa asturiana a la gaita, cantada por doce excelentes voces del coro parroquial, al compás de la gaita que manejaba el virtuoso Julián Herrero, llegado desde Balmori junto a su tamboritero Monchu Cue.
Tras la eucaristía se formó una procesión a la que salieron los gaiteros, el estandarte de la santa, los tres ramos a hombros de porruanos, las aldeanas, las andas con la imagen de Santa Marina y un elevado número de devotos.

Al término de la procesión, a la benéfica sombra que facilitaban robles y pláganos, se escenificaron las Reverencias, apoyadas en la presencia de los ramos de pan, corderos de manto negro y manojos de flores, especialmente rosas de tono amarillo, así como la Presentación a la santa de niños nacidos en fechas recientes.
De vuelta a la capilla, edificio que a Santa Marina le sirve de morada a lo largo del año, las mozas, acompañadas por las panderetas y el toque de dos tambores, entonaron las coplas del ofrecimiento del ramo.

Seguidamente se subastaron los panes y los corderos. Un festival folclórico puso broche de oro a una mañana inolvidable. Niños y niñas, mozos y mozas parragueses pusieron en escena la Carrasquina, el Xiringüelín, el Quirosanu, las jotas de Cadavedo y el Cuera, el Xiringüelu de Naves y el Pericote.
Ya lo había adelantado el sacerdote en el inicio de la función religiosa: «Santa Marina es devoción y tradición en un ambiente propicio para la oración y la fiesta».


















