La pequeña aldea de Cabrales rescata su historia colectiva, sus oficios, su paisanaje y sus
vivencias para convertirse en la anfitriona del 9º encuentro comunitario De Pueblo en Pueblo, que se celebra este sábado 17 de octubre
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Todo comenzó en Asiegu, el pasado mes de abril.
Antes de apagar las luces de la octava edición del festival comunitario De Pueblo en Pueblo, los vecinos del concejo de Cabrales depositaron sus papeletas en una urna para elegir la siguiente parada de esta cita itinerante que, cada seis meses, recala en un pueblo cabraliego diferente.
Al recontar los votos, hubo un ganador inequívoco: Pandiellu.
Sin embargo, en esta iniciativa denominada De Pueblo en Pueblo, la democracia comunitaria incluye una cláusula fundamental de autogobernanza: la localidad designada no recibe una orden imperativa, sino una invitación que puede valorar con calma y libremente rechazar. Si decide declinar el reto, la oportunidad pasa automáticamente al pueblo que haya quedado en segundo lugar.
La primera reacción de los de Pandiellu fue el bloqueo; o quizás algo más parecido al vértigo.
Pandiellu es una pequeña aldea encaramada en una peña, menos conocida y mucho menos acostumbrada a recibir visitantes que otros núcleos turísticos del concejo. Allí apenas residen unas 24 personas durante el año, a las que se suman algunos allegados durante los fines de semana y verano.
¿Qué podía enseñar un lugar tan pequeño? ¿Qué historias podía contar una aldea tan humilde y discreta?

Sin embargo, aunque consideraban que no tenían capacidad ni historias para llenar un día de festival entero, los vecinos y vecinas se reunieron. Pusieron sobre la mesa una desordenada amalgama de ideas, recuerdos, anécdotas, nombres, personajes y microhistorias que luego tuvieron la paciencia de tejer.
Y así se dieron cuenta de que acababan de urdir algo lo suficientemente grande, bonito e interesante como para rellenar no solo un día de fiesta, sino hasta tres.
Seis meses tejiendo la memoria
Desde entonces ha transcurrido medio año.
Más de 180 días reuniéndose cada poco para seguir cosiendo juntos. De esa cooperación intergeneracional, de esas tardes compartiendo voz, espacio e ideas, ha surgido todo un mapa.

Una cartografía preciosa de este lugar encaramado en lo alto de una peña que no solo muestra la geografía o habla del paisaje, sino que también se detiene en su historia, su carácter y sus peculiaridades. Un mapa hecho de nombres, de recuerdos y, sobre todo, de mucha memoria con ganas de permanecer.
Ahora, a pocos días de abrir sus puertas a todo el concejo y a los visitantes, se muestran ilusionados. Miran y remiran juntos ese mapa que han compuesto y —aunque sigue provocando algo de vértigo— sonríen. Toda esta aventura ha supuesto para ellos un viaje, un encuentro entre generaciones que ha propiciado charlas, remembranzas, ideas, miradas al futuro y unión.

Algo que va mucho más allá de ocuparse de la logística de una fiesta; algo que es una de las señas de identidad y grandes objetivos de este festival intercomunitario de los pueblos cabraliegos.
El mapa vivo del próximo sábado
Quedan apenas unos días para que Pandiellu muestre esa cartografía que han creado. El viaje que supone cada edición del festival De Pueblo en Pueblo arrancará el próximo sábado, 17 de octubre, temprano y al son de las bocinas de una gran fila de tractores.

Así comienza siempre: con la gente de los pueblos del concejo acudiendo a pie o en tractor hasta el lugar anfitrión. Según van llegando, se va desplegando un gran mercado donde aldeas y asociaciones llevan productos, propuestas gastronómicas, iniciativas y artesanía, ocupando las calles y creando un zoco variado por el que, desde bien temprano, se puede pasear, conociendo y catando el concejo de Cabrales casi entero.
Los de Pandiellu tienen previsto que a las 11:00 horas todo esté listo y se proceda a la bienvenida, dando paso sin demora a las distintas actividades que tienen preparadas. Para empezar, habrá un recorrido guiado por el pueblo con el nombre ‘Paseando y jugando Pandiellu’, en el que los propios vecinos ejercerán de anfitriones y guías para desentrañar la identidad de su aldea.

Una de las paradas esenciales será la iniciativa ‘Las casas cuentan su historia’, mediante la cual las viviendas lucirán los nombres de sus antiguos o primeros propietarios. Los vecinos explicarán quiénes las levantaron, qué vidas alojaron y qué memorias custodian, dejando fijado un legado con forma de homenaje al pasado que servirá no solo para el presente, sino también para el futuro.

Durante la mañana también se le pondrá historia y nombres al Club del Aberrullu, una actividad que cuenta una historia especial surgida del hecho de que en Pandiellu nunca haya habido un chigre. Los vecinos cuentan que, al carecer de bar, la gente se reunía en una de las casas. Una vivienda que se convirtió en una especie de sede de encuentro donde se conversaba, se celebraba, se debatía y se jugaba la partida. La visita rescatará la memoria de aquel rincón y la figura del matrimonio que habitaba la casa, reivindicando que el patrimonio de un pueblo no solo lo constituyen los grandes edificios, sino también los espacios cotidianos, esos en los que se fragua la vida en común.

