Pepillo Remis no pudo ser periodista, pero lleva toda la vida contando Onís. Fotografía sus fiestas, comparte lo que ocurre en el concejo y conserva en un hórreo décadas de historia local. Ahora acaba de ser nombrado Cronista Oficial, aunque su labor empezó mucho antes de recibir el título
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Un mural preside la entrada a Benia.
En él están dibujados los elementos imprescindibles de Onís, los que explican quiénes son como concejo: el queso Gamonéu, una majada, un pastor, la sidra, los zagales de las fiestas, la fauna glacial… Y un hombre con gorra y cámara de fotos.
Para nadie de Onís y alrededores necesita presentación.

Es Pepillo Remis, y explicar quién es a alguien que no lo conozca puede resultar imposible, porque seguramente la introducción se quedará corta.
Podría facilitar la tarea el hecho de que acaba de ser nombrado Cronista Oficial del concejo, pero Pepillo es mucho más que ese título.

Pepillo se llama en realidad José Remis Remis, aunque nadie lo conoce por ese nombre. En una ocasión, años atrás, compró una minicadena que no acababa de llegar. Cuenta entre risas que nadie sabía a quién entregarla, desconocedores de que aquel José Remis Remis no era otro que Pepillo.
Dicen de él sus vecinos que es «mundial» y que siempre «está en todo». Y ninguna de esas dos afirmaciones es una frase hecha. Está en todas y cada una de las fiestas, eventos y acontecimientos de Onís. Siempre sacando fotos o grabando vídeos.
Ese material audiovisual lo sube a sus perfiles en redes sociales con una inmediatez por la que suspirarían muchos medios de comunicación. Entre sus distintos canales suma más de 10.000 seguidores, una cifra que impresiona teniendo en cuenta que comparte fotos e información local de un concejo de 739 habitantes.
«Lo ve mucha gente que está fuera viviendo o que tenía familia aquí, eso es lo que más me presta», dice Pepillo. Es mundial, como bien dicen sus vecinos.
Además de sus redes, nutre de información y fotos a todos los periodistas que han pasado por el Oriente. Siempre atento, educado y dispuesto a ayudar desinteresadamente con el fin de que su amado concejo de Onís disponga del hueco que merece en los medios.
El guardián de la memoria de Onís
Pero Pepillo no solo documenta el presente, sino que también es guardián del pasado. Fue precisamente así, coleccionando antiguos periódicos, como comenzó todo.

Pepillo nació un 24 de noviembre de 1959 en Benia —en «la plaza», precisa— y ha vivido siempre en la misma capital de Onís, a excepción de dos años que pasó con familiares en Madrid y que se le hicieron tan largos «como 20.000». «No me gusta la ciudad. Tenía una gana de venir para acá… No conduzco, pero si quiero ir a la ciudad voy y vuelvo. A mí, el pueblo», afirma.
Además de ayudar en la ganadería familiar, trabajó un año en una compañía «tipo ONCE». «Pero a mí lo que me gustó toda la vida es la foto», cuenta.

Un día, hace más de treinta años, le regalaron un ejemplar de un antiguo periódico. Explica que se lo dio Ángel, de Madrid, y que era un número del semanario El Auseva, editado en Cangas de Onís. Fue el primero de muchos.
Hoy Pepillo posee un archivo inmenso y variado, en el que figuran desde los diarios regionales El Comercio, La Voz de Asturias y La Nueva España hasta comarcales como El Fielato, el desaparecido El Oriente y algún que otro periódico nacional.
También imprime y archiva las páginas de digitales que sigue por publicar noticias de Onís, como El 21 Asturias.
Son tantos que ocupan todo un hórreo en el jardín de su casa.

Para llegar a su particular archivo hay que pasar previamentes junto a su burro, Platero, y su perro, Lolo. Una vez superados sus particulares cancerberos y llegados a la puerta del hórreo, dice que antes de entrar advierte lo mismo a todos: «Os vais a sorprender».
Y, efectivamente, todos se asombran.

El archivo de Pepillo no solo es amplio en ejemplares, sino también preciso en su catalogación. Su tema predilecto, como no podría ser de otra manera, es el concejo de Onís. En archivadores debidamente etiquetados guarda las crónicas de los certámenes del queso Gamonéu, de las fiestas locales, de asociaciones… También preserva recortes de prensa relacionados con los quesos de los Picos de Europa y con entidades con las que colabora como voluntario.

Tal volumen de fondos procede de dos vías: de donaciones, por un lado, y de su labor como repartidor de periódicos en Benia, por otro. Para distribuirlos solo pone una condición: él los entrega, pero, a cambio, deben guardarle el del día anterior.
Así ha ido creciendo su archivo desde 1996.
De los periódicos a las redes sociales
Cuando, allá por principios de este siglo, abrió en Benia el telecentro, al frente de ese nuevo recurso estaba Carmen Vera, vecina de Pepillo. Dice que, más que por convencimiento, acudió porque ella le invitó. «Pero una vez que entré, no salí más», afirma.
«Empecé con el ordenador, aprendí a andar con el correo electrónico y a hacer presentaciones de PowerPoint, que muchas hice».
A través del correo electrónico comenzó su faceta de informador, enviando fotos a los medios de comunicación.

