La Cofradía de Pescadores de Santa Ana recibe el Premio Pueblo Ejemplar de Asturias por una tradición marinera que se remonta al siglo XIV y que todavía continúa viva en el puerto entre pesca artesanal, divulgación y compromiso con el mar
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En Llanes, desde que abarca la memoria, cada jornada empieza y termina frente al mar.
Las embarcaciones entran y salen del puerto, las capturas llegan a tierra y la subasta llena de vida la rula. Alrededor del muelle continúa una actividad que ha cambiado de barcos, de artes y de generaciones, pero que sigue manteniendo el pulso del día a día en una villa eminentemente marinera.
Por todo ese legado, la Cofradía de Pescadores Santa Ana acaba de recibir el Premio Pueblo Ejemplar de Asturias de este 2026.





El jurado del más popular de los galardones de los Premios Princesa se fija así no solo en un pueblo, sino en una institución que ha conservado las pesquerías tradicionales y que ha incorporado a su actividad iniciativas de sostenibilidad, divulgación, protección del océano y compromiso social.

Es tanta la actividad de la Cofradía de Pescadores de Santa Anta que, para entender todo lo que representa en Llanes, conviene empezar echando la vista atrás.
Siete siglos atrás
A mediados del siglo XIV, cuando Llanes era ya una villa portuaria con actividad comercial, los pescadores comenzaron a organizarse en torno a la Cofradía de Mareantes de San Nicolás. Su origen se sitúa hacia 1350.
Desde entonces, la historia de la institución y la de la villa han avanzado prácticamente juntas.

Durante siglos, la costa llanisca estuvo ligada a la pesca y al comercio marítimo. Entre los siglos XIV y XVII, la pesca de ballenas tuvo una importancia destacada en la economía de la zona.
Los mareantes salían al Cantábrico en busca de cetáceos y participaban también en las pesquerías artesanales. En tierra, las mujeres sostenían parte de la actividad como rederas o vendedoras ambulantes.

La Cofradía era algo más que una organización profesional. Cumplía funciones religiosas y asistenciales y acompañaba a los miembros del gremio en momentos que iban mucho más allá del trabajo. Sufragaba procesiones, festividades, misas y entierros y prestaba ayuda a enfermos, viudas, huérfanos, marineros en tránsito y náufragos.
En 1480 recibió la confirmación de los Reyes Católicos. En torno a ese momento construyó su capilla en Cimadevilla, ampliada en 1661 y todavía conservada.

La institución también colaboró con el Ayuntamiento en la construcción de un primer muelle en el puerto a mediados del siglo XVI y realizó continuadas levas para el servicio de la Real Armada.
Con el tiempo, la antaño pujante pesca de ballenas entró en declive hasta desaparecer durante la primera mitad del siglo XIX. Los pescadores llaniscos continuaron, sin embargo, saliendo al mar.

Y el puerto volvió a transformarse.
En los años veinte del siglo pasado, Llanes llegó a contar con una de las principales flotas de barcos a vapor del Principado.
Lo que queda cuando todo cambia
Hoy ya no hay balleneros en la dársena. Tampoco aquellos barcos de vapor dominan el puerto. Pero sí quedan embarcaciones pesqueras, redes, cajas de pescado, manos acostumbradas al trabajo y una subasta que mantiene el vínculo entre el mar y la tierra.
El puerto de Llanes continúa siendo uno de los principales puertos pesqueros de Asturias.

La Cofradía mantiene entre sus prioridades la explotación responsable de los recursos, la sostenibilidad de las especies y la conservación de los caladeros. La actividad pesquera alimenta además una cadena económica que alcanza a la hostelería, la restauración y el turismo.
La subasta diaria de las capturas forma parte de ese paisaje.

Y alrededor del pescado se articula también parte de la actividad pública de la Cofradía: las fiestas de Santa Ana, jornadas gastronómicas y acciones de promoción del producto.
El mar se pesca, pero, tal y como exigen los tiempos, también se cuenta.
Un puerto y muchas historias
En lo últimos años, la Cofradía ha dedicado parte de su actividad a recuperar y transmitir esa memoria.
En 2018 publicó Antiguos mareantes de Llanes, del historiador Antonio Celorio Méndez-Trelles, un recorrido por la historia y la organización del gremio pesquero local desde el siglo XII hasta el XX.

Después llegaron nuevas publicaciones. Pescando valores, editado en 2025, utiliza un formato infantil para acercar a los más pequeños la necesidad de cuidar el mar. Llanes, gente del mar reúne fotografías y textos sobre personajes y miembros históricos de la Cofradía.
También está la fotografía. El concurso anual Amartumar utiliza la imagen como herramienta de sensibilización sobre el cuidado de los océanos.
Y está la propia villa como escenario de esa memoria. La Ruta Marinera de la Princesa recorre edificios y espacios históricos de Llanes vinculados a la estancia de Leonor de Austria en la localidad en 1517.
La historia no está únicamente en los libros. Está en las fachadas, en las calles que bajan hacia el puerto y en los nombres de quienes durante generaciones vivieron del Cantábrico.
Del mar también se recoge basura
La actividad pesquera ha incorporado además una preocupación que hace décadas apenas formaba parte del discurso del sector: qué ocurre con el mar después de cada jornada.
La Cofradía organiza talleres de concienciación y jornadas de limpieza de playas y participa en iniciativas relacionadas con la economía circular.
En junio de 2020 firmó un convenio con la Asociación Vertidos Cero para desarrollar el proyecto ‘Mares Circulares’. Las embarcaciones retiran durante las labores de pesca los residuos que encuentran en el mar y los trasladan posteriormente a tierra para su gestión.

La institución también ha desarrollado campañas dirigidas a los más jóvenes. En 2022, coincidiendo con el Año Internacional de la Pesca Artesanal declarado por Naciones Unidas, puso en marcha una iniciativa para explicar a los niños la importancia de la pesca artesanal en la economía local y su relación con la sostenibilidad.
El compromiso alcanza también al ámbito social. Parte de las capturas se dona a familias necesitadas o se destina a los menús solidarios de la Escuela de Hostelería del IES de Llanes.
Una historia que todavía sucede
El Premio Pueblo Ejemplar de Asturias llega después de otro reconocimiento. En 2025, el Centro Asturiano de Madrid concedió a la Cofradía el Urogallo de Oro por la defensa de la pesca artesanal y la preservación de la cultura local.
Ahora es Asturias quien pone el foco en la institución.

Casi siete siglos después de aquellos primeros mareantes de San Nicolás, la Cofradía de Pescadores Santa Ana continúa ligada al mismo espacio: el puerto.
Han desaparecido las ballenas. Han cambiado los barcos. Se han transformado las artes de pesca y la propia economía de Llanes. La villa ha construido buena parte de su presente alrededor del turismo, pero cada día vuelve a ocurrir lo mismo frente a la dársena.
Un barco regresa.
El pescado llega a tierra.
Alguien prepara una subasta.
Y Llanes vuelve a mirar al mar.























