Desde los dinosaurios a la minería, pasando por el Imperio Romano, el Reino de Asturios o la emigración, en la región existen museos para adentrarse en cada época
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La historia de Asturias comienza mucho antes de cualquier presencia humana.
Y toda ella puede recorrerse de museo en museo.
Hace más de 150 millones de años, grandes reptiles caminaban por llanuras costeras que hoy asoman en los acantilados del oriente.
Después llegaron las primeras comunidades prehistóricas que habitaron y crearon arte en las cuevas; más tarde, las sociedades castreñas fortificaron colinas; Roma integró el territorio en su red imperial; un pequeño reino altomedieval surgió en las montañas; durante siglos se consolidó una cultura campesina atlántica; la emigración proyectó Asturias hacia América; y la industrialización carbonera transformó valles en paisajes obreros.

La superposición de todas esas etapas aún puede verse en el territorio. Cada periodo dejó formas de vida, arquitectura, organización social y huellas materiales que explican la Asturias contemporánea.
Lo singular de Asturias es que cuenta con una amplia red de museos que sirven de puerta de entrada a cada una de esas épocas.
Desde centros dedicados al Jurásico y la Prehistoria hasta espacios sobre la cultura campesina, la emigración o la industrialización, esta selección de equipamientos adentra al viajero en el pasado en un orden cronológico.
La Asturias Jurásica
En la rasa costera del oriente asturiano, donde los praos terminan en acantilados sobre el Cantábrico, el territorio conserva restos anteriores a cualquier presencia humana.
Entre 200 y 66 millones de años atrás, durante el Mesozoico, esta franja litoral era una llanura húmeda recorrida por dinosaurios, especialmente durante el Jurásico, hace entre 160 y 145 millones de años. Sus huellas quedaron impresas en sedimentos que hoy afloran en playas y plataformas rocosas. Es la llamada Costa de los Dinosaurios, uno de los conjuntos de icnitas más relevantes de Europa.

El Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), en el concejo de Colunga, permite situar ese paisaje en su escala temporal. Fósiles del Jurásico asturiano, reconstrucciones y un recorrido por los periodos Triásico, Jurásico y Cretácico explican cómo era aquel ecosistema subtropical y qué formas de vida lo habitaron.
La visita se completa en el exterior, donde réplicas y reproducciones conectan directamente con los yacimientos del entorno. Ese despliegue de figuras de dinosaurio es un paraíso para los niños y una excusa siempre perfecta para la visita.

El edificio, proyectado por Rufino Uribelarrea con forma de huella tridáctila, se ha convertido además en un icono arquitectónico.
Prehistoria
La cornisa cantábrica concentra algunas de las manifestaciones de arte rupestre más importantes de Europa, y Asturias conserva cuevas con pinturas paleolíticas de un valor incalculable. Cinco de ellas son de hecho Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Sin embargo, la fragilidad de estos espacios hace que la mayoría no sean visitables o tengan accesos muy restringidos.

Para comprender esa etapa en conjunto, el Parque de la Prehistoria de Teverga ofrece una aproximación amplia al Paleolítico europeo y al contexto en que surgió el arte rupestre. La llamada Cueva de Cuevas reproduce fielmente tres grandes conjuntos parietales: Tito Bustillo, Niaux y Candamo.
En el exterior, cercados con especies animales representadas en el arte paleolítico —como bisontes, caballos o uros— devuelven al paisaje actual la fauna que habitaron y pintaron aquellas comunidades cazadoras-recolectoras.

No obstante, la experiencia directa y más auténtica es la visita a la Cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella, uno de los grandes santuarios del arte paleolítico mundial y Patrimonio de la Humanidad. Solo puede recorrerse el Panel Principal con reserva previa, entre marzo y octubre y con grupos muy reducidos, una restricción necesaria para preservar pigmentos y microclima.

El Centro de Arte Rupestre situado junto a la cueva actúa como visita complementaria y permite contextualizar el hallazgo, las técnicas y el significado de sus figuras.
Cultura castreña
Entre finales de la Edad del Bronce y la conquista romana (siglos IX-I a.C.)., Asturias estuvo poblada por comunidades que se asentaron en poblados fortificados, conocidos como castros. Eran asentamientos que combinaban defensa, vivienda y control del territorio, de los que existen numerosos yacimientos en la región.

El Castro de Coaña, en el occidente, es el ejemplo más representativo. Con murallas, fosos y barrios de cabañas circulares, albergaba a unas doscientas personas. Destaca el recinto sacro, interpretado como saunas, que muestran la dimensión social de estas comunidades prerromanas.

Visitar el castro de Coaña y su aula didáctica permiten recorrer un poblado fortificado completo y comprender cómo se organizaba la vida en la Asturias previa al mundo romano.
Romanización
Entre finales del siglo I a.C. y el siglo IV d.C., Asturias se integró en la red del Imperio Romano, adoptando nuevas formas de vida urbana y rural. Gijón, un puerto destacado en las rutas marítimas de la época, concentra los vestigios más destacados de esta etapa.

Las Termas Romanas de Campo Valdés, situadas junto a la iglesia de San Pedro, permiten recorrer un complejo de época altoimperial que combinaba espacios domésticos y termales. Descubiertas en 1903 y abiertas al público desde 1965, muestran la sofisticación de la vida cotidiana en la ciudad romana de Gigia.

A pocos kilómetros, la Villa Romana de Veranes ofrece la visión de una explotación agrícola de gran tamaño. Organizada en terrazas y dividida entre zona residencial — o pars urbana — y pars rustica, conserva salas de representación y habitaciones, triclinio, baños y mosaicos polícromos que reflejan el estatus del dominus. La disposición ceremonial de los espacios revela cómo se ejercía el poder local y cómo se articulaba la vida social.

