Miles de personas recorrieron las calles de Arriondas en una comitiva que reunió a generaciones enteras antes del cañonazo del 88 Descenso Internacional del Sella
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La mañana del sábado del Descenso Internacional del Sella tiene un ritmo propio en Arriondas.
Un ritmo que solo se escucha una vez al año. Como una comparsa de tambores invisible que se va acelerando a medida que el sol se eleva.
Las calles empiezan a llenarse, las conversaciones y las risas se mezclan con el sonido de las gaitas, las peñas se reúnen, los reencuentros se suceden y todo parece girar alrededor de una misma sensación: unos nervios picudos y alegres que recorren cada esquina de la villa mientras se acerca el momento más esperado de la mañana.
Entonces suena el tren. Primero, lejano, casi como un aviso. Después, el pitido se hace más presente y los nervios aumentan. Todo el mundo sabe lo que significa esa señal: los Tritones piloñeses están llegando y el desfile de Les Piragües está a punto de tomar las calles de Arriondas.
Una marea de color camino del río
A partir de ese instante, la espera se convierte en movimiento. El color y la alegría inundan la calle General y Arriondas comienza a caminar hacia el río. Encabezado por el Regimiento de Infantería Príncipe 3 y a la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo, el desfile avanza como una enorme serpiente multicolor que crece a medida que recorre la villa y que arrastra tras de sí música, tradición y una celebración que no se parece a ninguna otra.

Las gaitas abren el paso. Tras ellas llegan los abanderados del Sella, los Reyes del Sella, el equipo técnico de la salida y los representantes de los países participantes. Y después, las peñas y colectivos: el Real Grupo de Cultura Covadonga de Gijón, la Federación de Cofradías del Principado de Asturias, Los Tritones, El Roblón de Coya, Los Botijos, Entaina y La Marea del Sella, Selleros, Ponguetos, Amigos de Amieva, los Ultras del Sella de Madrid, La Batuquina de Arriondas, Llames de Parres, Oseja de Sajambre, la Peña El Taleru de Llanes y la Fanfarria El Felechu. Una representación de territorios, generaciones y formas distintas de vivir una misma fiesta.
Los cuatro concejos selleros —Parres, Ribadesella, Cangas de Onís y Piloña— tienen un protagonismo especial, pero junto a ellos desfilan también otros muchos lugares que sienten Les Piragües como una fiesta propia.
La comitiva avanza entre tambores, disfraces, bailes y saludos de quienes se agolpan en las aceras para no perderse una de las imágenes más reconocibles del Descenso Internacional del Sella.
Cada grupo llega con su propia historia, sus colores y su manera de celebrar el río, pero todos forman parte de una misma escena: una celebración que durante unas horas convierte Arriondas en el punto de encuentro de miles de personas unidas por un sentimiento común hacia una fiesta que no se parece a ninguna otra.
Un desfile que une generaciones
La colorida serpiente se hace cada vez más grande. En ella caben quienes escribieron la historia del Descenso Internacional del Sella, quienes mantienen viva la celebración año tras año y quienes empiezan ahora a descubrir una tradición que pasa de generación en generación.

Y es que el desfile de Les Piragües tiene algo que no hay en ninguna parte. Algo que es mucho más que una fiesta previa a la competición y que solo puede comprenderse cuando se siente en directo. Es un sortilegio formado por miles de corazones que cada año vuelven a encontrarse alrededor de un río. Un hechizo colectivo que envuelve a quienes llevan décadas formando parte de esta fiesta y también a quienes llegan por primera vez para descubrir por qué esta jornada es una de las más singulares del calendario asturiano.
El estreno del puente Emilio Llamedo
Este año, además, el desfile dejó una nueva imagen para la historia de Les Piragües. Por primera vez, la comitiva cruzó el puente Emilio Llamedo en su recorrido hacia el río. Un puente que vivió su primera mañana de Sella, que hasta ahora solo había contemplado desde la distancia el camino hacia la salida y que, desde hoy, forma parte de la memoria de una fiesta que seguirá viendo pasar generaciones de palistas rumbo al río.

Porque este no será solo un puente del presente. También será testigo de muchos futuros: de nuevas salidas, de nuevos campeones, de nuevos pregones y de nuevas historias que se escribirán sobre las aguas del Sella.
El ritual antes del cañonazo
Cuando la última parte de la comitiva abandona las calles de Arriondas, los nervios se elevan desde el agua hasta el cielo. Los más de mil palistas ya esperan preparados para lanzarse al río, mientras miles de personas empiezan a ocupar las orillas en busca del mejor lugar para vivir el siguiente gran momento del ritual: los versos de Dionisio de la Huerta entonados este año por el pregonero Santi Cazorla, el Asturias, patria querida y el cañonazo que anuncia que el Sella vuelve a estar en marcha.

Porque basta con estar en Arriondas una mañana de Descenso para entender que esto es mucho más que una fiesta o una prueba deportiva. El desfile y la salida forman parte de un ritual que se repite cada primer sábado de agosto y que vuelve a reunir a generaciones enteras alrededor de un río, una tradición y una emoción compartida.



































































