El itinerario se acercará también hasta El Picu a la Carta, un espectacular mirador natural que regala una vista panorámica de 360 grados sobre los Picos de Europa y la sierra del Cuera. En este enclave, el geólogo Manuel Echevarría ofrecerá una explicación sobre la formación del paisaje y la historia de una antigua mina cercana, marco en el que además se inaugurará un banco-mirador para invitar a contemplar el horizonte con una mirada renovada.
La épica del agua y la carretera
Pero la historia de Pandiellu es también una historia de dificultades superadas mediante el esfuerzo colectivo.

Mismamente, algo importantísimo en el relato de la aldea es que a ella no llegó el agua corriente hasta 1984. Hasta entonces, abastecerse exigía una dura rutina diaria transportando lecheras o andando cuesta abajo —y luego cuesta arriba— acompañados del ganado. Para dar a conocer este peculiar hecho, los vecinos tienen preparada una actividad que permitirá a los visitantes experimentar cómo era aquella vida sin agua en los grifos.
Además, otra historia singular (y épica) rodea a la carretera que conduce hasta el pueblo. Cuentan los vecinos que hasta 1974 no existió y que fueron las propias gentes de Pandiellu quienes se organizaron para picar y construir a mano el acceso por carretera.

Aquella enorme gesta conllevó seis duros meses de trabajo ininterrumpido que todavía alguien recuerda: Gómez. Este vecino, participante en aquella obra, será el encargado de narrar en primera persona cómo se obró el milagro, en un acto que además de memoria y testimonio incluirá la recreación de la inauguración de esa carretera, rindiendo así homenaje a un esfuerzo vecinal que cambió a mejor la vida del pueblo.
Homenajes, tradición y un árbol para las futuras generaciones
El compromiso con la memoria tendrá también un gran protagonismo en el festival. Así, el pueblo rendirá un emotivo homenaje a sus seis vecinos de mayor edad, artífices y voces principales de los recuerdos del lugar. Además, se dedicará un tributo muy especial a Pedrín el Ciegu (Pedro Niembro), célebre gaitero nacido en la aldea en 1906.

Pedrín, que perdió la vista cuando era solo un bebé, emigró de niño a Madrid, donde estudió música antes de regresar a Asturias y convertirse en una figura imprescindible de la gaita y de las fiestas de Cabrales. Su recuerdo tomará la forma de un homenaje musical espontáneo y abierto: los vecinos invitan a que se sumen intérpretes de manera orgánica para así, con una especie de jam session, rendir tributo al gran Pedrín como a él más le gustaría.
Asimismo, en un terreno ubicado en el corazón de la aldea, se celebrará un acto que han llamado ‘El Árbol de las Generaciones’. Una iniciativa en la que vecinos y visitantes plantarán juntos un nogal para que ejerza de símbolo vivo del trabajo, la memoria y la voluntad colectiva de Pandiellu. Un ejemplar que crecerá y contemplará el futuro como guardián y narrador de las historias que componen la cartografía, el alma y el corazón de este pequeño rincón elevado en Cabrales.
Manos, música y un abrazo colectivo
La fraternidad de la jornada se trasladará también a la mesa. Los propios habitantes prepararán y servirán una gran paella popular para más de 200 comensales.
Tras la comida, la primera franja de la tarde estará dedicada a los oficios y saberes tradicionales que aún sobreviven en las manos de la gente del lugar. De esta forma, tienen preparados varios talleres, todos ellos singulares, diferentes y relacionados con la propia historia de la aldea: confección de escarpinos, reconocimiento de minerales o elaboración de zurronas, saleras y bexigos, unos recipientes ligados al procesamiento tradicional de la leche.

El ambiente festivo se rematará con un variado programa de baile, melodía y canciones que incluirá la actuación del grupo folclórico El Trebeyu, la interpretación de las tradicionales canciones del Ramu, la intervención de un conjunto joven de cuerda en el rincón de El Colláu y aportaciones de la escuela de música de Cangas de Onís.
La jornada culminará con una gran barbacoa y el concierto del cantautor Jorge Menéndez, que tiene previsto llevar a cabo un revival de canciones españolas de todos los tiempos, para que la gente cante y baile sin parar.

De esta forma, para cuando caiga la noche y en Pandiellu se cierre el telón, los visitantes y vecinos participantes en la cita habrán descubierto la enorme riqueza de este bello rincón apartado, alto y discreto de Cabrales. Pero la realidad es que el verdadero festival ya empezó a ser un éxito muchísimo antes: justo el día en que los vecinos de Pandiellu se sentaron a hablar y a contarse historias, descubriendo que su memoria quizá no estaba escrita en muchos libros, pero sí muy viva dentro de cada uno de ellos.
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