Estos yacimientos permiten comprender que la romanización en Asturias no fue solo administrativa, sino que transformó la arquitectura, la producción y las relaciones sociales.
Reino de Asturias
El Reino de Asturias es, posiblemente, el periodo más heroico y determinante de la historia de la región. No fue solo un refugio de resistencia frente a la conquista musulmana de la Península, sino la cuna de una entidad política y un estilo artístico, el Prerrománico, una arquitectura singular sin equivalentes directos.

Aunque abarca desde la prehistoria, el Museo Arqueológico de Asturias es clave para comprender la dimensión del Prerrománico asturiano (siglos VIII-X). Sus colecciones permiten situar al visitante en el contexto político, religioso y social de los primeros reyes asturianos, conectando objetos, inscripciones y arquitectura en un relato coherente.
Está ubicado en el antiguo claustro del convento de San Vicente de la ciudad de Oviedo, declarado monumento nacional en 1934.

También en Oviedo, el Centro de Recepción e Interpretación del Prerrománico Asturiano funciona como guía para comprender monumentos emblemáticos como los cercanos Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Mapas, paneles y fotografías permiten recorrer las etapas de esta arquitectura única.
Sociedad campesina
Desde la Edad Media hasta el siglo XIX, la vida en Asturias estaba organizada en torno a la agricultura, la ganadería y los oficios locales. La estructura social campesina, la arquitectura doméstica y las prácticas rituales y de ocio conformaban un paisaje cultural sólido, aún reconocible en la zona rural. Comprenderlo pasa en buena medida por los museos etnográficos.

El Muséu del Pueblu de Asturies, en Gijón, reúne objetos, documentos gráficos, música y fotografías que trazan un panorama amplio de la vida cotidiana. Desde hórreos y paneras hasta casas campesinas completas, sus cinco áreas expositivas —museográfica, musical, fotográfica, documentación y oral— muestran el equipamiento doméstico, los oficios tradicionales y las formas de ocio y religiosidad populares.

En el pueblo llanisco de Porrúa, el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias recrea la vida rural con casas tradicionales, cuadra, llagar y exposiciones temáticas sobre quesos, manteca, textiles, indumentaria popular tradicional o construcción de tejas.
En el occidente, el Museo Etnográfico de Grandas de Salime ‘Pepe el Ferreiro’ permite recorrer la sociedad campesina a través de espacios domésticos y talleres —cocina, fragua, telar, escuela o molino— en uno de los conjuntos etnográficos más completos del norte peninsular.
Emigración a América
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Asturias fue uno de los focos principales de la emigración a América. Miles de asturianos emprendieron el viaje transatlántico en busca de oportunidades, dejando atrás pueblos, tierras y hogares, y regresando algunos con fortuna, influencias y nuevas ideas que transformarían su entorno.

El Archivo de Indianos – Museo de la Emigración es el centro neurálgico de ese fenómeno. Está ubicado en Colombres, en la majestuosa Quinta Guadalupe, casona indiana construida en 1906 por el emigrante ribadedense Íñigo Noriega.

Reconvertido en archivo y museo, permite recorrer simbólicamente el trayecto del emigrante: desde los documentos necesarios para partir, los billetes de embarque y carteles de compañías navieras, hasta registros de naufragios y travesías, fotografías, documentos, objetos y testimonios de emigrantes.
Industrialización
Entre los siglos XIX y XX, la minería y la industria transformaron profundamente Asturias.
El Museo de la Minería y de la Industria de Asturias (MUMI), en El Entrego (San Martín del Rey Aurelio), rinde homenaje a la minería asturiana. Sus salas muestran maquinaria, minerales, bibliografía y objetos de la vida laboral —enfermería, casa-aseo, vestuarios— y reproducen con realismo el interior de una explotación minera.

Entre el museo y la experiencia inmersiva, el histórico Pozo Sotón, también en el concejo de San Martín del Rey Aurelio, permite comprender la dimensión humana y técnica de la minería del carbón. Propiedad de HUNOSA, este pozo —declarado Bien de Interés Cultural— se ha transformado en un singular espacio de turismo industrial donde el visitante desciende a más de medio kilómetro de profundidad y recorre parte de sus más de 140 kilómetros de galerías para experimentar de forma directa las condiciones reales del trabajo subterráneo que marcó la historia social e industrial de Asturias.

El Museo del Ferrocarril permite recorrer la historia del transporte ligado a la minería y la industria. Ubicado en la antigua Estación del Norte de Gijón, narra cómo el ferrocarril articuló la vida económica y social de la región, conectando puertos, fábricas y cuencas mineras, y convirtiéndose en símbolo del progreso industrial asturiano.
Información práctica para planificar la ruta
Este recorrido atraviesa toda Asturias, de oriente a occidente y de la costa al interior. Puede plantearse como un viaje de varios días por etapas cronológicas o integrarse en escapadas temáticas.

La mayoría de los espacios cuentan con horarios variables según la temporada, por lo que conviene consultarlos previamente. Algunos, como Tito Bustillo, requieren reserva anticipada y cupos limitados.
¿Para quién es esta experiencia?
Para viajeros que repiten Asturias y desean entenderla en profundidad. Para quienes buscan algo más que paisaje y gastronomía. Para amantes del patrimonio, la arqueología y la historia.

También para familias con curiosidad cultural y para fotógrafos interesados en contrastes: fósiles junto al mar, castros sobre colinas, instalaciones industriales entre montañas.