La tecnología fue evolucionando y Pepillo nunca se ha quedado atrás. Hoy se comunica con los periodistas del Oriente vía WhatsApp y con su público a través de las redes sociales. Tiene Facebook, Instagram y «la X esa. Estoy metido en todo». «La que más me gusta es Facebook, es la que mejor sé manejar», comparte.
Tan amplia es su comunidad en Facebook que a su perfil tuvo que añadir una página, Algo de Onís, para superar las limitaciones de miembros.
En sus perfiles sube acontecimientos, crónica social, información de servicio, hemeroteca… Desde vecinos de excursión hasta animales perdidos o esquelas. «Las esquelas son las que más se ven, me dicen mucho que a veces se entera antes gente en Alemania que los que están aquí».
Su única línea roja es no publicar temas políticos. «A mí la política, no», afirma.
El cronista al que hubo que convencer
A Pepillo no le gusta la política, pero a los políticos, como a todos sus vecinos, sí les gusta Pepillo. La prueba es que su nombramiento como cronista oficial fue aprobado por unanimidad del Pleno municipal el pasado 25 de septiembre.
Este miércoles, 7 de octubre, el anuncio oficial fue publicado en el BOPA. En el Ayuntamiento esperaba ese mismo día una copia de esa resolución que el alcalde, José Manuel Abeledo, entrega a Pepillo.

«Nombrar a don José Remis Remis (Pepillo), Cronista Oficial de Onís, en reconocimiento a sus extraordinarios méritos en la investigación, defensa y divulgación del patrimonio histórico, cultural y personal del municipio», recoge el documento oficial.
Todos en el Ayuntamiento le felicitan de nuevo y expresan que no podrían estar más de acuerdo. Y eso que costó convencerle. «Ni en sueños», afirma que contestó a Fernando Delgado, presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de Asturias, cuando se lo plantearon.
Finalmente, acabó aceptando por tres razones: «porque no tengo que escribir, porque no me pagan —que si pagan no lo hubiera hecho— y porque así sale Onís».

Las felicitaciones por su nueva responsabilidad como Cronista Oficial siguen sucediéndose por las calles de Benia, por las que es imposible caminar sin que alguien pare a Pepillo para alguna cuestión. En un paseo de su casa al Ayuntamiento, separados por unos pocos metros, cierra con un vecino un viaje en coche para ir a Cangas de Onís a hacer fotos del coro, una comida para ese mismo día con un amigo y la cartera le entrega una carta. Es la invitación al 24.º aniversario de Emburria, que este mes de noviembre se celebrará en Onís.
Esa asociación es otro de los temas con un lugar especial en el archivo de Pepillo, que guarda carpetas dedicadas íntegramente a ella. «Yo soy usuario», subraya con orgullo.

«Y gracias a la asociación de mayores conozco toda España. Solo me faltan Canarias y Baleares». Ha estado también en Portugal, Francia y dos veces en Marruecos. «Me gustó porque es otra cultura, pero con dos veces, ya», ríe.
Esos viajes también los documenta con sus fotos y, aunque no es dado a compartir reflexiones en sus redes, Pepillo no solo dispara, sino que es un fino observador de lo que ocurre al otro lado del objetivo. Marruecos, explica muy serio, «me recuerda a cuando en España empezamos a mejorar».
Tiene las dotes innatas de un periodista.

Dice que no le gusta leer, pero sus antiguos periódicos los ha devorado de la primera a la última página. Hablar con él es saltar de tema en tema. Si un vecino le dice que nació en 1934, le apunta que ese fue el año de la Revolución de Octubre y le pregunta con socarronería si no sería él «el de los tiros».
Si de explicar de qué trata una de las antiguas publicaciones que preserva —la hoja parroquial El Candil del Hogar— va la cuestión, tira de referencias cinematográficas. «¿Habéis visto Don Camilo y don Peppone? Pues esto era igual, el cura y el alcalde que se llevaban mal, pero al final eran amiguísimos», expone.

«Sé de cosas que me cuenta la gente y que me quedan en la cabeza», dice Pepillo con modestia. Con esa humildad que le caracteriza y una cierta pena que delatan sus ojos, confiesa: «Si volviera a nacer, me hubiera gustado ser periodista».
Aunque crea que no, en el Oriente es uno más del gremio. Así que en su lista solo queda una tarea pendiente: visitar el Vaticano.

«Tengo gana de ir al Vaticano, que no lo conozco». Sí conoce a un papa, Juan Pablo II, a quien vio en su visita a Covadonga de 1989. De aquella ocasión, guarda en su hórreo un paraguas del Vaticano, debidamente catalogado. «Hasta ahora fue el Papa que mejor me cayó, será porque lo vi, no te digo que no».
Pepillo es único. Por eso está en el mural, junto a los símbolos de Onís. Y por eso es su mejor cronista.






